16 junio 2009
Los tesoros de Josep Roca
Hay ocasiones en la vida dónde lo mejor que se puede hacer es escuchar, aprender y disfrutar; y más cuando un profesional cómo Josep Roca se abre y nos permite conocerle un poquito mejor, con el vino cómo vehículo de transmisión de sensaciones y sentimientos.

Esa fue la premisa que se dio en el Monvínic barcelonés una tarde de junio, dónde tuvo lugar esta experiencia, mucho más allá de la cata sensorial, dónde las ventanas del corazón del mediano de los Roca nos mostraron un universo de sensibilidad, dónde mostrar la perfección de la imperfección.

Quienes ya hayan visitado el nuevo Celler de Can Roca, conocen las cinco grandes zonas o variedades que han influenciado a Pitu con mayor fuerza y a las cuales les dedica un espacio concreto, armonizada con la música y las texturas táctiles. Una selección no excluyente, dónde seguramente hubieron ausencias, pero tampoco se puede entender su reflexión vital sin ellas. Por ello la selección adquiere un cariz muy personal, sin fisuras ni estridencias.

1er bloque: Champagne

Zona extrema, de climatología compleja y suelos muy especiales. Con la idea del juego entre vino blanco y vino tinto se sirvieron Salon Le Mesnil 1996, representante de la pureza de los Blancs de Blancs, de juegos cítricos propios de esas tierras y los apuntes cremosos de la Chardonnay y un Vieille Vigne Les Crayères de Egly-Ouriet, el Pinot Noir por antonomasia del maestro Francis Egly, arraigado en la vinosidad de esta bella parcela de Ambonnay. Un juego entre un millésimé de la más noble zona de Le Mesnil y una mezcla de añadas de un pequeño productor, dónde la pureza del Salon recibe un contrapunto maduro con el Blanc de Noirs. No era una batalla, era una combinación ganadora.

2º bloque: Riesling

El Alfa y el Omega cómo casta. Aquí se puede iniciar la pasión por el vino, pero también ser el punto final de comprensión de este mundo apasionante. Cómo muestra para poder asomarse al universo de la mineralidad pizarrosa un Scharzhofberger Riesling Spätlese 2005 de Egon Müller, escogiendo este Spätlese de la ladera mágica cómo mejor exponente de la pizarra gris desmoronada, marca de la casa. Un vino vibrante, atinado y directo.

De la quintaesencia del Spätlese a un vino único, elaborado por la mano más fiable de la Alemania vinícola. Medias botellas de carretillas de frescura confitada de hielo para este Oberhäuser Brücke Riesling Eiswein 2002 de Helmut Dönnhoff, del tonel 19 que no probara Parker. Un placer para los sentidos, hedonista y único.

3er bloque: Borgoña

De esa tierra de campesinos bodegueros a uno le impacta en su descubrimiento y le hacen replantearse sus convicciones más arraigadas. Y del pueblo más borgoñón de la Borgoña, Chambolle, plena ebullición de viñedos, sus dos interpretaciones más intensas, la fuerza en el Bonnes Mares GC 2006 y la elegancia y sutileza de la mano del Musigny GC 2006, ambos de Freddy Mugnier, un personaje introvertido pero preciosista en su trabajo. Ambos vinos evocaban bucólicas imágenes y texturas, pese a lo corto de su edad. Experiencia sublimemente insuperable sí no fuera por un as que se sacó Pitu de la manga.

Mientras Josep nos va hablando de los vinos, nos ilustra con una presentación multimedia dónde se entrelazan imágenes de viñedos, bodegas y bodegueros, videos y músicas que ilustraban cada uno de los bloques. Y mientras nos inducíamos en los campos sedosos del Musigny, Pitu lanzaba el video de una experiencia producida por el canal Arte francés, dónde se aliaba un solo de violín con el Musigny. La música y el vino se entremezclan en armonía, mientras pasan los segundos de la grabación. Cuál es nuestra sorpresa cuando en perfecta sincronía aparece físicamente el violinista y remata increccento este momento memorable. En ese momento sólo cabe aplaudir.

4º bloque: Priorat

En el año 1993 Pitu quedó tocado por las tierras prioratinas y la dureza de la licorella se grabó con fuerza en su alma. Esa belleza de los vinos del sur tocado por un paisaje. Así de sencillo, superando la fuerza del terruño, se tornan en vinos de paisaje. De dos personajes cómo René Barbier con su Clos Mogador 2004 y Lluís Llach con su Vall Llach 2004, dos maneras de entender el Priorat, dos filosofías, seguramente no serán ni las mejores ni las peores interpretaciones de esa tierra tocada por la sierra del Montsant, pero sí que serán las más emotivas. Juego entre fruta sobremadura y piedra, tocadas por el sol del Mediterráneo.

5º bloque: Jerez

La infancia de mestizaje en un barrio gerundense complementado por la migración andaluza de los 60 hicieron a Pitu amar una de las señas de identidad de la Andalucía vinícola, vinos únicos en el mundo, cuyos arcanos se escriben en un idioma propio y su fuerza nace de suelos extremos de albarizas blancas, jugando con el clima atlántico y el velo de flor cómo madre, dónde el estadio de la concentración se entremezcla con la oxidación en su vejez más madura. Los vinos más salinos que se encuentran en el planeta. La Bota de Palo Cortado Bota Punto Nº6 del Equipo Navazos, con su escasísima producción y el monumental Amontillado Coliseo de Valdespino golpean nuestras retronasales mientras la banda sonoro emitida a través de la maestría de Miguel Poveda, otra muestra de mestizaje cultural de ambos pueblos, servido por los versos de la boca-seca de Narcís Comadira nos inundan. Vinos complejos, intensos, no extensos de dificultad que superan umbrales perceptivos y nos transportan a las sacristías más profundas de las catedrales del vino.



Cuerpo, alma y homenaje:

Este último, uno de los momentos más emocionantes de la velada, dónde Pitu reconoció desde el corazón su más sentida admiración por los hacedores de vinos, y a la vez quiso realizar un emotivo homenaje a una de las figuras que mejor ejemplificaban el viticultor comprometido con sus vinos y su tierra cómo era el malogrado Didier Dagueneau. Pitu nos leyó una misiva que escribió la noche posterior al trágico accidente, dirigida a un amigo y cómo pequeña reseña para un obituario mental. Se nos encogió el ánima y más acompañado del Pur-Sang 2005 de Didier, que se mostró de la manera más altiva y herbácea que le recuerde. Profundidad mineral y con los característicos acentos vegetales de hoja de higuera y tomatera de los vinos de Didier.

Por último, cómo seña de identidad y remate final, Pitu quiso dejar patente su vertiente más física y su vertiente más espiritual con un juego de caracteres para definirse en cuerpo y alma, a través de dos vinos. Lo corpóreo definido por lo ecléctico, tecnológico, la pureza aromática, dulzor táctil, la emoción, el futuro, la racionalidad y la sensatez del Harlan Estate 2002 y el alma a través de la tradición, la rusticidad, la brillante imperfección, la salinidad táctil, el pasado tocando las raíces y la poesía del Champagne Substance de Anselme Selosse.

El remate final para una estupenda experiencia que definitivamente nos permitió conocer mejor a este gran profesional, camarero de vinos, que es Josep Roca i Fontané. Ya tenía todos nuestros respetos y admiración. Sirva este artículo cómo gesto de gratitud.

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Escrito por Víctor Franco a las 22:25 | Enlace | Comentarios: 14
29 mayo 2009
Sesión con el Hermitage Blanc Chante-Alouette, sorpresa incluida.
Aunque esta cata nació con la idea de ver cómo evolucionaba un Hermitage blanc de una sola parcela, en este caso Chante-Alouette, a lo largo de cinco cosechas diferentes, finalmente se percibió cómo una jornada de disfrute, dónde los vinos brillaron a una gran altura cualitativa. Pero antes de explicarme respecto a los vinos, unos breves sobre este vino de M. Chapoutier, que no se situaría en la cima cualitativa de la mítica colina del Ródano norte, pero sí muestra un gran nivel, en la parte media de la pirámide.


Este cru dónde sólo hay plantada Marsanne se localiza en lo alto de la colina de Hermitage, en uno de los meandros del Ródano, inclinándose sus laderas por encima de Le Méal, de exposición sur y cuyos suelos ricos en loess, están cubierto por arcilla blanquecina. Lógicamente la pendiente de la colina obliga a recolectar las uvas a mano. Seguramente su situación dentro de la colina no sea la mejor, tanto por composición geológica cómo por pendiente, pero el resultado suele ser de los vinos más consistentes de la AOC.

La vinificación se inicia con el prensado del mosto, dando paso a una maceración en frío durante 24 horas, procediendo a un adecuado desfangado. La fermentación, a temperatura controlada, se realiza en cubas, excepto un tercio del mosto, que se fermenta en barricas nuevas de madera y criándolas durante 12 meses. Y los vinos se nos expresaron así:

Hermitage Blanc Chante-Alouette 1998:

Parece que los 11 años de botella no le han dado todo el recorrido posible, junto a su austeridad e intensidad, que parecen indicarnos que su momento aún no ha llegado. Pese a ir mejorando tanto en nariz cómo en boca con el juego de la aireación en copa, si disponéis de alguna botella más, esperaría para disfrutarla más plenamente. Igualmente gran materia a la espera de un mejor momento.

Hermitage Blanc Chante-Alouette 1997:

También situándose en un plano similar al 1998, seguramente con menor materia que su hermano menor. Nariz de buena intensidad, dónde juega más la fruta amarilla que los melados. Su boca también se muestra densa y golosa, con buen recorrido. Un final muy disfrutable.

Hermitage Blanc Chante-Alouette 1995:

Poderoso de visual bastante matizada en evolución. Su nariz se muestra plena, amplia, portentosa, con el equilibrio entre las notas de humo, ceras y especiados, que le dan frescura y profundidad. Por intensidad, seguramente la nariz más epatante. En boca se muestra también muy pleno y placentero, con retronasal aún frutal, incluso roja ácida, perdurando su final de manera deliciosa.

Hermitage Blanc Chante-Alouette 1993:

Visual subida, evolucionada, pero no falta de brillo. Magnífica nariz melosa, poderosamente matizada por el punto de evolución. Seguramente el más fatigado de los vinos, pero no excesivamente evolucionado en contraste, denotando un perfil de mayores amielados, ahumado e incluso, ligeros acetaldehidos no muy pronunciados, que aportan mayor profundidad que defecto. En boca se mantiene en frescura y densidad, incluso nos hace dudar de si hay nexo de unión entre nariz y boca. Aún así, en su perfil, delicioso.

Hermitage Blanc Chante-Alouette 1990:

Menos evolucionado que el 1993, su profundidad aromática y potencia nos hace disfrutar a raudales. Puntos minerales, amielados, ahumados y oxidativos unidos en el perfume, complejo e intenso. En boca densidad matizada, de textura untuosa, pero con un nervio formidable. Seguramente el más complejo de los Chante-Alouette, mostrando una vigorosidad deliciosa y reconfirmándonos las buenas sensaciones de estos Hermitage Blanc.

Y finalmente, la sorpresa de la cata, remate y contrapunto, era una botella del maestro Gérard Chave, que apareciera sobre la mesa. Su origen nace de la unión de las parcelas de Les Roucoles, Peléat, Maison Blanche y L'Hermite, proporcionando un ensamblaje del 85% de Marsanne y el resto Roussanne.

Hermitage Blanc 1988 de J.L. Chave:

Sorprendidos por el rey del ensamblaje de pagos de la colina de Hermitage, nos encontramos con la maestría en nariz, dónde la austeridad de la añada podría ser explicada por un intenso fondo yodado, destacando una fruta sutil y unos puntos de salazón deliciosos. En boca, tanto por densidad cómo por intensidad, equilibrio y complejidad muestra su raza. Sin duda un Hermitage Blanc que se empieza a disfrutarse, después de una fase algo anodina. Bien por el maestro.

Y hasta aquí la jam sesión.

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Escrito por Víctor Franco a las 18:03 | Enlace | Comentarios: 0
21 mayo 2009
El año del cometa Halley
1910, mientras en España Alfonso XIII encomienda a José Canalejas, del Partido Liberal, la presidencia del consejo de Ministros, Jacques Cousteau emergía de las profundidades del vientre de su madre. Entretanto León Walras, uno de los padres de la teoría economía del equilibrio general, fallecía en Suiza. También se apagaban las velas de las artes de los maestros Twain y Tolstói. México se revolucionaba, mientras el Japón imperialista se anexionaba Corea y en las calles de todo Portugal soplaban aires republicanos, que daban al traste con la monarquía de los Braganza-Wettin, relegando a Manuel II al exilio en Inglaterra.

Pero por el firmamento un cuerpo celeste surcaba los cielos una noche de abril. Se trataba del Cometa Halley, aquel que volviera pasar por el año 1986 e iluminara los ojos de quienes lo disfrutamos con su paso. Pocos días después, en el mismo abril de 1910 la Tierra traspasó las trazas de la estela de su cola, provocando un magnífico espectáculo en los cielos. Un hecho que marcó el año, ese mismo año 1910 que rezaba una botella decantada, a la espera de ser disfrutada.

De una pequeña isla en medio del Atlántico, de nombre mítico para los amantes del vino, Madeira nació la uva Sercial que se vinificara de esa forma tan especial que le confiere el método canteiro de crianza, que durante 20 años de maduración les da a esos vinos fortificados esas propiedades ideales para una vida tan prolongada. Y que 99 años después su cata nos traslada a ese 1910 dónde acontecieron miles de actos y hechos de la humanidad, entre alguno de ellos los anteriormente mentados, remarcados en el vitalismo historiográfico de quién tiene la oportunidad de probar un superviviente de esas fechas, cómo de quién disfruta de antiguas fotografías o libros que nos ilustran de lo acontecido durante ese año.

Pero, ¿qué nos dice esa botella a parte de trasladarnos en el tiempo? Comercializado por la casa Barbeito, bien pudiera ser que esta Sercial procediera de los viñedos del Jardim da Serra, pero el hecho que la casa no se fundara hasta 1948 y la dificultad de identificar al proveedor a quien compró la uva su anterior dueño dificultan el dar origen a su uva. No obstante en cata, su visual oscura entre el rojo cereza y el ámbar, con tonalidades caobas denotan que estamos ante un vino añejo, pero vital. Muy limpio, que a pesar de su edad, presenta una concentración de depósitos que permite una fácil decantación. Su nariz, caracterizada por su estirpe más seca, similar a la de los Olorosos jerezanos menos golosos, presenta un bouquet de matices entrelazando las caobas más nobles con los frutos secos más selectos, el fondo caramelizado marcando el conjunto y con la elegancia e intensidad cómo estandartes. En boca su nervio desaforado refresca y prolonga el placer de sus aromas y sabores. Textura y densidad matizadas, sin estridencias empalagosas. Y su final, portentoso, seguramente mostrando una de los retronasales más intensas que recuerde, sólo superada por las que eclosionan al disfrutar de los Amontillados sanluqueños, le hacen afirmar a uno, sin riesgo de equivocarse que este vino estaría en magníficas condiciones al nuevo advenimiento del cometa, por allá el año 2061.

Para quien busque la eternidad en un vino, Madeira es su reino.

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Escrito por Víctor Franco a las 22:30 | Enlace | Comentarios: 0
14 mayo 2009
Informe Señoráns: El Albariño más longevo
Uf, ¿Quién podría resistirse? Recibido el newsletter del Monvínic, leí con fruición que estaban preparando una vertical de uno de los mejores Albariños, el Selección de Añada del Pazo de Señoráns desde el año 2004 hasta el 1997, ni más ni menos que dirigida por Marisol Bueno, propietaria junto a su marido Javier Mareque de la bodega, y poco menos que segundos tarde en apuntarme.

Una gozada el poder charlar con Marisol, cuyos vinos tienen su génesis en la compra de la finca de Vilanoviña durante el año 1979, dónde el matrimonio liberal (ella era profesora de biología y él médico) deciden establecerse en pleno valle del Salnés, dónde respirar ambiente rural, produciendo kiwis y vino.

Pero Marisol no tuvo simplemente la visión de un proyecto individual y familiar, sino que su tenacidad la llevó a pensar en una empresa de mayor profundidad, cuya influencia abarcara toda la comarca, impulsando el vino de Albariño. Este esfuerzo se explica con 21 años de presidencia del Consello Regulador do Viño Rías Baixas, quienes vieron recompensado su trabajo con la aprobación de la Denominación de Origen en el año 1988, nacida de la anterior Denominación específica Albariño que fechaba del año 1980.

Denominación de Origen Rías Baixas:

Es increíble conocer las cifras de esta Denominación de Origen, cuyo marco de plantación se configuraba originalmente en tres subzonas, formadas por las parroquias del Val do Salnés, Condado de Tea y O Rosal, ampliándose en 1996 con la subzona de Soutomaior y finalmente en el 2000, con la subzona de Ribeira do Ulla. Una D.O. que en el año 2008 presentaba cifras de 6577 viticultores, que se repartían 3646 hectáreas, vamos, minifundismo en estado puro. El número de bodegas ha ido aumentando de forma exponencial, creciendo de las 14 iniciales en el año 1988, a 201 veinte años después.

Marisol, cómo buena excargo representativa, nos introduce en el mundo Albariño con una visión muy maternal de la Denominación, que aún transpira un aire joven, aunque con el camino ya muy recorrido, pero situándose un peldaño por debajo de la madurez, sólo con un que por demostrar dentro del mercado mundial del vino, la longevidad de la Albariño. Y con la premisa de comprobarlo que nos encontrábamos, pero antes, unos breves sobre la bodega.


Pazo de Señoráns:

Una bodega que presenta como señas de identidad la modernidad y la asepsia, y cuyas 12,5 hectáreas de viñedos propios (que no están al 100% de producción) se ven completados con el fruto de 180 proveedores de uva, a quienes se les encamina en la búsqueda en unos criterios cualitativos determinados.

Viñedos emparrados y en espalderas, monovarietales de Albariños de suelos franco-arenosos graníticos, vinificados por Ana Quintela en acero de inoxidable, con la excepción de un nuevo vino, el Sol de Señorans 2006, fermentado en inox y criado con sus lías en barricas de roble caucásico y francés de 500 litros. El Pazo de Señoráns básico se cría en inoxidable, similar al Selección de Añadas, pero con la diferencia que el SA se mantiene durante unos 34 meses de media, junto a sus lías, y sin realizar la maloláctica. Pero entremos en la cata:

Sol de Señoráns 2006:

El nuevo vino de la bodega, cuyas 6000 botellas no proceden de uvas seleccionadas, pero que se han tratado con el mayor de los mimos, se presenta algo cohibido, con sensaciones marcadas de pipas de girasol junto a flores blancas y fruta amarilla de hueso. Intensidad aromática media. En boca presenta menos volumen que sus hermanos, pareciendo que la crianza le ha rebajado en densidad. Francamente, un vino que no me atrapa ya que no es el perfil que busco en un Albariño de calidad, aunque seguro tendrá un mercado, el mismo que motiva la inundación el mercado de blancos fermentados en barricas.

Pazo de Señoráns 2008:

Intensísimo y aromático, este Señoráns 2008 exhibe una franqueza y dirección aromática espléndida. Nunca seré muy buen pitoniso para determinar su posible evolución, pero seguramente compraré más botellas para ver su evolución. Eso sí, ahora mismo está tremendo.

Pazo de Señoráns 2007:

El contraste, tanto en lo visual cómo en lo aromático, con su hermano del 2008 es extremo. Algo cohibido, denotando un trabajo de lías más marcado. La botella en cuestión no parecía mostrar su mejor cara.

Pazo de Señoráns Selección de Añada 2003 Magnum:

Abierto por error, ya que la bodega dijo que enviaba un genérico 2003 embotellado en formato de Selección de Añada por error y resultó ser ciertamente un SA. Una maldad, me gustó muchísimo más la botella de 75 cl. que la de litro y medio. Pero de ella, ya profundizo algo más en la tanda siguiente.


Pazo de Señoráns Selección de Añada 2004:

Visual algo subida, con una muy buena densidad y algo de carbónico en la copa. Su nariz está muy marcada por las lías, dejando trazas de levadura y pipas de girasol. Es curioso, el más profano se podría preguntarse si habían trazas de crianza en roble, sobre todo por la frescura de la fruta amarilla que se veía ahora mismo algo escondida. En boca muy buenas sensaciones, algo salvaje por acidez y con la necesidad de asentarse en botella.

Pazo de Señoráns Selección de Añada 2003:

Buena visual, densidad y untuosidad, limpio y brillante. Su nariz se muestra bastante equilibrado pese a ser de la vendimia de la canícula, con las notas de la crianza en lías queda matizada por la fruta amarilla más madura. En boca se muestra algo más corto en acidez, perfilando un carácter más amargo en las sensaciones bucales y en la retronasal. Aún así, mucha calidez, pero también mucha calidad.

Pazo de Señoráns Selección de Añada 2002
:

Intensidad sin matices, donde la fruta de hueso amarilla y la hierbabuena se entrelaza con los aromas de su prolongada estancia en depósito, representado en los brioches. En boca muestra muy buena textura, delicioso y fresco, pero con menor recorrido que el SA 2000, que se podrían asimilar en perfil, semejándose por la frescura de la cosecha. Está evolucionando de maravilla.

Pazo de Señoráns Selección de Añada 2001:

La casa parece mantener unos parámetros cualitativos muy homogéneos, rozando un gran nivel. Pero entiéndase el uso del término de homogeneidad, no por aparentar un estado de estandarización, sino más bien, por la capacidad de a través de diferentes añadas, con perfiles climáticos tan diferenciados, interpretar sus características y poder trasladarlo en el vino de forma perfecta y eso se percibe con este SA 2001. Maduro, graso y de marcado signo cálido, de buena evolución, seguramente quedando algo por debajo de sus homónimos, pero mostrando una gran calidad.

Pazo de Señoráns Selección de Añada 2000:

Seguramente el más mineral de los Selección de Añada, entendiéndose mineral por ese carácter que influencia a los aromas más de humo y talco, con una fruta casi cítrica cómo componente frutal. Frescura y acidez, goloso y de densidad, todo unificado en perfecto equilibrio. ¡Quién tuviera una botella para ver su evolución!

Pazo de Señoráns Selección de Añada 1999
:

¡Qué grande! Visual de buena evolución, con brillo. Su intensidad nasal denota su vigor, dónde los amielados y los florales se cogen de la mano, deliciosamente amembrillado, con equilibrio e intensidad. Un gran blanco, sin duda, dónde la boca presenta frescura, anchura, de carácter ácido y a la vez, una textura densa. Buen nervio aún, lo que me permite suponer que aún presenta cualidades para evolucionar positivamente en botella. A los poseedores de un ejemplar, enhorabuena.

Pazo de Señoráns Selección de Añada 1997
:

Se sirvieron dos botellas, de las cuales una de ellas estaba totalmente oxidada, y la otra se mostró algo fatigada con la aireación, dejando una sensación de que su momento ya paso. La primera añada del Selección de Añada se elaboró en 1995, pero la bodega dispone de muy pocas botellas, lo que dificulta experimentar con esa añada y ver su evolución con mayor facilidad. Pero nosotros ya estábamos rendidos a la evidencia de los Selección de Añada 2000 y 1999, que a la postre fueron los vinos que gustaron a más participantes, por lo que no se hizo necesario que este 1997 brillara para reconfirmar que el Selección de Añada evoluciona de manera deliciosa.

Estas fueron las sensaciones que me transmitió la velada, y lo menos que puedo hacer es transmitir mi enhorabuena a la bodega, porque su trabajo es magnífico. A mantenerse en la brecha.

Anexo fotográfico: Cata de Pazo de Señoráns.

Entrevista a Ana Quintela en Vadebacus.

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Escrito por Víctor Franco a las 18:20 | Enlace | Comentarios: 2
27 abril 2009
La Cueva del Contador 1996 de Benjamín Romeo
Un día lluvioso por las calles de Barcelona, esperando a unos amigos, me metí en una vinicoteca para hacer tiempo. No es que tuviese muchas ganas de salir de allí con una botella, ya que la selección parecía hecha para los amantes de los "The very best of", pero con tal de no mojarme, cualquier excusa era buena y me pase un buen rato mirando etiquetas. Una de ellas me llamaba poderosamente la atención, se trataba de La Cueva del Contador 1996, una botella que relacionaba con el bueno de Benjamín Romeo, pero que por ningún lado de la etiqueta se le mentaba. Es más, la botella bordelesa, esbelta ella, no presentaba contraetiqueta, ni en la etiqueta se rezaba ni región, ni grado alcohólico, ni país, solamente La Cueva del Contador 1996. ¿1996? Recordaba que Benjamín había dejado Artadi por el año 2000 y que el primer Contador se había elaborado en la vendimia de 1999, siendo lo que rezaba la etiqueta curioso, picándome el gusanillo.

Dado que la botella no superaba los 30 euros decidí llevármela y comprobar si los pocos datos que tenía me podían aclarar algo y ya de paso probar un Rioja (al menos se suponía) de nueva generación con unos cuantos años en botella, aún recordando una botella de Cirsión 1998 que teníamos en la memoria y que se mostró maravillosamente madurada.

Los inicios nunca son sencillos y más cuando tu trabajo en Artadi se entrelaza con tu proyecto personal, y eso es lo que le sucedió a Benjamín Romeo, cómo comentaba antes, que no se dedicó en exclusiva a su bodega hasta el año 2000, y parecería que no se podía tenerlo todo controlado, aunque en el caso de Romeo si lo tuviese, como bien explica Luis Gutiérrez. Además, tras confirmar que este 1996 era el primer vino comercializado por la bodega, y mediante el descapsulado el corcho certificaba con un sello que se trataba de un vino de la Denominación de Origen Calificada de la Rioja. ¿Traigo el sacacorchos?

En la cata se nos muestra una visual muy densa, con un profundo rojo picota, dónde sólo se le aprecia un ribete ligeramente evolucionado, y cuya capa se presenta de la forma más oscura posible. Su nariz muestra aún en primer plano fruta licorosa, algo madura, dejando un fondo ligeramente evolucionado recordando maderas nobles y cuero. Intenso pero cómo situándose entre dos aguas. Su boca me sugiere algún problema, ya que se muestra algo deslazado, dejando una textura algo aguada, con acidez, pero sin edificar su paso. Pareciera que la guarda no le hubiese sentado muy bien, ya que pese a dejar un buen final, no excesivamente prolongado, las posteriores recatas confirman las malas sensaciones en boca, aunque pareciera que el problema no fuese de oxidación ni de mala conservación. Queda entonces cómo una experiencia curiosa, sin más, ¡Una lástima!.

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Escrito por Víctor Franco a las 17:30 | Enlace | Comentarios: 2
21 abril 2009
Catando los vinos de Henri Bonneau en VilaViniteca
Hay bodegas que han sentido el aliento favorable de la crítica y del consumidor ilustrado desde hace tiempo, pero cuya escasez de producción y su lógica dificultad comercial lastimosamente dificultan su popularización, relegándolas a un plano secundario de la actualidad enológica. El maestro Henri Bonneau se podría situar en esta posición, capaz de unir a Parkeristas y sus detractores, que glosan sus bondades sin ningún rubor, puntualizando desde dos prismas de vista cualitativo tan alejados. Y es que los vinos garnacheros de maese Bonneau convierten en noble esa tan denostada (cada vez menos) variedad mediterránea.

Hace poco, para comprobar las bondades de la bodega su importador, Daniel Sarmiento del Cellers Orcella impartió una cata, con el soporte técnico de Vila Viniteca, dónde pudimos disfrutar de una amplia panorámica de los vinos de la bodega, incluyendo una rareza, el Cuvée Spéciale 1998. Estos fueron mis breves apuntes durante la misma.

VdT Les Rouliers 2003:

Lógica visual de evolución garnachera, más trabajado que en anteriores ocasiones. Su nariz se muestra con un carácter cálido, dónde los tonos de garriga y la fruta negra se muestran sin mucha intensidad, demostrando un carácter evolucionado. Su boca se presenta muy pulida, con la tanicidad bastante tamizada.

VdT Les Rouliers 2004:

Sabrosamente equilibrado definiría a este VDT, presentando una mayor intensidad en todos los aspectos que Les Rouliers 2003. Matices satisfactorios tanto de intensidad cómo en profundidad en nariz y una boca muy viva y frutal, pero de carácter marcadamente floral. Un vino digestivo.

Châteauneuf-du-Pape 2001:

Bajísima capa, de nariz matizadamente floral, con los destellos de fruta licorosa. Un vino de complejidad, con buena intensidad, dónde el carácter se torna más terroso. En boca se perciben la calidez de añada. Boca muy sensual en textura. Magnífico trabajo del maestro.

Châteauneuf-du-Pape Cuvée Marie Beurrier 2001:

Paso a paso vamos ganando en visuales más vivas, brillantes, pero curiosamente con tonalidades de mayor oxidación. Su nariz se presenta muy madura, hecha, con la pimienta negra en primer plano, destacando por su fruta roja y su fondo floral. Boca tánica, pero de textura no masiva ni densa, donde predomina la frescura aportada por su acidez. Delicioso sin ningún tapujo.

Châteauneuf-du-Pape Cuvée Marie Beurrier 2000:

Lo que parecía un vino muy cerrado en un inicio, se torna en un vino que parece no haberle sentado bien su paso a botella, cómo bien apunta un asistente con la fruta chafada, apagada y sin mucha materia. En boca si es equilibrado y no parece mostrar ninguna contaminación derivada del TCA, pero tampoco parece la noche y el día respecto a su nariz. La pondremos junto a las botellas que pasaron al limbo de los justos.

Châteauneuf-du-Pape Réserve des Célestins 2001:

¡Qué color! Visual casi marronosamente granate, de capa bajísima. Reflejo de una añada cálida, dónde la intensidad de su fruta moderadamente confitada, se entrelaza con aromas de cueros nobles, clavos y laurel en el especiado y un fondo de pedernal y tierra, asimilando la trufa negra en su bouquet. Su boca se muestra plena, llena, con la densidad bien medida. Paso vigoroso y elegante, prolongando su final caudalía tras caudalía. Un grande entre los grandes vinos del mundo.

Châteauneuf-du-Pape Réserve des Célestins 2000:

Seguramente el más equilibrado de la velada, tanto en nariz, dónde su intensidad y profundidad destacan sobre manera, cómo en boca, cuya textura y prolongación le sitúan en un plano superior. Un vino que seguramente merecería haberse consumido en soledad (respecto a otros vinos, no al personal), pero que sin duda se sitúa a la altura de la fama de su creador. Para rememorar durante años.

Châteauneuf-du-Pape Cuvée Spéciale 1998:

Vino imposible, elaborado sólo en vendimias especiales (la última vez que se elaboró fue con la fruta del año 1990), con 16% volumen alcohólico y bastante azúcar residual. 2200 botellas de lo que parecería un intento de elaborar un Vintage de Porto con la Garnacha sobremadurada. Sinceridad en sus aromas de alta intensidad de fruta roca licorosa, cacao y tabaco, deliciosamente refrescado por su nitidez. Boca portentosa por volumen, tanino seco y juego de dulzor y amargor. Sinceramente un vino que me dejó descolocado, y no sé si precisamente positivamente.

Una magnífica velada, sobre todo por los Réserve des Célestins, a pesar de que Daniel Combin, uno de los responsables de la bodega no pudo asistir y complacernos con sus pensamientos y filosofía, pero su ausencia fue suplida por el Sr. Sarmiento.

Anexo fotográfico: Cata de Henri Bonneau.

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Escrito por Víctor Franco a las 12:20 | Enlace | Comentarios: 1
28 febrero 2009
Sancerre Clos La Néore 2006 de Edmond Vatan
El enochalado suele ser un sujeto atento, inconformista y curioso, dónde el conocimiento de la cultura enológica se transmite de boca a boca, empleando todos los medios posibles, ya sean virtuales o reales. Particularmente intento estar al día usando los medios que me aportan las nuevas tecnologías, ya sea empleando la información obtenidas de webs especializadas, newsletters de crítica internacional o consultando blogs (Podéis encontrar los enlaces a la mayoría de ellos en la columna de la derecha). Ahora bien, la grandeza de la interrelación humana te permite, a veces, obtener fuentes de enriquecimiento en el conocimiento que nunca habrías refrendado con sólo los medios virtuales.

Esto viene a colación de dos experiencias que he vivido desde el septiembre con un productor del que apenas tenía información, sólo de oídas (muy buenas, por cierto), y que han supuesto un descubrimiento tardío por mi parte. La primera vez, durante una vorágine de comida y vino, en El Celler de Can Roca, dónde nos dejamos orientar por Pitu Roca. Entre tantos vinos, el bueno de Josep nos sacó un Sancerre que algunos de los comensales ya habían probado en una anterior visita. Se trataba del Clos de la Noiré 2005 del maestro Vatan. Etiqueta austera, botella borgoñona, corcho de guarda y un contenido gloriosamente equilibrado, que resultó una verdadera revelación para mí.

Pues bien, motivado por la experiencia, busque toda la información posible sobre Edmond Vatan y su Clos de la Noiré, y me tope con un magnífico artículo de John Gilman, de título bastante premonitorio "Edmond Vatan, The Henri Jayer of Sancerre", dónde John nos explicaba que el maestro Vatan lleva jubilado desde el año 2002, y dado que sus dos hijas no han podido seguir ejerciendo la maestría del vigneron de Sancerre, el domaine se vendió gran parte de sus viñedos situados en la comuna de Chavignol a un comerciante local de vinos. Por suerte, una hectárea de la Clos la Néore permaneció en manos de Edmond, y la ley francesa permite a los vignerons jubilados seguir produciendo un número limitado de botellas, lo que convierte a esas microproducciones en verdaderos vinos de culto (que poco me gusta el palabro).

Pero empecemos desde el principio. En el año 1959 Edmond cogió las riendas del negocio familiar e inició una reestructuración en los viñedos de Sauvignon en la Clos la Néore. Este pago situado en la parte inferior de Les Monts Damnés, los dos nombres a recordar en Sancerre, se ve ricamente influenciado por la misma capa caliza Kimmeridgian que afecta a Chablis y eso se percibe en los vinos. Trabajo en viña buscando bajos rendimientos y una composición geológica envidiable, son rematadas con vendimias tardías, según las condiciones de la añada, intentando seguir el ciclo lunar de mediados de octubre, consiguiendo unos niveles de azúcares y acideces ideales.

Vinificación tradicional, similar al estilo de los primos Cotat, empleando viejas barricas (demi-muid) de madera de una edad considerable que les ha permitido recubrir sus paredes con capas y capas de cristales de bitartratos potásicos, creando recipientes neutros, ideales para la maduración de la Sauvignon. También el maestro Vatan emplea tanques de inoxidable para la crianza, pero tienen un considerable uso, y están a la par con las barricas. Dos remontados durante el envejecimiento y embotellado con la luna de mayo. No, no se trata de un viticultor biodinámico al uso. Su trabajo se basa en la experiencia transmitida generacionalmente y por la observación del medio. Vamos, un viticultor de los de antes.

Pero volvamos al comentario inicial, ya que me falta relatar la segunda experiencia de encuentro con el Clos La Néore. Estábamos el domingo pasado "educándonos" con el docto Carles Orta, en su ineludible y totalmente recomendable Villa Más, junto a unos amigos y nos sacó un vino blanco a ciegas. Visual pajiza, casi pálida, jovial y preciosa. Su nariz netamente mineral, con los trazos vegetales que cabrían esperar en un Sancerre joven deliciosamente entrelazados con los cítricos de la bergamota y la lima. Su boca, plena y sabrosa, entraba deliciosa, provocando una sensación de salivación, adictivo y de querer más, prolongando su final por una gloriosa estructura de acidez. A vuela pluma íbamos cantando lo que creíamos que era, algunos con menos fortuna (mi caso) y la gloria de la cata a ciegas nos mostró su etiqueta. ¡Muy grande! (Traducible al uso con unos 95 PF.)

Por desgracia, toparse con una botella de Edmond Vatan (no confundir con André Vatan), tanto de su Clos la Noiré cómo de su Sancerre Rouge es tarea harto difícil, por lo que si os encontráis en esa tesitura, no lo dudéis. A por ella.

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Escrito por Víctor Franco a las 10:45 | Enlace | Comentarios: 15