La finura de Volnay ejemplificada en la contradicción

Apetece hablar de vino, y más después de tanta imagen bucólica aparecida bajo el epígrafe Visiones. ¡Y qué mejor que hacerlo con una vieja botella de Volnay abierta recientemente!. A pesar de sonar contradictorio, seguramente no será el más fino ejemplo borgoñón que he bebido, pero me ha dado gasolina para volver a escribir y dedicarle unas líneas.


Se trataba de una botella del Volnay 1er Cru Clos-des-Chênes 1989 de Domaine des Comtes Lafon‪. Dominique Lafon, uno de los mejores vignerons de la Côte de Beaune, es conocidísimo por sus blancos de Meursault pero no tanto por sus finos Volnay. Renovador y aperturista, pertenece a una generación de vignerons borgoñones que apostó por el compartimiento de conocimientos y elevó la exigencia técnica dentro de las frías bodegas de la Côte d’Or. 

El pago Volnay 1er Cru Clos-des-Chênes, de 15 ‪hectáreas 40 áreas y 85 centiáreas, es uno de los veintinueve con derecho a clasificarse como 1er Cru en Volnay. Está situado al Sudoeste del núcleo urbano. Linda al Nordeste con Taille Pieds, al Este con Champans, al Sudeste con Les Caillerets y hace de límite de municipal con Monthélie al Sudoeste. Al norte tiene un pequeño lieu-dit del mismo nombre (67a. 36 ca.), parcela que no puede clasificarse con 1er Cru y la parcela comunal Ez Blanches. A partir de allí, la protección del bosque de Chaignot. 

Allí Dominque posee 0,33 hectáreas, tocando las hileras de Michel Lafarge. Los suelos son áridos y poco densos, apareciendo enseguida el subsuelo calizo de origen jurásico, dando vinos complejos, fragantes, más intensos que musculosos. 

Dominique vinifica sus tintos despalillando casi completamente, macerando tres o cuatro días en inoxidable a unos 14ºC antes de empezar la fermentación. Esta, a 32ºC, fija el color y los taninos. Cría sus vinos utilizando 1/3 de madera nueva en sus frías instalaciones de Meursault, embotellando al cabo de 18 meses. 

¿Y cómo estaba el vino? Lógicamente mostraba su evolución, tanto en su visual como en aromática, dejando más palpable su equilibrio en boca, sobre todo en textura, perdurando en el recuerdo cómo un sutil juego otoñal entre el sotobosque, la fruta roja y la tierra. Ejemplificación de la finura y sutileza de los vinos de esas tierras católicas.