Mostrando entradas con la etiqueta Loira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Loira. Mostrar todas las entradas

Dudas - Grandezas - Dos Vouvrays

¿Por qué ahora? Porque apetece.


Las cosas deberían ser más sencillas, más directas. Cuando surjan oportunidades, lanzarse. Las obligaciones y los libros de estilo están bien para quién necesite presentar una forma de ser, una forma de trabajar, pero cuando te encuentras en tu casa y te sientes a gusto, haz lo que te apetezca.

Dos botellas, dos pagos, un mismo productor y 20 años de diferencia. Se puede hablar de las grandezas de una casa como el Domaine Huet sin miedo a equivocarse. Cada botella toca algo dentro de ti, ya sea con sus vibrantes Vouvray Pétillans como con sus eternos Vouvray Moelleux 1ère Trie, que te enamora. Vinos emocionales.

Así de sencillo. Sensaciones encontradas de como deberían ser las cosas, de cómo no volverán a ser y del placer de compartir esos momentos con quienes te hacen sentir a gusto. Vinos que tienen su impronta en cada botella. Gracias Nöel Pinguet.

Volviendo a Sancerre junto a los Cotat

Simple y amena. Así se ha tornado mi relación con el mundo del vino. Un pretexto para juntarnos con unos amigos, abrir botellas y disfrutar, siempre entorno a una mesa. Seguramente este tipo de experiencias no sean tan complejas como las maratonianas sesiones de cata que se imparten en congresos y ferias o realizando visitas enológicas a las regiones productoras del vino, pero sin duda se trata de una manera más sencilla y cercana para los que quieren gozar con el vino.

Con ese pretexto, hace poco organicé una velada dónde poder probar algunos Sancerre de la familia Cotat, viejos conocidos de este blog y seguramente de los vignerons que consiguen elaborar lo más delineados y estilizados Sauvignon blanc del planeta. Pero claro, eso de Sauvignon Blanc cuando hablamos de Sancerre suena a etiqueta impuesta por la moda de los varietales. Sancerre con mayúsculas.

Aunque los inicios no fueron precisamente alentadores. Para iniciar la velada, abrimos el Sancerre La Grande Côte 2000 de Pascal Cotat, pura muestra de un Sauvignon poco madurado, posiblemente condicionado por las circunstancias de la añada, cuyas atribuciones vegetales enmascaraban todo el conjunto del vino. Un vino para recatar en un tiempo, pero que no presentaba el perfil que tanto nos gusta de los vinos de Pascal. Tras él un Sancerre Les Montes Damnès 1997 de Pascal Cotat, que fue descartado por una oxidación galopante, muy destacable por lo visual y en dónde los aromas de mieles y cera enmascaraban todo el conjunto. Pensando en lo atrevido de calificar a este vino cómo afectado por una oxidación prematura (premox) con 14 años a las espaldas y conociendo la posible longevidad de los Sancerre de los Cotat, me inclinaría a pensar que se trataba de una botella que había sido mal conservada.


Tras estas dos pequeñas decepciones, se hizo la luz y aparecieron dos magníficas demostraciones del buenhacer de la familia. Primero con un Sancerre La Grande Côte 1996 de Francis Cotat, muy abierto y meloso, con aromas de fruta blanca limpia y algún recuerdo natural de fruta exótica, pero sin rastros de artificio. En boca se mostraba pleno, con amplitud y buena densidad, dejando algo de residual aún por hacer. Sin duda una botella magnífica que mostraba todas las actitudes para seguir evolucionando magníficamente. Tras él apareció el Sancerre La Grande Côte 1994 de François Cotat, hijo de Paul Cotat, y que por aquel entonces ya se encargaba de las vinificaciones conjuntas de la familia. Recordar que a pesar de tratarse de tres etiquetas con tres nombres de vignerons diferentes, a la práctica tanto los vinos de Francis Cotat, su hermano Paul, su hijo Pascal y su sobrino François se elaboraban por aquel entonces en el mismo lagar y siguiendo los mismos métodos de vinificación. En realidad la figura de François gana mucha relevancia en esta tanda de vinos, ya que 2 de los 3 vinos los vinificó él, empleando los métodos tradicionales de la zona.

Pero volvamos a La Grande Côte 1994, cuya etiqueta reza un gigantesco Chavignol, pueblo dónde se situaban la bodega y mayoría de viñedos que poseía la familia, pero que en realidad La Grande Côte se trata de un pago de una hectárea situado en el vecino Amigny, dónde poseen un lote de viñas viejas que les permite elaborar este monumento de rectitud mineral, delicioso y complicado a partes iguales. Un vino cuya mayor virtud es la de tenerlo todo y además, bien puesto. Vino con mayúsculas.

A pesar de los inicios, la velada certificó que poder probar vinos de esta familia con años es una delicia, además de ser factible, ya que aún se pueden encontrar sus vinos y los de sus respectivos hijos a precios moderados, circunstancia que por desgracia no pasa con el maestro Edmond Vatan. Seguiremos disfrutando con los Cotat.

Artículos relacionados:

Breves encuentros con Pascal Cotat

Sancerre Les Culs de Beaujeu 1999 de François Cotat

Los tesoros de Josep Roca

Hay ocasiones en la vida dónde lo mejor que se puede hacer es escuchar, aprender y disfrutar; y más cuando un profesional cómo Josep Roca se abre y nos permite conocerle un poquito mejor, con el vino cómo vehículo de transmisión de sensaciones y sentimientos.

Esa fue la premisa que se dio en el Monvínic barcelonés una tarde de junio, dónde tuvo lugar esta experiencia, mucho más allá de la cata sensorial, dónde las ventanas del corazón del mediano de los Roca nos mostraron un universo de sensibilidad, dónde mostrar la perfección de la imperfección.

Quienes ya hayan visitado el nuevo Celler de Can Roca, conocen las cinco grandes zonas o variedades que han influenciado a Pitu con mayor fuerza y a las cuales les dedica un espacio concreto, armonizada con la música y las texturas táctiles. Una selección no excluyente, dónde seguramente hubieron ausencias, pero tampoco se puede entender su reflexión vital sin ellas. Por ello la selección adquiere un cariz muy personal, sin fisuras ni estridencias.

1er bloque: Champagne

Zona extrema, de climatología compleja y suelos muy especiales. Con la idea del juego entre vino blanco y vino tinto se sirvieron Salon Le Mesnil 1996, representante de la pureza de los Blancs de Blancs, de juegos cítricos propios de esas tierras y los apuntes cremosos de la Chardonnay y un Vieille Vigne Les Crayères de Egly-Ouriet, el Pinot Noir por antonomasia del maestro Francis Egly, arraigado en la vinosidad de esta bella parcela de Ambonnay. Un juego entre un millésimé de la más noble zona de Le Mesnil y una mezcla de añadas de un pequeño productor, dónde la pureza del Salon recibe un contrapunto maduro con el Blanc de Noirs. No era una batalla, era una combinación ganadora.

2º bloque: Riesling

El Alfa y el Omega cómo casta. Aquí se puede iniciar la pasión por el vino, pero también ser el punto final de comprensión de este mundo apasionante. Cómo muestra para poder asomarse al universo de la mineralidad pizarrosa un Scharzhofberger Riesling Spätlese 2005 de Egon Müller, escogiendo este Spätlese de la ladera mágica cómo mejor exponente de la pizarra gris desmoronada, marca de la casa. Un vino vibrante, atinado y directo.

De la quintaesencia del Spätlese a un vino único, elaborado por la mano más fiable de la Alemania vinícola. Medias botellas de carretillas de frescura confitada de hielo para este Oberhäuser Brücke Riesling Eiswein 2002 de Helmut Dönnhoff, del tonel 19 que no probara Parker. Un placer para los sentidos, hedonista y único.

3er bloque: Borgoña

De esa tierra de campesinos bodegueros a uno le impacta en su descubrimiento y le hacen replantearse sus convicciones más arraigadas. Y del pueblo más borgoñón de la Borgoña, Chambolle, plena ebullición de viñedos, sus dos interpretaciones más intensas, la fuerza en el Bonnes Mares GC 2006 y la elegancia y sutileza de la mano del Musigny GC 2006, ambos de Freddy Mugnier, un personaje introvertido pero preciosista en su trabajo. Ambos vinos evocaban bucólicas imágenes y texturas, pese a lo corto de su edad. Experiencia sublimemente insuperable sí no fuera por un as que se sacó Pitu de la manga.

Mientras Josep nos va hablando de los vinos, nos ilustra con una presentación multimedia dónde se entrelazan imágenes de viñedos, bodegas y bodegueros, videos y músicas que ilustraban cada uno de los bloques. Y mientras nos inducíamos en los campos sedosos del Musigny, Pitu lanzaba el video de una experiencia producida por el canal Arte francés, dónde se aliaba un solo de violín con el Musigny. La música y el vino se entremezclan en armonía, mientras pasan los segundos de la grabación. Cuál es nuestra sorpresa cuando en perfecta sincronía aparece físicamente el violinista y remata increccento este momento memorable. En ese momento sólo cabe aplaudir.

4º bloque: Priorat

En el año 1993 Pitu quedó tocado por las tierras prioratinas y la dureza de la licorella se grabó con fuerza en su alma. Esa belleza de los vinos del sur tocado por un paisaje. Así de sencillo, superando la fuerza del terruño, se tornan en vinos de paisaje. De dos personajes cómo René Barbier con su Clos Mogador 2004 y Lluís Llach con su Vall Llach 2004, dos maneras de entender el Priorat, dos filosofías, seguramente no serán ni las mejores ni las peores interpretaciones de esa tierra tocada por la sierra del Montsant, pero sí que serán las más emotivas. Juego entre fruta sobremadura y piedra, tocadas por el sol del Mediterráneo.

5º bloque: Jerez

La infancia de mestizaje en un barrio gerundense complementado por la migración andaluza de los 60 hicieron a Pitu amar una de las señas de identidad de la Andalucía vinícola, vinos únicos en el mundo, cuyos arcanos se escriben en un idioma propio y su fuerza nace de suelos extremos de albarizas blancas, jugando con el clima atlántico y el velo de flor cómo madre, dónde el estadio de la concentración se entremezcla con la oxidación en su vejez más madura. Los vinos más salinos que se encuentran en el planeta. La Bota de Palo Cortado Bota Punto Nº6 del Equipo Navazos, con su escasísima producción y el monumental Amontillado Coliseo de Valdespino golpean nuestras retronasales mientras la banda sonoro emitida a través de la maestría de Miguel Poveda, otra muestra de mestizaje cultural de ambos pueblos, servido por los versos de la boca-seca de Narcís Comadira nos inundan. Vinos complejos, intensos, no extensos de dificultad que superan umbrales perceptivos y nos transportan a las sacristías más profundas de las catedrales del vino.



Cuerpo, alma y homenaje:

Este último, uno de los momentos más emocionantes de la velada, dónde Pitu reconoció desde el corazón su más sentida admiración por los hacedores de vinos, y a la vez quiso realizar un emotivo homenaje a una de las figuras que mejor ejemplificaban el viticultor comprometido con sus vinos y su tierra cómo era el malogrado Didier Dagueneau. Pitu nos leyó una misiva que escribió la noche posterior al trágico accidente, dirigida a un amigo y cómo pequeña reseña para un obituario mental. Se nos encogió el ánima y más acompañado del Pur-Sang 2005 de Didier, que se mostró de la manera más altiva y herbácea que le recuerde. Profundidad mineral y con los característicos acentos vegetales de hoja de higuera y tomatera de los vinos de Didier.

Por último, cómo seña de identidad y remate final, Pitu quiso dejar patente su vertiente más física y su vertiente más espiritual con un juego de caracteres para definirse en cuerpo y alma, a través de dos vinos. Lo corpóreo definido por lo ecléctico, tecnológico, la pureza aromática, dulzor táctil, la emoción, el futuro, la racionalidad y la sensatez del Harlan Estate 2002 y el alma a través de la tradición, la rusticidad, la brillante imperfección, la salinidad táctil, el pasado tocando las raíces y la poesía del Champagne Substance de Anselme Selosse.

El remate final para una estupenda experiencia que definitivamente nos permitió conocer mejor a este gran profesional, camarero de vinos, que es Josep Roca i Fontané. Ya tenía todos nuestros respetos y admiración. Sirva este artículo cómo gesto de gratitud.

Sancerre Clos La Néore 2006 de Edmond Vatan

El enochalado suele ser un sujeto atento, inconformista y curioso, dónde el conocimiento de la cultura enológica se transmite de boca a boca, empleando todos los medios posibles, ya sean virtuales o reales. Particularmente intento estar al día usando los medios que me aportan las nuevas tecnologías, ya sea empleando la información obtenidas de webs especializadas, newsletters de crítica internacional o consultando blogs (Podéis encontrar los enlaces a la mayoría de ellos en la columna de la derecha). Ahora bien, la grandeza de la interrelación humana te permite, a veces, obtener fuentes de enriquecimiento en el conocimiento que nunca habrías refrendado con sólo los medios virtuales.

Esto viene a colación de dos experiencias que he vivido desde el septiembre con un productor del que apenas tenía información, sólo de oídas (muy buenas, por cierto), y que han supuesto un descubrimiento tardío por mi parte. La primera vez, durante una vorágine de comida y vino, en El Celler de Can Roca, dónde nos dejamos orientar por Pitu Roca. Entre tantos vinos, el bueno de Josep nos sacó un Sancerre que algunos de los comensales ya habían probado en una anterior visita. Se trataba del Clos de la Noiré 2005 del maestro Vatan. Etiqueta austera, botella borgoñona, corcho de guarda y un contenido gloriosamente equilibrado, que resultó una verdadera revelación para mí.

Pues bien, motivado por la experiencia, busque toda la información posible sobre Edmond Vatan y su Clos de la Noiré, y me tope con un magnífico artículo de John Gilman, de título bastante premonitorio "Edmond Vatan, The Henri Jayer of Sancerre", dónde John nos explicaba que el maestro Vatan lleva jubilado desde el año 2002, y dado que sus dos hijas no han podido seguir ejerciendo la maestría del vigneron de Sancerre, el domaine se vendió gran parte de sus viñedos situados en la comuna de Chavignol a un comerciante local de vinos. Por suerte, una hectárea de la Clos la Néore permaneció en manos de Edmond, y la ley francesa permite a los vignerons jubilados seguir produciendo un número limitado de botellas, lo que convierte a esas microproducciones en verdaderos vinos de culto (que poco me gusta el palabro).

Pero empecemos desde el principio. En el año 1959 Edmond cogió las riendas del negocio familiar e inició una reestructuración en los viñedos de Sauvignon en la Clos la Néore. Este pago situado en la parte inferior de Les Monts Damnés, los dos nombres a recordar en Sancerre, se ve ricamente influenciado por la misma capa caliza Kimmeridgian que afecta a Chablis y eso se percibe en los vinos. Trabajo en viña buscando bajos rendimientos y una composición geológica envidiable, son rematadas con vendimias tardías, según las condiciones de la añada, intentando seguir el ciclo lunar de mediados de octubre, consiguiendo unos niveles de azúcares y acideces ideales.

Vinificación tradicional, similar al estilo de los primos Cotat, empleando viejas barricas (demi-muid) de madera de una edad considerable que les ha permitido recubrir sus paredes con capas y capas de cristales de bitartratos potásicos, creando recipientes neutros, ideales para la maduración de la Sauvignon. También el maestro Vatan emplea tanques de inoxidable para la crianza, pero tienen un considerable uso, y están a la par con las barricas. Dos remontados durante el envejecimiento y embotellado con la luna de mayo. No, no se trata de un viticultor biodinámico al uso. Su trabajo se basa en la experiencia transmitida generacionalmente y por la observación del medio. Vamos, un viticultor de los de antes.


Pero volvamos al comentario inicial, ya que me falta relatar la segunda experiencia de encuentro con el Clos La Néore. Estábamos el domingo pasado "educándonos" con el docto Carles Orta, en su ineludible y totalmente recomendable Villa Más, junto a unos amigos y nos sacó un vino blanco a ciegas. Visual pajiza, casi pálida, jovial y preciosa. Su nariz netamente mineral, con los trazos vegetales que cabrían esperar en un Sancerre joven deliciosamente entrelazados con los cítricos de la bergamota y la lima. Su boca, plena y sabrosa, entraba deliciosa, provocando una sensación de salivación, adictivo y de querer más, prolongando su final por una gloriosa estructura de acidez. A vuela pluma íbamos cantando lo que creíamos que era, algunos con menos fortuna (mi caso) y la gloria de la cata a ciegas nos mostró su etiqueta. ¡Muy grande! (Traducible al uso con unos 95 PF.)

Por desgracia, toparse con una botella de Edmond Vatan (no confundir con André Vatan), tanto de su Clos la Noiré cómo de su Sancerre Rouge es tarea harto difícil, por lo que si os encontráis en esa tesitura, no lo dudéis. A por ella.

VDT Alcatraz 2005 de Les Cailloux du Paradis

En la línea más alternativa y a la vez más comprometida con la ecología de la industria agrícola, incluyendo al sector vinícola, podríamos situar a la familia Courtois, que seguramente no tenga la fuerza mediática que otros elaboradores han alcanzado, aunque parece que esta situación se haya invertido y que el interés mediático por el trabajo de Claude Courtois ha ascendido de manera notable. Una buena muestra de ello es el apartado aparecido en el libro de Jean-Claude Ray, Vignerons Rebelles, dónde destaca la interacción del cultivo de 6 hectáreas de vid dentro de una propiedad de unas 25 hectáreas de terrenos de bosques, huertos y árboles frutales, dentro de una rica biodiversidad, no sólo de flora, si no también de fauna. Pero este Les Cailloux du Paradis, no fue siempre un Edén de vida. Cuando los Courtois se establecieron en la finca, en 1992, dentro del bosque de Sologne, observaron que a nivel microbiano del suelo parecía más un desierto que una granja. Entonces entendieron que para hacer renacer la vida en su propiedad deberían eliminar todos los productos de síntesis y elaborar sus vinos de la forma más natural. Nature et progrès es su lema.

De esta filosofía, y motivado por el antiguo uso de la casta Syrah en la zona, Claude Courtois, intentó elaborar un tinto rico en tanicidad, aunque teóricamente no estaba autorizado a comercializarlo, debido a que el INAO no le permite etiquetarlo como vino procedente de una zona amparada bajo una AOC tan mastodóntica como la de Turena. Una crianza en barricas de roble usado durante 18 meses (embotellado en marzo del 2006), dónde no se le aporta SO2 en ninguna de las fases de su vinificación, ni siquiera filtrado en el momento del embotellado. Cómo dice la bodega, todo para elaborar un Apellation Courtois Controlée.


De perfil más bien claro en lo visual, su nariz muestra un carácter algo rústico, con aromas de fruta roja, como la grosella, entrelazada con los especiados, sobretodo la pimienta negra y algo de paja seca y tierra. Un vino de perfil diferente, sin estridencias y unos 12,4º de alcohol que lo hacen muy digestivo, perfecto para comer con él. La boca se muestra algo secante, de cuerpo medio, pero refrescante gracias a su acidez. Persistente y agradable final que rememora las buenas sensaciones percibidas en su nariz, 88 PF. La botella en cuestión no presentaba excesiva posificación ni una visual turbia, aunque la naturaleza de su vinificación anunciara todo lo contrario.

Comprado en L'ànima del Vi por unos 18 euros, aunque por las características del vino y lo limitado de su producción desconozco si a Benoit le quedan botellas. Eso sí, también trae otros vinos del domaine, como el Quartz o el Rasines, perfectamente guardados en la cava a unos 14ºC.

Chinon Clos de la Dioterie 1998 de Domaine Charles Joguet


En mayo, mes de lluvias por estas tierras, es tiempo de renovación, y en ese cíclico renacer, dónde la primavera ya está bien asentada, se hace conveniente renovar experiencias y no está de más dar segundas oportunidades. Los consumidores de vino, tengamos más o menos abierta la mentalidad gustativa, siempre se nos cruza un tipo de vino, un estilo de vinificación o una variedad específica, y le colocamos una marca que le estigma. Particularmente he ido aprendiendo a disfrutar y comprender los vinos de la Turena elaborados a base de Cabernet Franc, en pleno Loira francés. Los buenos vinos de comunas como Chinon o Bourgueil, no son fáciles en juventud, bajo mi punto de vista, pese a su ligereza y frescura, con sus lógicas excepciones, dónde los perfiles vegetales tapan la buena fruta equilibrada y necesitan botella para expresarse en plenitud.
Poco a poco, después de preguntar a amigos con criterio dentro de la zona, probar e ir descubriendo botellas y viñas, he ido comprendiendo en pequeña medida lo que hay detrás de una botella de la región. Nombres como Philippe Alliet, Bernard Baudry, Pierre Breton o Charles Joguet son, entre otros, referentes, cada uno en su estilo, de un nivel cualitativo excelente.
El Domaine Charles Joguet gestiona 39 hectáreas, entre las que se encuentra algunas de las mejores parcelas de Chinon de Cabernet Franc (o Breton, como se conoce regionalmente), como son Clos du Chêne Vert, Les Varennes o Clos de la Dioterie. Este último pago, con una extensión de 2 hectáreas de viñas muy viejas, está situado en suelos profundamente arcillo-calcáreos, y cuyo fruto fueron vendimiados a mediados del mes de octubre de 1998, ya que suele ser la última parcela en vendimiarse por parte del domaine, por su orientación nordestina.
Vinificación iniciada con cuatro semanas mínimo de encubado, empleando temperaturas entorno a los 36° C, con la aplicación de remontados y pigeages para una mayor extracción. Finalizada la fermentación alcohólica, y tras realizar la maloláctica, crían el vino en barrica usadas, variando la prolongación en ella entre 6 a 11 meses.
Su visual le delata abierto y con una presencia ligera, de tonalidad granate, mostrándose deliciosamente complejo en nariz, con una intensidad media-alta, con los aromas de tierra seca, especiados, cueros y grosella se entrelaza con un fondo ligeramente animal, cómo si tuviese un principio de afectación de Brett, que lejos de estropearlo, le amplia matices de complejidad. En boca ya se muestra bastante equilibrado, con un tanicidad tolerable, y de sensaciones ligeramente sedosas. Buena retronasal y final bastante prolongado, apreciándose un perfil más vegetal. Un Chinon equilibrado y bien trabajado, 91 PF.
Me topé con esta botella en L’Excellence al precio de 25 euros, por lo que me pareció correcto pagar esa cantidad, ya que es difícil encontrar por Barcelona un Chinon con casi diez años de botella.

VDT Rosé d'un Jour 2006 de La Ferme de la Sansonniere

Las circunstancias que nos rodean dan motivos para pensar que la vida es un pañuelo. Hace poco asistía a una cata dónde el objetivo de la misma era la Chenín Blanc, y uno de los vinos secos que marcaron la velada fue uno de los más apasionantes viticultores de Anjou, Mark Angeli. Se trataba de Les Vieilles Vignes des Blanderies 2002, un vino contundente por boca, pero preciosistas en nariz. Los vinos blancos de la granja (Ferme) de la Sansonniere son ya unos viejos conocidos por estos lares, primero de la mano de Lavinia, y ahora gracias a la labor de Coalla Gourmet.

Una paleta de pagos de gran densidad de plantación, con viñas, algunas de ellas en pie franco (pese a que hace poco, según un amigo que visita la zona tuvo de replantar la viña “en foulé”, ya que se vio afectada por la filoxera). El espíritu librepensante de Mark no para y ahora está experimentando con la reproducción sexual de la planta (vía semilla) dejando algo de lado la vía asexual (injerto). El asunto va en relación al tipo de raíz que genera la semilla, menos propensa a verse afectada por el parásito. Mi falta de conocimientos en viticultura hace prudente aquí dar un paso hacia atrás y esperar a ver dónde queda esta experimentación.

Pero volvamos al pañuelo. En Directo al Paladar nuestro amigo Calamar, nos hacía llegar un curioso video dónde Mark Angeli nos explicaba como afectaba la botrytis cinerea a su Groilleau Gris y podía así elaborar este rosado abocado.

El amigo Pisto, apasionado también por los vinos de la Sansonnière, fue el primero que levantó la liebre con la existencia de este Vin de Table. En una visita a la bodega lo probó y nos contó las bondades de esta hectárea, dónde abunda la Groilleau (o Groslot) Gris, cultivada con métodos biodinámicos, certificado con el sello Demeter, y cuya recolección para esta añada tuvo lugar el 4 y 5 de octubre del 2006, vinificado en dulce y sin añadido de SO2.

Una visual preciosa, subida y brillante, con un rojo que recuerda al Bitter Kas (perdón por la publicidad). Su nariz ya deja claro sus orígenes, fruta muy madura, casi licorosa, como si flambearan unas moras con coñac, azúcar moreno y algunos matices herbáceos, sin percibirse descompensado por dulzor. En boca es goloso, con nervio, denso pero sin una viscosidad excesiva. Paso jovial y fresco, al que podemos acompañar con comida estilo Thai o muy especiada, o con una buena tabla de quesos (Pisto dixit). Un rosado diferente, atípico y escaso. Sin duda, un fetiche para los enochalados, 89 PF.

Como decía antes, su importador Coalla Gourmet trae una buena selección de sus vinos blancos, muy recomendables por cierto, pero por desgracia no traen este rosé y mi botella salió de L’Ànima del Vi por unos 15 euros. Para finalizar, una frase de Aristófanes que aparece por la parte interna de la etiqueta: Eduquer, ce n’est pas remplir un vase, c’est allumer un feu.

Sancerre Les Culs de Beaujeu 1999 de François Cotat

Después de iniciarnos con los vinos de su primo, le toca turno a François. Trabajando sus viñedos mediante cultivo orgánico, las 1.7 hectáreas de Les Culs de Beaujeu presentan una edad media de 25 años. El término “Culs” aunque parece tener connotaciones muy sensuales en realidad describe las escarpadas laderas dónde están ubicadas las viñas de Sauvignon Blanc, dentro de la comuna de Chavignol.

En total François posee 4.5 hectáreas, situadas en la mejores laderas de la región, ricas en suelos blancos calizos, tan escarpadas que los Cotat decidieron emplear un sistema de recogida, mediante una cesta que desciende con la fruta recolectada a mano, siguiendo el trazado de un cable de acero. La fruta se recoge con el máximo punto de madurez posible y se vinifica de forma poco intervencionista en las instalaciones de la familia en Chavignol. El toque de modernidad lo aporta el prensado, que se realiza mediante una la prensa neumática, prosiguiendo el proceso fermentando en barricas neutras, debido sobretodo a que sus paredes están recubiertas de capas y capas de bitartratos formadas por el uso, en dónde se criará el vino y finalmente se embotellará sin filtrar.

La muestra. En frente nos encontramos con un blanco brillante, de coloración nada cansada, casi pajiza y con muy ligeras partículas en suspensión. Cuando lo servimos en copa, sus primeras trazas aromáticas son muy varietales, destacando los aromas de hierba mojada, cítricos (entre el limón y el kiwi) y algún matiz de palo de regaliz. Con la evolución por oxigenación se agranda la paleta de complejidad, ganando en profundidad aromática, apareciendo un delicioso fondo mineral de talco, que redondea un conjunto salpicado por los herbáceos, flores de acacia y notas de melón maduro y pera blanca. Preciosista y complejo, pero con una intensidad acorde a las condiciones de la añada. Buena densidad en boca, con esqueleto y recorrido, dejando muy buenas sensaciones en el paladar, aún fresco y casi primario. Gran trabajo, que inicialmente se mostró como un buen Sauvignon Blanc y acabó siendo un gran Sancerre, 92 PF.

Otra muestra de que ambos primos son de los más consistentes y puristas elaboradores de Sancerre. Desconozco dónde poder comprar los vinos de François en España, ya que esta botella fue la última que quedaba en una tienda de Barcelona, comprada por 24 euros. Los vinos de Pascal Cotat los trae Paco Berciano.

Anjou Pur Breton 2004 de Oliver Cousin

De ese oasis de vinos sin artificios a precios moderados que es el Loire surge la figura de Oliver Cousin, un comprometido vigneron situado en Martigne-Briand, un pueblecito cercano a Angers, en la región de Anjou.

Su compromiso es sencillo. La búsqueda de la autenticidad del vino a través de un cultivo biológico concienzudo y un proceso de vinificación basado en la menor intervención posible. Gracias a Vins-etonnants.com podéis observar gráficamente tanto el cultivo de la viña, la vendimia y el proceso de vinificación, con ese regusto tan rústico, pero a la vez tan auténtico.

De un viñedo de viejas plantas de Cabernet Franc surge este vino de precioso rojo cereza, con no mucha capa. Brillante, pero presentando ligueras partículas en suspensión. En boca se muestra con la frutalidad de la grosella, fresca y ácida, con matices de flores secas y tierra mojada. De buena fragancia, una nariz algo deslazada, pero mostrando vivacidad. En boca denota esa chispa de acidez, tan clásica en los Anjou jóvenes, mordaz pero a la vez fresca. De estructura correcta, muestra ligereza en el tacto, volviendo a dejar esas agradables notas de fruta roja y herbáceos, con alguna sensación balsámica, y dejando un carácter algo austero. Un final bastante prolongado nos indica que puede ir mejorando en botella durante un prolongado espacio de tiempo, 85 PF.

Sirva esta pequeña nota de cata, en tiempos de tan poco sosiego, para dar a conocer la pequeña tienda que ha abierto Benoît Valée en pleno barrio barcelonés de Gràcia, con el nombre L'ànima del vi y donde pude comprar este Anjou por 9 euros. Se trata de una muy buena selección de vinos “naturales” (clasificación que me saco de la manga, englobando tanto los vinos de cultivo biológico, como los ecológicos, los de 0 sulfuroso, biodinámicos, etc.), tanto españoles como franceses, a precios muy competitivos. Un consejo, si os atrevéis, probad el Morgon de Marcel Lapierre, tanto en su versión con S02 y como en la sin S02. Se trata de un interesante ejercicio de cata, aunque si no apreciáis diferencia, al menos estaréis disfrutando de un delicioso vino.

Saumur Blanc Brézé 1999 de Clos Rougeard

Los hermanos Foucault, conocidos por sus tintos a base de Cabernet Franc, son los encargados de interpretar esta Chenín Blanc de una forma un tanto diferente; pero antes de hablar de Brézé una breve introducción al domaine y su filosofía. Ante la disyuntiva del vino como proceso industrial o creación artesanal, Bernard ("Nady") y Jean-Louis ("Charly") Foucault se sitúan claramente en la línea artesana de producción, ya que consideran que es el vehículo apropiado para lograr la expresión del terroir que transmiten cada uno de sus vinos. Por ello intentan contener la producción, con un exhaustivo control de rendimientos y no superar las 20000 botellas por añada.

Localizada en la comuna de Chacé, la pequeña bodega posee 10 hectáreas, mayoritariamente jaspeadas por la Cabernet, de dónde salen vinos con derecho a la apelación geográfica Saumur-Champigny (Loira), con una pequeña parcela de una hectárea de Chenín, en Brézé. Laderas de ligeras pendientes de suelos ricamente nutridos por los substratos calcáreos conforman uno de los pagos más interesantes de Loira, con orientación sur y gran drenaje, son cultivadas de forma orgánica desde hace treinta años.

Su filosofía se acerca al modelo borgoñón de crus, vinificando cada uno de sus pagos de forma individual. Clos Rougeard básico, Poyeux y Clos du Bourg dan nombre a sus tintos y Bréze al blanco. Cuando las condiciones de la añada lo permiten, como en 1997, elaboran un delicioso vino dulce, con derecho a la AOC “Coteaux de Saumur”, presentando entorno a los 200 gramos de azúcar residual, deliciosamente equilibrada por la acidez. Los Foucault son partidarios de un proceso de crianza mediante el uso de barricas de roble procedentes de Allier, particularmente del bosque de Tronçais, tanto para sus tintos, como para su Brézé blanc, lo que le confiere un carácter propio, ya que no sé suele estilar mucho la vinificación de la Chenín con el paso por la madera, pero estamos ante una deliciosa excepción.

A describir se ha dicho. Visual muy subida, de precioso dorado, que sujiere abstenerse a aquellos que crean que un blanco no puede presentar frescura por el sólo hecho que no se describa con tonos pajizos o alimonados. En nariz, tras unos años de guarda, parece mantener ese carácter camaleónico que siempre me maravilla, con constantes variaciones según transcurre el tiempo de aireación (muy recomendable jarrear, aunque dejando la botella abierta durante un prolongado espacio de tiempo, observareis la evolución). Inicialmente se percibe los aromas de la crianza, con el grano de trigo y ligeros aromas de heno seco asomándose, que dan paso a una mineralidad caliza armoniosa. Tras unas trazas de citronela y pipas de girasol, se presenta fresca la fruta, tanto en forma de albaricoque como de pera, dejando un final ligeramente anisado. Nariz de gran intensidad, nítida y evolutiva, con muy buena complejidad. En boca se sigue mostrando fresco, con densidad, pero con esa acidez que siempre me gusta describir como edificante. Prolongado en el final, se trata de un Saumur Blanc de gran carácter, propio y diferente, 93 PF.

¿Dónde encontrarlo? Mis botellas del 1999 salieron de Lavinia, por 24 euros, pero dudo que aún les queden, por lo que si queréis encontrar botellas de este productor escribid a AlmaVinosÚnicos, que son sus importadores en España.

Breves encuentros con Pascal Cotat

En la zona central del Loira se encuentra Sancerre, famosa por dar una de las mejores expresividades de terroir que produce la Sauvignon Blanc, juntamente con Pouilly-Fumé. En la cima de la pirámide cualitativa de esta región podríamos situar a Pascal Cotat y su primo François, elaboradores de los Sancerre más puro, delineado y longevos que he tenido el gusto de disfrutar.

Desde 1947 hasta principios de los años 90, la familia Cotat producía sus vinos, de pagos situados en escarpadas laderas conjuntamente, pero etiquetando bajo dos nombres diferente, Francis y Paul Cotat, que eran hermanos. Esta situación, por motivos legales no pudo perdurar tras la jubilación de los dos hermanos y por ello, sus respectivos hijos Pascal (hijo de Francis) y François (hijo de Paul) se repartieron los viñedos.

Pascal se quedó con 2,3 hectáreas, mayoritariamente de Sauvignon, con una pequeña parcela de Pinot Noir. Les Monts Damnés en Chavignol, con unos suelos ricos en tierras blancas (marmes kimméridgiennes) donde las vides fueron plantadas entre 1973 y 1974, y La Grande Côte, en Amigny, plantadas en 1953 en suelos más ricos en guijarros; componen los pagos vinificados individualmente por Pascal en las nuevas instalaciones que construyó dentro de la comuna de Sancerre. François trabaja actualmente una hectárea de La Grande Côte, de orientación sur, y 0.8 hectáreas de Les Monts-Damnés. A parte, produce Les Culs de Beaujeu, 1.7 hectáreas de viñas de 25 años en Chavignol, vinificándolo en la bodega familiar, localizada en el pueblo de Chavignol. Los dos primos tienen una concepción diferente en lo que se refiere a la madurez de la uva. Pascal suele vendimiar más tarde que François.

Los Cotat vinifican sus Sancerre con un estilo tradicional, fermentando sus vinos individualmente por pagos, empleando viejas barricas de roble, con sus paredes recubiertas de cristales de bitratos, generados por el uso continuado de las mismas. Se embotellan sin clarificar ni filtrar, lo que produce vinos con bastantes sustancias proteicas en suspensión.

Sancerre La Grande Côte 2004 de Pascal Cotat:

Visual algo más dorada de lo que cabe esperar, con alguna partículas en suspensión. Decantando por presentar ligera presencia de carbónico. Se muestra muy abierto, con una fruta bastante presente, entre pera y ceras, escondiéndose los aromas varietales, y un fondo refrescantemente herbáceo. Necesita mucha botella para ganar en complejidad. En boca es glicérico, con buen nervio, densidad media y algo salvaje aún. Buena persistencia. Si tenéis alguna botella de este productor, la paciencia es una virtud, 88 PF.

Botella formato 37,5 cl. comprada en l’Excellence por 18 euros.

Sancerre Les Monts Damnés 2000 de Pascal Cotat:

Muestra color amarillo pajizo, sin apenas evolución y también presenta materia en suspensión. Inicialmente en nariz se abre fragantemente herbáceo, con aromas muy similares al pimiento verde, y la lima rondando la hierba fresca. Ese carácter fresco y muy sauvignon se ve superado con la aireación, con lo que se percibe como aromas de pedernal, humo y toda la mineralidad caliza posible ¿Será la tipicidad de Les Monts Damnés? Quiero pensar que sí. Nariz muy evolutiva y compleja. En boca se muestra espléndidamente estructurado, con una textura ligeramente untuosa, intenso y persistente, se expresa como una boca seria, profunda y auténtica. ¡Qué gran Sancerre!, le auguro una larga vida, 93 PF.

Botella formato 75 cl. comprada en l’Excellence por 32 euros.

Desconozco si existe un importador que traiga algo del limitadísimo stock de la bodega, pero a parte de la tienda andorrana anteriormente mentada, se puede encontrar algún vino de Pascal Cotat en la tienda de Verema. Por cierto, no os extrañe que los vinos de François lleven también etiquetas muy similares a las de su primo, pero en alguna añada, sin distinción de pertenecer a la AOC Sancerre y descalificadas como vinos de mesa. Cosas de los corsés administrativos y el alto grado de azúcar residual.

Touraine Rosé 2005 de Domaine de la Garrelière

Recientemente el amigo Encantadísimo nos habló sobre sus rosados favoritos, y recordé que debía estar apunto de llegar la nueva añada de uno de los rosados más personales que he tenido la suerte de probar últimamente. Esta pequeña explotación situada en la Turena francesa (Touraine) es propiedad de François Plouzeau, quien se hizo cargo de la bodega en 1985, tras los pasos de su padre Pierre, quién había iniciado el negocio en 1973, llevando a cabo un proceso de reestructuración e incorporando nuevas castas al viñedo.

Desde 1993, otro biodinámico a incluir en la lista (cada día más extensa). Posee 20 hectáreas de viñedos en lo que fue una antigua propiedad de Jean-Armand du Plessis, duque de Richelieu cerca de Poitou, en una colina a 130 metros de altura, con una exposición sudoeste y composición de suelos arenosos, sílex y tierras argilo-calcarias.

Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon a partes iguales, vendimiando manualmente la Cabernet Franc, y a maquina la Cabernet Sauvignon, prensando durante 4 horas, sin que haya maceración ni contacto con los hollejos, y finalizando el proceso, criándose en tinas de acero inoxidable durante 4 semanas, sin que se realice la fermentación maloláctica.

Durante la cata muestra una preciosa visual cobriza con algunos destellos asalmonados, limpio, transparente y brillante. En nariz es muy personal, armónico y con buena frutosidad. Aires más ligeros que los del 2004, pero con buenos recuerdos de sandía, grosellas y hierbabuena, con ligeros toques de paja seca. En boca se muestra algo ligero, correctamente goloso, con unas puntas alcohólicas aún por afinar, sin estridencias y con un final muy agradable,ligeramente amargo, recuerdo de mandarina. 85 PF.

Los vinos de Domaine de la Garrelière se pueden encontrar en Lavinia y este rosado costó 6,50 euros.

Anjou Effusion 2002 de Patrick Baudouin

Ya estamos de vuelta y para iniciar esta nueva singladura, hablaré de uno de esos blancos secos de Loira que tanto apetecen. Pese a tener unos orígenes que datan de 1920, este domaine (y su filosofía) nació realmente en 1990, cuando Patrick Baudouin cogió las riendas del negocio familiar y lo convirtió en uno de los mejores productores de vinos licorosos del mundo. Actualmente poseen 10 hectáreas de viñas en producción, 7 de Chenín Blanc, 3 de Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon, en los municipios de Chaudefonds sur Layon, Saint Aubin de Luigné, Rochefort sur Loire y Saint Germain des Prés, en pleno Anjur.

Desde el 2002 sus cultivos son merecedores del certificado de agricultura biológica. En 1997 se inició el trabajo de recuperación del suelo, abandonando el uso de herbicidas químicos, y a partir del 2001, los tratamientos con productos de síntesis. Su filosofía se puede resumir, a grandes rasgos, en una vinificación poco intervencionista, siguiendo los dictámenes que marcan las pautas de la naturaleza, pero sin olvidar el factor humano que pueda aporta el enólogo. Para ello, debe de servirse una uva en perfecto estado, obtenida de unos viñedos cultivados siguiendo parámetros respetuosos con el medio que conforma el viñedo.

Effusion se elabora ensamblando el fruto de dos parcelas de Chenín (también conocida en la zona como Pineau de la Loire), una situada en las laderas de Ardenay (Chaudefonds sur Layon), con suelos de composición argilo-arenosos sobre pizarras micáceas, rhyolite y roca volcánica ácida; y la otra parcela en las laderas de Bruandières (Saint Aubin de Luigné), de suelos arenosos, micas, cuarzos silíceos y pizarras carboníferas. No, tranquilos, no me he apuntado a un curso de verano de geología, el porque de esta lista sin sentido de estratos se explica por la composición geológica que forma el suelo de los viñedos, fruto de una erupción volcánica, y de la que Baudouin extrajo la marca comercial de Effusion. Cosas de los terruñistas.

Respeto a la vinificación, sin chaptalización, Patrick Baudouin realizó fermentaciones lentas en barricas de 2º y 3er año, terminando la fermentación maloláctica en junio del 2003 y embotellando en febrero del 2004, con unos niveles de azúcar residual de 2,6g/l.

En cata es de esos Chenín subidos, con un precioso color dorado viejo, brillante y denso en el movimiento. Nariz joven, diferente, con personalidad pero marcada por ese carácter maduro y austero de los buenos Chenín. Recuerdos de caramelo de miel, hierbas secas y pipas de girasol pincelan una nariz de intensidad media, con buen fondo floral. En boca se muestra aún muy austero, secante, algo agresivo y con una acidez muy viva, que le confiere una sensación refrescante. Buen final largo, dejando un carácter amargo, entre cítrico (pomelo) y madera. Se trata de un blanco bastante placentero, pero si tuviese una botella de él esperaría para volver a probar, ya que parece mostrar buenas maneras para evolucionar positivamente. 89 PF

Los vinos de Patrick Baudouin son importados a España por Lavinia y este Effusion lo compré en tienda por poco menos de 12 euros.

Clos de la Coulée de Serrant 1988

Ya muchas cosas se han dicho sobre los vinos de Nicolas Joly, padre de la aplicación a la viticultura de los métodos biodinámicos en su no menos mítico Clos de la Coulée de Serrant, en Savennières (Loira). Lo más sensato es afirmar que sus vinos nunca te dejan indiferente.

La primera vez que oí (mejor dicho, leí) sobre la Coulée de Serrant fue en el extra de la revista “Historia y Vida”, dedicado al “Vino en la Historia” en donde el gran Néstor Luján nos narraba sobre los que el gastrónomo Curnonsky consideraba los 5 mejores blancos de Francia (Montrachet, Yquem, Château-Chalon, Château Grillet y la Coulée de Serrant). Ha pasado el tiempo, unos se han mantenido y otros han pasado al ostracismo. Lo más curioso es saber que los vinos de la CdS en tiempos de Curnonsky se asemejaban más a un vino licoroso, que a un blanco seco de Savennières.

La botella de este CdS estaba estratosférica, camaleónica, tanto en carácter como en matices. Muy evolutivo, pero sin estridencia y yéndose cada vez a más, en algunos momentos se mostraba algo animal, con brett, luego aparecía un carácter frutal, algo de mineralidad y de fondo el petroleado de los grandes Riesling. Sinceramente, muy joven para ser un 88, con una magnífica acidez y persistencia. Muestra de toda la grandeza del terroir del Clos, que esperemos que la biodinámica se encargue de mantener. 96 PF

Paco Berciano, propietario del Lagar de Burgos es su importador para España, pero los vinos de Joly son fáciles de encontrar en Barcelona y Madrid, donde Lavinia y Vilaviniteca tienen un buen surtido, a un precio entorno a los 40-55 euros.

Vouvray Clos du Bourg 1ère Trie 1971 de Domaine Huet

Domaine Huet, pese a ser de los elaboradores involucrados en el movimiento biodinámico, con lo que ello conlleva, ha resultado ser de los productores más consistentes y regulares de todo el valle del Loira, y porque no decirlo, de la Francia vinícola.

Este Clos du Bourg tiene de especial ser la primera selección que se toma de la Chenín (Pineau de la Loire) brotytizada, de ahí el sobrenombre de 1ère trie, de una de las mejores añadas en el Loira, seguramente solo superadas por 1959, 1947, elaboradas por Gaston Huet o 1929 de la mano de Víctor Huet. Actualmente la bodega es llevada por Nöel Pinguet, con un brillante presente y un porvenir a seguir.

Pero entremos en materia. Curiosamente, al abrir la botella, el tapón soltó un liquidillo blanco que se quedó en la superficie del vino, separé una copa para envinar, previo filtreo de dicha sustancia. Esa copa estaba totalmente afectada por algo que no se describir entre Tca (olor a corcho) y madeirización, lo cual condenada al vino a ser devuelto a la tienda, Lavinia, que es su importadora para España.

Pero decidimos darle una oportunidad a lo que quedaba en la botella y… ¡Oh, sorpresa! Vinazo de impresión, con una nariz muy profunda, capaz de hacerle sobra a un gran Climens (Sauternes que puede llegar a hacer sombra al mítico Yquem, siendo redundantes en el uso de las sombras). Mieles, flores, botrytis, goma arábiga y cantidad de descriptores que servidora de ustedes se ve incapaz de reproducir. En boca se muestra vigoroso y poderoso, por estructura, con un gran balance entre dulzor y acidez. Muy profundo y persistente. 94-96 PF