¿Sin Montrachet 2016? De la desgracia a la colaboración

Ya las noticias presagiaban lo peor. Tras un invierno suave y un estado de brotación precoz, una ola de frío golpeaba el continente europeo los últimos días del mes de abril del 2016. Esta afectaba buena parte del viñedo borgoñón y del Loira, dejándonos impresionantes imágenes cómo las que captaba el talentoso fotógrafo Aurélien Ibanez. En ellas se mostraba la lucha titánica de los productores de Chablis por mantener los brotes verdes de sus viñas a salvo del frío asesino, durante la fatídica noche del 27 de abril.


Esa masa de frío afectó a buena parte de la Côte de Beaune, incluida la mítica ladera Grand Cru Montrachet, afectando de tal modo que muchos de los propietarios temían por una pérdida total de la cosecha, sobre todo en las parcelas de la zona de Chassagne-Montrachet. A pesar de ello, se pudo salvar una muy pequeña parte de la producción, tan pequeña que incluso alguno de los propietarios no tenía uva suficiente para producir ni una barrica.

Dadas las circunstancias excepcionales de la cosecha, seis de los propietarios de viña del Grand Cru han decidido unir esfuerzos y vinificar juntos sus uvas para poder elaborar vino. Se trata del Domaine de la Romanée-Conti (quien cuenta con tres parcelas que suman 0,6759 ha.), el Domaine des Comtes Lafon (0,32 ha.), el Domaine Leflaive (0,0821 ha.), el Domaine Guy Amiot et Fils (0,091 ha.), el Domaine Lamy-Pillot (0,0542 ha. propiedad de Claudine Petitjean) y el Domaine Fleurot-Larose (0,0502 ha.). Todos juntos apenas suman unas 1,255 hectáreas del Grand Cru y su objetivo es llegar a elaborar dos barricas borgoñonas de 228 litros cada una, lo que equivale a una décima parte de los que suelen producir en una cosecha normal. A modo ilustrativo, os dejo este mapa dónde podréis ver el actual catastro de propietarios de Montrachet Grand Cru y dónde se sitúan sus parcelas:



Inicialmente se quería aprovechar la licencia productiva como negociante del Domaine Leflaive, dónde se están criando las dos barricas, y finalizada la crianza, repartir equitativamente el vino entre los seis productores para poder comercializar las 600 botellas.

Pero esta iniciativa choca frontalmente con la normativa jurídica vínica y fiscal francesa, ya que no se puede elaborar una cuvée conjunta y comercializarla individualmente. Así que, o hay cierta flexibilidad por parte de la administración o las futuras botellas sólo se podrán utilizar con carácter privado dentro de las distintas bodegas. Otra solución sería realizar una subasta benéfica y los ingresos destinarlos a una buena obra. En breve, saldremos de dudas y sabremos si este gesto de fraternidad ha supuesto un acto de generosidad o creará un nuevo vino unicornio.

La finura de Volnay ejemplificada en la contradicción

Apetece hablar de vino, y más después de tanta imagen bucólica aparecida bajo el epígrafe Visiones. ¡Y qué mejor que hacerlo con una vieja botella de Volnay abierta recientemente!. A pesar de sonar contradictorio, seguramente no será el más fino ejemplo borgoñón que he bebido, pero me ha dado gasolina para volver a escribir y dedicarle unas líneas.


Se trataba de una botella del Volnay 1er Cru Clos-des-Chênes 1989 de Domaine des Comtes Lafon‪. Dominique Lafon, uno de los mejores vignerons de la Côte de Beaune, es conocidísimo por sus blancos de Meursault pero no tanto por sus finos Volnay. Renovador y aperturista, pertenece a una generación de vignerons borgoñones que apostó por el compartimiento de conocimientos y elevó la exigencia técnica dentro de las frías bodegas de la Côte d’Or. 

El pago Volnay 1er Cru Clos-des-Chênes, de 15 ‪hectáreas 40 áreas y 85 centiáreas, es uno de los veintinueve con derecho a clasificarse como 1er Cru en Volnay. Está situado al Sudoeste del núcleo urbano. Linda al Nordeste con Taille Pieds, al Este con Champans, al Sudeste con Les Caillerets y hace de límite de municipal con Monthélie al Sudoeste. Al norte tiene un pequeño lieu-dit del mismo nombre (67a. 36 ca.), parcela que no puede clasificarse con 1er Cru y la parcela comunal Ez Blanches. A partir de allí, la protección del bosque de Chaignot. 

Allí Dominque posee 0,33 hectáreas, tocando las hileras de Michel Lafarge. Los suelos son áridos y poco densos, apareciendo enseguida el subsuelo calizo de origen jurásico, dando vinos complejos, fragantes, más intensos que musculosos. 

Dominique vinifica sus tintos despalillando casi completamente, macerando tres o cuatro días en inoxidable a unos 14ºC antes de empezar la fermentación. Esta, a 32ºC, fija el color y los taninos. Cría sus vinos utilizando 1/3 de madera nueva en sus frías instalaciones de Meursault, embotellando al cabo de 18 meses. 

¿Y cómo estaba el vino? Lógicamente mostraba su evolución, tanto en su visual como en aromática, dejando más palpable su equilibrio en boca, sobre todo en textura, perdurando en el recuerdo cómo un sutil juego otoñal entre el sotobosque, la fruta roja y la tierra. Ejemplificación de la finura y sutileza de los vinos de esas tierras católicas.