08 noviembre 2009
Pequeño tour enogastronómico borgoñón
No, nos engañemos. PoLaKia nunca nació con la vocación de dar rienda suelta a mi visión de la gastronomía ya que, a pesar de tener un interés y curiosidad por las diferentes vertientes de la misma, mis conocimientos sobre la historia y las técnicas de cocina distan bastante de tener la base suficiente. A pesar de ello, me atrevo a lanzar esta entrada del blog con un breve listado de restaurantes y tabernas que he tenido el placer de disfrutar en una breve estancia por la Borgoña, ya que en ellos se alían de forma más que destacable el trato del vino con el saludable acto de sentarse en una mesa para alimentarse.

Bruno: Esta taberna en pleno centro de Dijon está regentada por Bruno, un enochalado de pro, con un interés destacadísimo por los embutidos, la charcutería y cuya carta de vinos presenta una profundidad y rotación digna de admiración. ¿He dicho carta de vinos? Me refiero a las 4 pizarras de nombres repletas de fantásticas referencias, no sólo de Borgoña, sino también del resto de Francia. Cayeron en nuestra visita un delineado Meursault Village 2004 de Lafon, un fantástico y finísimo Chambolle-Musigny 2002 del maestro Mugnier, un irregular Gevrey-Chambertin 1er Cru Aux Combottes 2004 de Dujac, un maduro Vosne-Romanée 2001 de Meo-Camuzet y un Corton Bressandes G.C. 2000 de La Pousse d'Or, por dar ejemplo de alguna de las más de 800 referencias que tienen en la bodega. En ese ambiente es frecuente encontrarte a gentes de la profesión, cómo sommeliers, críticos y bodegueros, y compartir copas, embutidos, quesos y experiencias. El único pero que le pongo a la barra del bueno de Bruno es que no se pueda comer algo medianamente caliente, pero esto seguramente restaría bastante al buen trato y servicio que dispensa a sus comensales.

Chez Guy: En pleno centro de Gevrey-Chambertin se encuentra este restaurante, regentado por Guy y su familia, con él cómo jefe de sala, su mujer e hija acompañándole en el servicio y su hijo detrás de los fogones. Para los que tienen ganas de sentarse a gusto en un ambiente moderno, con la compañía de bodegueros y comer un buen jambón persillé casero o una cocotte de carrillera de vaca cocida durante 12 horas al vino tinto este es su sitio. Además Guy tiene una tienda contigua de vinos y cada día prepara una extensa lista de vinos servidos a precio de coste, por lo que hay que estar muy atentos a la selección y poder seleccionar magníficas referencias, sobretodo de Gevrey-Chambertin, para acompañar la comida. Allí disfrutamos del siempre atractivo Nuits 1er Cru Clos de la Maréchale 2006 de Mugnier o un sorprendente Vosne-Romanée 2006 de Emmanuel Rouget a precios de tienda.

Caves Madeleine: Este pequeñito local de Beaune, regentado por Laurent Brelin, más conocido cómo Lolo, merece una visita obligatoria para todo amante del vino que pase por la ciudad. Se trata de un apasionado del mundo del vino, no sólo del francés, cuyo trabajo y dedicación permiten sentirse al viajero cómo en casa, creando en el local un ambiente de disfrute y afinidad, con el vino cómo vehículo de transmisión. La cocina no anda coja y se complementa de maravilla con una atractiva selección de vinos, a precios muy atractivos.

Ma Cuisine: Otro de los sitios obligatorios de Beaune para el enochalado, eso sí con un ambiente algo más frío, pero con una cocina algo más sobria que Caves Madeleine. En su carta no fallan los buenos escargots à la bourguignonne ni el jambón persillé, y hay que estar atento a los menús a base de trufas, pero les falla algo de mayor creatividad en la cocina. La carta de vinos es abrumadora, con cientos de referencias ordenadas por precios, lo cual supone un cierto desconcierto a la hora de buscar referencias. La mayoría de los nombres que están son muy grandes (DRC, Roulot, Coche-Dury, Roumier, Lafon, etc.) pero le falta algo de riesgo para ser del todo completa. Si estáis cansados de tanto borgoñas (no es mi caso), el resto de la selección francesa es bastante completa, sobretodo en el Ródano. Allí disfrutamos de un maduro Meursault 2004 de Coche-Dury y un elegante y directo Vosne-Romanée La Colombière 2006 del Comte Liger-Belair. El punto a mejorar es la cristalería, que no acompaña para nada la magnífica selección de vinos.

Auprès du Clocher: Seguramente este sea el local dónde más alto se preste el nivel de cocina, ya que se aúnan técnica y tradición en proporciones sensatas. En pleno Pommard encontraréis este magnífico restaurante, dónde el efectivo servicio de sala y la cocina bien trazada de Jean-Christophe Moutet se complementan perfectamente. En lo que se refiere a la carta de vinos, a lo mejor carecerá de la profundidad de las anteriores referencias, pero siempre se pueden encontrar referencias más que interesantes, cómo el Meursault Les Grands Charrons 2004 de Michel Bouzereau o el Pommard 1er Cru Les Arvelets 2001 de François Parent.

Le Chassagne: Nunca debería ponerse la referencia de un restaurante dónde no se ha estado, al menos comiendo, pero no me resisto a indicar este pequeño local situado en pleno centro de Chassagne-Motranchet, creado por un grupo de productores locales quienes le dieron las riendas de la cocina a Stéphane Leger y han logrado una más que consistente reseña en el panorama gastronómico borgoñón. Por desgracia, nuestra reserva no llegó a tiempo y es que es vital que para poder comer en cada uno de los locales mentados (menos en el bar de jamones de Bruno) el realizar la reserva previa, ya que suelen ser locales con bastante afluencia de público.

Espero que esta breve vuelta gastronómica sea de vuestro agrado.

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Escrito por Víctor Franco a las 21:50 | Enlace | Comentarios: 4
31 octubre 2009
El Douro, versión Niepoort
Mis conocimientos sobre el Douro y su vino histórico, el Porto se resumían de la manera más teórica posible y con la cata cómo único lazo práctico, pero recientemente he podido disfrutar de un fin de semana hedonístico e ilustrativo, del que sólo puedo expresar sentimiento de fascinación y agradecimiento por lo vivido durante esos tres días.

El programa del viaje se iniciaba con la visita a las instalaciones que tiene en la Rua de Serpa Pinto de Vila Nova de Gaia la compañía Niepoort Vinhos S.A. dónde nos esperaba Verena Niepoort, quinta generación junto a su hermano Dirk, de los Niepoort y José Rodrigo Nogueira, también la quinta generación de los Nogueira cómo maestros mezcladores de la bodega. Para una mejor y más profunda ilustración de la obra de esta familia bodeguera luso-holandesa os recomiendo el fenomenal artículo escrito por Luís Gutiérrez, ya que mi relato responde más a la necesidad de compartir la experiencia vivida que a la virtud de ilustrar las andanzas de los Niepoort.

Pero sigamos con el relato. En Vila Nova de Gaia la actividad comercial es incesante, con la continúa circulación de camiones cargados de cajas de vino, entrando y saliendo de las diferentes bodegas. Y es que desde la puerta de la bodega se observan unas cuantas instalaciones del grupo Symington. Un breve paseo entre pipas dónde se crían los Colheitas y ver la espectacular sala de crianza de las garrafeiras, bucólico tesoro vinícola, traslada al enochalado de pro al mayor de los estados de emoción. Para abrir boca probamos los Ruby Dam que tira para la fruta, el Tawny Dee de imagen aterradora, el delicioso White 10 Years Old, junto al Late Bottled Vintage 2005, el Colheita 1998, el Vintage 2007, el Tawny 20 Years y el Crusted (embotellado 2007) de la bodega, anotando en el bloc mis preferencias por el 10 Years Old White, el Vintage 2007, que viene muy grande y el Tawny 20 Years, como valor seguro. Andaron muy interesantes también el Crusted, mi primer crusted y el Colheita 1998.

Tras la cata, comimos en la Adega São Nicolau, una muy céntrica taberna de Oporto, dónde bebimos un Navazos-Niepoort 2008, el fruto de la caliza más mineral que he podido probar, un Redoma Branco Reserva 2008, aún por dominar y el OmLet 2005, un joint-veinture entre los Niepoort y Telmo Rodríguez en el Douro que no le acabé de ver la gracia. De postres disfrutamos con una deliciosa Garrafeira 1977 de Niepoort, seria y voluptuosamente densa. La comida valió la pena, con un fenomenal arroz junto a pulpo empanado. Desde pleno centro de la ciudad de Oporto se aprecia una ciudad señorial, histórica, plenamente merecedora de ser patrimonio de la humanidad.

De allí nos acercarnos a otra de las instalaciones de la bodega, en la rua Cândido dos Reis, antigua casa de Osborne en Oporto dónde se realizan las funciones de embotellado y etiquetado de los vinos. Breve visita, aunque tuvimos tiempo de apreciar la belleza de las instalaciones. Desde allí salimos hacia el Douro, dónde nos esperaban en la Quinta de Nápoles. Lástima el no tener más tiempo para disfrutar de la ciudad de Oporto y Vila Nova de Gaia, ya que la imagen que dejábamos era bucólica y llena de belleza. Otra excusa más para volver.


La Quinta de Nápoles con sus 30 hectáreas de viñedos fue adquirida en 1987 por los Niepoort, y en ella se rehabilitó el cuerpo de la bodega, convirtiendo el espacio en una formidable unión entre las pizarras de las terrazas de la Quinta de Nápoles, la Quinta do Carril, los meandros del río Têdo y las instalaciones modernas de la Quinta. Allí es donde se crían los vinos tranquilos del Douro que elaboran los Niepoort.

Justo en la entrada nos encontramos con Dirk Niepoort, alma máter de la bodega, dinámico e innovador, pero con un ojo siempre puesto en la tradición vinícola del país, y cuyo espíritu renovador movió, en gran parte, los cimientos del Douro y alzó en el panorama europeo a los vinos tranquilos del Douro. Con él estaba Luís Seabra, mano derecha de Dirk, un tipo fenomenal con quién pasamos muy agradables momentos. Antes de la cena probamos los mostos de los tanques de fermentación de la cosecha 2009 y catamos los blancos que se crían en diferentes tipos de depósitos y maderas. Sinceramente, ni tengo la formación adecuada ni el interés para hablaros de pruebas, ya que me considero un consumidor y como tal, sólo debo explayarme en vinos que están en el mercado, pero el ejercicio de probar unas 50 muestras en dos días de blancos, tintos y Portos se presentó de manera muy natural y sin suponer un excesivo esfuerzo. Eso sí, me siento incapaz de hacer un informe completo.

En la cena, con la deliciosa comida que elaboró Maria José, cocinera de la bodega probamos un doble Mágnum de Redoma Branco Reserva 2008, un polémico doble Mágnum de Charme 2006, un delicioso doble Mágnum de Batuta 2001 y un Mágnum de Vertente 2007 algo más ligero. El Batuta 2007 muestra las buenas maneras de la añada y el vino elaborado para la Colección 75º Aniversario Vila Viniteca por Niepoort 2007, procedente de un viñedo centenario que fue replantado recientemente, pinta muy bien.

Los generosos vinieron con nombres como el Vintage 1982, el Vintage 1964, Niepoort Tawny 20 Years (Bottled 1983) y un Niepoort 1863 (en formato 37,5 cl.). Sinceramente, demasiadas emociones, pero destacaría la frescura del 1982, la concentración del Tawny 20 Years y el nervio del 1863, maravilloso recuerdo de los Portos del siglo XIX. Para el fin de fiesta a Dirk siempre le gusta romper con un Riesling, en este caso un Riesling 2003 de Niepoort Projectos, seguramente el mejor riesling ibérico que he tenido el gusto de probar, pero quiso sorprendernos con una misteriosa botella etiquetada cómo Quinta de Junco Colheita, embotellada en 1947. Magnífica concentración y profundidad para esa veterana botella.


Al día siguiente nos esperaba en Vale Mendiz, dónde tiene la bellas instalaciones de vinificación la bodega, Nick Delaforce quién se encarga de la coordinación de la vendimia y vinificación de los Portos. Allí pudimos ver el proceso de recepción de la uva, la última de la cosecha 2009, pesado, y control en la mesa de selección previa a su despalillado. De allí se transporta la uva a los magníficos lagares circulares de granito para realizar el bello proceso del pisado de la uva, de manera artesanal, dando inicio a la fermentación, desprendiendo su aroma en el ambiente.

Catamos los mostos ya fermentados y probamos partidas de diferentes pagos. Allí también se cría el Charme, el vino tinto más elegante de Niepoort, dónde probamos diferentes barricas del 2008, junto a un vino que elabora junto a Raúl Pérez. La comida la realizamos con parte de la cuadrilla, en un ambiente muy familiar, junto a unas deliciosas sardinas a la brasa, acompañadas por un Redoma Branco 2008, el tinto de la casa (colhonudo según mis compañeros), el Solar de Serrade Vinho Verde Tinto 2008 (também colhonudo apuntaron), el Dialogo 2007 (versión portuguesa de Alonso Quijano) y acabar junto a una crema casera caramelizada, con unas copas del Vintage 1983 y un Vintage 2007, en formato 37,5 cl. Buen rato de sosiego, entre viñas y pizarra.

De vuelta a la Quinta de Nápoles, subimos al mirador del Douro desde el Casal de Loivos para apreciar la belleza de las terrazas sobre el Douro, paseando por la encantadora estación de Pinhão y ver cómo llegaba la antigua locomotora de vapor que circunvala el río. Aproveche la tarde para escaparme a visitar alguna de las Quintas clásicas de la zona, cómo la preciosa Quinta de Noval, la Quinta de Juncal o la Quinta de la Rosa, entre otras, en una estupenda ronda de sábado por esa hermosa parte del Douro.

Antes de la cena, probamos los otros tintos tranquilos en sus diferentes depósitos, cómo el Fabelhaft, uno de los sustentos comerciales de la bodega o el delicioso Robustus, procedente de la Quinta do Carril y cuya críanza se realiza en bottis venecianos.

Abrimos la cena con sendos Champagnes, uno el Fiével Comte de Marne de Charles Mignon y otro Blanc de Blancs de Jacques Selosse (se trata del Initial con degüelle 2004) mostrándose algo fatigado. Con los blancos secos probamos un Hubacker GG 2005 de Keller, delicioso en nariz pero algo basto en boca, una prueba del Navazos-Niepoort 2008 con unos días de apertura, algo más cohibido que el de día anterior.

En la mesa también se encontraba Paulo Ruão, el enólogo del Viosinho 2008 de Lavradores de Feitoria, un muy interesante blanco con similitudes a una sauvignon fresca, quién nos explicó cómo funciona este interesante proyecto, del que también forma parte Dirk Niepoort. Pero sigamos, ya que tras la decepción de un oxidado Meursault 2000 del maestro Coche Dury, apareció una gran revelación para mi, el Alvarinho Soalheiro Primeiras Vinhas 2008, uno de los Alvarinhos más minerales que he tenido el placer de disfrutar y del que me he hecho seguidor acérrimo.

Pero que no decaiga la fiesta. Con los tintos llegaron grandes botellas. El primero, servido a ciegas cómo la mayoría de los vinos, se trataba de un fino exponente de la elegancia y la profundidad, de nombre Mouchão 1963, y que en mi ignorancia había desconocido la potencial grandeza de este Alicante Bouschet del Alentejo. Un monumento vínico viviente, aunque me dicen que poco tiene que ver con los Mouchão contemporáneos. Le siguió el Saint Joseph 1998 de Pierre Gonon, ¿heredero del maestro Trollat? El tiempo dirá, pero muestra muy buenas maneras.

Una botella muy grande de Robustus 1990, apostillado cómo un vino salvaje en juventud, nos permitió realizar un fenomenal ejercicio de traslación de los vinos tranquilos de Dirk en el tiempo, que se vino a certificar con el Redoma 1991, cuya entereza sorprendía y un completo Redoma 1994. Algo más sutil se mostró el mágnum del Beaune 1er cru cuvée Guigone de Salins 1993 de Louis Jadot elaborado para los Hospices de Beaune, pero no tan intenso ni profundo y es que el nivel había sido muy alto.

Entonces llegaron los Portos con un mágnum del Vintage 1942 de Niepoort que me pareció completísimo, servido junto a dos botellas muy diferente del Três Gerações Porto de Niepoort, un Porto centenario, servido con mucho cariño por Dirk, cómo muestra del buen trabajo que lleva realizando su familia desde 1842. La mejor de las botellas se mostró con grandeza, oxidación y concentración bien ajustadas y un nervio marcadísimo. Pedacito de historia del Douro.

Para finalizar la acidez de la Riesling 2008 de Niepoort Projectos y el Trittenheimer Apotheke Auslese Riesling 2006 de Grans-Fassian, dando por acabada un cena deliciosa a la luz de la luna, con el calor de las paredes de pizarra cómo regulador térmico, junto a una magnífica compañía. ¿Qué más se puede pedir?

El domingo finalmente un café de despedida con Dirk, comida en Oporto, dónde volvimos a comprobar las bondades del Soalheiro PV y para el aeropuerto de vuelta a casa. Este sería a grandes rasgos el fin de semana que hemos vivido, sino fuera que en los pequeños detalles se encuentra lo sublime de nuestra estancia allí. Gracias a los Niepoort y a su importador Vila Viniteca por la experiencia que me han permitido vivir .

Anexos fotográfico:

Niepoort (Vinhos) S.A.

Paseando por el Douro

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Escrito por Víctor Franco a las 00:31 | Enlace | Comentarios: 2
15 octubre 2009
Otra gran interpretación de la riesling pizarrosa
Tras la sesión espectacular en Oberhäusen, todo parecía indicar que nuestras experiencias posteriores en tierras germánicas no llegarían a tales niveles de maestría, pero sin duda nos equivocábamos, ya que la visita a la familia Schönleber vino a confirmar todas las buenas vibraciones y expectativas que el bueno de Werner Schönleber está extrayendo de los viñedos de Monzingen desde mediados de los noventa.

En el patio de esta pequeña bodega familiar, junto a Werner y su esposa Hannelore, conocimos a Frank, el hijo de ambos y quién está recogiendo las buenas maneras de su padre, y está llevando buena parte de las tareas, tanto en el viñedo cómo en la bodega. Una copita de su sekt de puro riesling y para el coche, que nos esperaba Halenberg.

Paseando:

El pueblo de Monzingen, situado en el extremo Oeste del Nahe, se encuentra encajado entre laderas, protegido de los vientos del norte por las colinas Hunsrück, permitiendo un clima muy benigno. En el extremo sur el río Nahe circula con un caudal bastante más restringido, creciendo a su vera las laderas de Halenberg y Frühlingsplätzchen. Aquí los Schönleber poseen 16 hectáreas de viñedos, en las que prácticamente las tres cuartas partes están ocupadas por plantas de Riesling.

Frühlingsplätzchen, cuya cara mira al sudoeste, es una ladera de pizarra, dónde se combina la roja, verde y azul, jaspeada con cuarcita y basalto, destacando la roja y cuyo nombre proviene del advenimiento de la primavera, dónde por su orientación y aireación se inicia antes el deshielo hibernal.

De Halenberg los Schönleber poseen 5 hectáreas de suelos ricos en pizarras azules y cuarcitas. Su mejor parcela, conocida cómo Lay, ocupa la parte central de la ladera y que ha visto incrementada su superficie con las tareas de plantación que se han producido en el año 2007 en una pequeña parcela de 0,64 hectáreas que llevaba 30 años abandonada por el alto coste de producción. En el año 2008 se replantaron dos parcelas de 1,2 hectáreas de extensión, pero estas parcelas se sitúan en la parte superior de la ladera y seguramente su fruto se dedique en el futuro al Mineral.

Nuestro paseo consistió en una vuelta por Halenberg, observando el mayor aporte de pizarra en Lay, apreciando la intensidad de la pendiente, que en algunos casos supera el 70%. Contemplamos las vides que dan el fruto del Mineral, el segundo vino proveniente de este pago y nos cruzamos con Tim Fröhlich, otro reputado viticultor de la zona, quién vino a aplicar un tratamiento preventivo en su parcela de Halenberg.

La verdad es que el paseo da para mucho, ya que a primera vista se aprecia la muy interesante forma de trabajo en el viñedo, pero también se aprecia la barbaridad que supuso la ley del vino del año 1971, que permitió que partes de Halenberg se etiquetaran cómo Frühlingsplätzchen, cuando claramente este último viñedo se sitúa en otra ladera, separada de Halenberg por el valle que ocupa el pueblo de Monzingen.

Catando:


Tras visitar los viñedos volvimos a la bodega, dónde nos esperaba en un espacio idílico, situado detrás del lagar de crianza, almacén dónde se albergan los depósitos de acero inoxidable que suelen utilizar Werner y Frank en sus vinificaciones.

Los básicos rondan un gran nivel, teniendo un Weissburgunder trocken 2008 francamente bueno. Sus Riesling trocken 2008, Lenz 2008, Mineral 2008 presentan una línea muy interesante, aunque la vertical de Mineral con el 2007 y el Mineral 2006, nos hace pensar en una recomendable guarda para estos 2008.

En los vinos secos de grandes pagos, pese a su confusa nomenclatura, destacan también los Frühlingsplätzchen G.G. 2008 y Halenberg G.G. 2008, ambos tremendos por profundidad mineral e intensidad nasal. El Halenberg G.G. 2007 se muestra algo coibido, y los Monzinger Halenberg Riesling Auslese trocken 2002 y Monzinger Frühlingsplätzchen Riesling Auslese trocken 1992, se muestran cómo magníficas botellas, cuya evolución, positiva a más no poder, los convierte en magníficos aliados para la comida.

Con las vendimias tardías, cómo Monzinger Frühlingsplätzchen Riesling Spätlese 2008, Monzinger Halenberg Riesling Spätlese 2008 y Monzinger Frühlingsplätzchen Riesling Spätlese -Rutsch- 2002, me convenzo de que este es el nivel de pradikat en el que prefiero moverme. Para comer a parte el Rutsch 2002, monumentalidad delineada mineral. Un gran vino cuya emoción se sitúa en el recuerdo para siempre.

Antes de entrar en los plenamente dulces, Hannelore nos preparó un delicioso almuerzo, repleto de embutidos típicos de la zona y que nuestras hordas se encargaron de finiquitar en segundos. Tras el ágape, pudimos comprobar que los Monzinger Halenberg Riesling Auslese 2008 y Monzinger Halenberg Riesling 1995 muestran las buenas maneras de los Auslese del Nahe, con magníficos balances entre densidad y dulzor.

Y finalizamos con la pureza de los Eiswein, dónde probamos los Monzinger Halenberg Riesling Eiswein 1999, Monzinger Halenberg Eiswein Riesling 2008, vendimiado el 30 de diciembre a -9,5ºC y el Monzinger Halenberg Eiswein Riesling 2002, vendimiado el 11 de diciembre del 2002, día del aniversario de Frank, a -9ºC. ¿Qué decir? Puesto a discutir la pureza, seguramente me quedaría con el 2002, por mostrar un mayor equilibrio, aunque el 2008 también se explaya en carretillas florales y de mieles, de fascinante sintonía. Un magnífico final de fiesta para esta deliciosa visita al Nahe y cuyo relato espero haya sido de vuestro agrado. Volveremos.

Anexo fotográfico: Weingut Emrich-Schönleber.

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Escrito por Víctor Franco a las 11:02 | Enlace | Comentarios: 3
06 octubre 2009
Miniconcurso
A la espera de la salida del artículo de Emrich-Schönleber, cómo los de The World of Fine Wine, una de las mejores revistas de vinos que se editan me ha bendecido con un ejemplar de más de su Issue 25 y no se han dignado a responderme para su posible devolución, he decidido hacer un breve juego* para quienes estén interesados en recibir el ejemplar de la magnífica revista escrita íntegramente en inglés.

Es sencillo, el juego consiste en responder con un mensaje a la siguiente fácil pregunta. ¿A qué Château pertenece el grabado que aparece aquí abajo y a la postre, en la etiqueta de su vino?


Al primer usuario identificado (abstenerse anónimos) que responda un mensaje en el blog con la respuesta correcta, se llevará el ejemplar con los costes de envío incluidos.

*Una vez finalizado este juego, los datos aportados vía email por el beneficiado serán borrados.

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Escrito por Víctor Franco a las 12:16 | Enlace | Comentarios: 12
29 septiembre 2009
Simplemente Helmut Dönnhoff
Encarábamos la carretera, viniendo desde Schlossböckelheim, dirección a Oberhäusen, dónde se sitúa la Weingut Hermann Dönnhoff, y nuestra desorientación no nos permitía percatarnos de los viñedos que estábamos atravesando, pero sin duda su belleza, realzada por los claroscuros que generaban las intermitentes nubes nos trasladaban a una tierra de fuego y pizarra gris, dónde el pórfido y la vulcanita basáltica confieren a la roca una característica coloración y que al más profano lograría emocionar.

Cruzado el Nahe por el puente de Oberhäusen y en un giro de volante nos plantamos en las instalaciones familiares de los Dönnhoff. Recepción, presentación y primeras impresiones sobre la forma de encarar la vida de Helmut Dönnhoff, rodeado de los suyos y siempre con un fino e irónico sentido del humor latente. Cómo la mañana apremiaba, nos dirigimos a un mirador para apreciar desde la perspectiva sus mejores viñedos.

Los viñedos:

Aunque la panorámica fotográfica de abajo no muestra todos los viñedos que los Dönnhoff poseen en el Nahe, si muestra seguramente los más reconocidos. En la comuna de Schlossböckelheim la bodega posee 2 hectáreas de Felsenberg, un viñedo estrecho y alargado, situado en terrenos plenamente volcánicos, rico en pórfido y en cuyas laderas está ubicado el mítico Türmchen, un pequeño torreón propiedad de Helmut, ideal para momentos de sosiego y cuya mejor parcela dio origen al Spätlese Felsenberg -Türmchen-#11 2001, comercializado vía subasta de la VDP y que a la postre sería uno de los vinos de la velada. De Kupfergrube, la mina de cobre, viñedo histórico y linde geográfico entre los pueblos de Schlossböckelheim y Niederhäusen, trabajan media hectárea. Y siguiendo hacia el Este nos encontramos con Brücke, situado justo debajo de Hermannsberg.

El condicionante microclimático, con el río apenas a unos metros y la composición geológica de los suelos, dónde se mezclan los lodos arcillosos con la pizarra gris tan característica de esta parte del Nahe, confieren unas características ideales para elaborar vinos de vendimias tardías, e incluso Eisweins, y si además añadimos cómo transmisor del terruño a Helmut Dönnhoff, se puede entender el porqué este viñedo se convierte en uno de los nombres a recordar. El único de los pagos que trabajan los Dönnhoff que es enteramente de su propiedad. Por cierto, una curiosidad que deja al descubierto lo liante intrínseco del panorama legislativo alemán y que afectó a este viñedo de rebote. Con la ley del vino de año 1971 las tres parcelas de la algo más de una hectárea de extensión que componen Brücke, pasaron a formar parte de Hermannsberg y cómo tal debían etiquetarse los vinos surgidos de allí. Por suerte, a partir del año 1977 se permitió volver a etiquetar con su nomenclatura correcta, por lo que sí os encontráis con alguna botella de Dönnhoff del período 1971-1976 etiquetada cómo Niederhäuser Hermannsberg ya conocéis su origen.

Siguiendo el curso del Nahe nos encontramos con otro de los nombres a recordar, Hermannshöhle, de dónde los Dönnhoff trabajan 2 hectáreas de hileras, cuya poda y cuidado permiten claramente diferenciarlas de las filas de propiedad estatal, una reminiscencia curiosa y desfasada persistente en el viñedo alemán. Aquí la proporción de pizarra gris azulada marca mucho la tipología de los vinos, haciéndoles brillar en mayor grado con sus Rieslings secos o a niveles pradikats bajos, siendo en los Spätlese dónde más brilla su mineralidad. Ladera de curva abierta, con buena aireación y de orientación Sur/Suroeste presentando una bella estampa.

Pasado el pueblo de Niederhäusen encontramos la hectárea de Dellchen, un viñedo que conjunta en perfectas proporciones la pizarra y la vulcanita, y de cuya mejor sección se elaboró el Spätlese Halbmond 2004, sólo comercializado también mediante subasta de la VDP; y en propio Norheim, 1,5 hectáreas de Kirschheck y en Bad Kreuznach, Krötenpfuhl y algo de Kahlenberg que suele destinar para su Riesling QbA básico. Se tratan de pagos históricos del Nahe, pero los entendidos dicen que no suelen alcanzar la grandeza que logra Helmut con los vinos de Schlossböckelheim, Niederhäusen y Oberhäusen, extremo que se me escapa por la pura lógica de que nunca se me ha presentado la oportunidad de probar una botella de los mismos.

Las 20 hectáreas de extensión de viñedos que trabajan los Dönnhoff se complementan con las algo más de 2 hectáreas de la ladera de Leistenberg, en Oberhäusen, el primer viñedo que trabajó la familia, situado al sur del río y en cuya cota más alta, conocida como Felsenberg, hay plantadas, aparte de Riesling, Weissburgunder y Grauburgunder, que Helmut emplea para elaborar monovarietales de estas castas, además de procede de aquí la Riesling que da fruto al Tonschiefer. El 80% del viñedo está cubierto de Riesling y en el restante 20% lo conforman las otras dos variedades de uva. Testimonialmente Helmut ha intentado vinificar alguna curiosidad con estas variedades, cómo fue el caso de la añada 1991, donde se dieron las condiciones adecuadas para elaborar un Eiswein de Grauburgunder, pese a que por lo que parece al propio Helmut no acabó de verle la gracia al asunto y no volvió a intentarlo. De aquí mismo también salen las uvas del Sekt que elabora la bodega, y cuyo consumo se destina a familia y amigos.

La vinificación:

Desde la propia viña, segmentando las diferentes vendimias por parcelas y en distintos bloques, según las diferentes especificaciones para cada tipología de vino se inicia el proceso de vinificación, intentando trasladar cada característica de cada pago y adaptarla a su vinificación. Un ejemplo, para el Grosses Grëwach de Hermannshöhle vinifica la parcela más anciana, dónde más impera la pizarra gris y las raíces penetran a mayor profundidad, dando así vinos nítidamente minerales.

En la bodega Helmut posee toneles de madera de 1200 litros de capacidad, aunque le suele gustar combinar la fermentación y crianza de sus Rieslings con los tanques de acero inoxidable, dependiendo su periodo de estancia según los niveles de acidez. Si la añada presenta niveles de acidez altos emplea la madera de forma más prolongada y si es el caso contrario, prolonga más su estancia en inoxidable. Vinificación poco intervencionista pero siempre bien definida y perfeccionista.

La cata:

Ante la inminente cercanía del mediodía, antes de iniciar la cata, la mujer de Helmut, Gabi nos preparó un variado almuerzo con alguno de los productos típicos de la comarca y para acompañar el opíparo buffet, bebimos los básicos de la casa con las variedades francesas, cómo el Grauburgunder Trocken 2008, el Weissburgunder Trocken 2008 y el Weissburgunder -S- 2008, una selección vinificada en barrica. Buen nivel que se vio complementado con el salvaje y vibrante Riesling Trocken 2008 que vuelve a mostrar sus bondades, vendimia tras vendimia.

A la postre, con ese vino daríamos el pistoletazo de salida a la cata. La primera tanda, sería formado por la línea básica de secos empezando con el Tonschiefer Riesling 2008, el Felsenberg Riesling Trocken 2008, dando paso a los Dellchen GG 2008, Hermannshöhle GG 2008 y 2007, viéndose para esta línea muy buenas sensaciones, recordando a lo que hemos estado viendo con la añada 2007 superada ahora mismo en niveles de acidez, algo menos de madurez, pero templándose en grado alcohólico. Destellos minerales pulidos en Hermannshöhle GG 2008, con esa estructura tan bien definida que marca siempre los vinos de esta viña, con una interesantísima comparativa con su hermano 2007 y de la cual aún no se qué opinión extraer, y sin perder de vista a Dellchen GG 2008 que le va a la par en profundidad y estructura. Además se sirvieron un enorme Norheimer Dellchen Spätlese Trocken 1998 y un Dellchen Spätlese 1997, interesante pero sin llegar a los niveles del 1998.

En este punto de la cata llegaron los semidulces, con el Riesling 2008 cómo primera entrada, un QbA de libro, el Leistenberg Kabinett 2008 mostrándose ligeramente vibrante y un 1990 del mismo pago y nivel de Pradikat para mostrarse pleno y sin fisuras. A partir de aquí asomarían los Spätlese, dónde mejor brilla la mineralidad y el nervio de los vinos de Helmut, con el Brücke Spätlese 2008 estelar, y una vertical en toda regla del Hermannshöhle Spätlese con ejemplares de la vendimia 2008, 1998, 1989 y 1966. El primero viene muy grande, con todas las buenas sensaciones de la añada, pasando a otro portento de austeridad que es el 1998. La Añada 1989 mostraba muchas trazas de juventud, por lo que no me importaría tener una botella para ver su evolución y el 1966, curioso y ahumado, con los recuerdos a katsuobushi que dan los Riesling más ancianos, aunque parecía decirnos que su mejor tiempo ya paso.

En el año 2008 Helmut ha decidido no elaborar Auslese, ya que los niveles de cantidad de uva botritizada no alcanzan sus mínimos exigibles y prefiere dedicar las mejores uvas a los Spätlese. Por eso nos sirvieron Brücke Auslese 2007 y 1997, y así jugar con un añada clásicas en vendimias tardías y su hermanos del 1997, más pleno y con un recorrido trabajado más complejo. Por suerte en el 2008 vuelve a producir Eiswein y no sólo uno sino dos, Brücke Eiswein Dezember #21 2008, vendimiado el 30 de diciembre ya que se alcanzaron los -11ºC y el Brücke Eiswein Januar #22 2008, vendimiado el primer día de enero del 2009 con una temperatura de -18ºC. ¿Existe algún vino más puro que un Riesling Eiswein de Dönnhoff? Dedicaremos parte de nuestra vida en su búsqueda, aunque en ese momento el mayor debate era lograr poner a los dos en competencia y distinguir si existía algún tipo de superioridad entre ambos y la labor se convirtió en una tarea imposible.

Y cómo cierre y colofón, y dado que Helmut estaba próximo a celebrar su 60 aniversario bajó a la bodega en búsqueda de un vino que sirviera para tan magnífica tarea y se trajo una botella del Felsenberg Riesling Spätlese -Türmchen-#11 2001, vino de subasta VDP, parangón perfecto de esa línea tan sutil y poderosa que se alcanza con los Spätlese, juego de acidez, dulzor y mineralidad resuelta de forma maestra.

El paseo:

Finalizada la cata, y aprovechando que el sol volvía a asomar por detrás de las nubes, nos fuimos a pasear por los viñedos. Primera parada Hermannshöhle, dónde apreciamos los estragos de la erosión, cuyos efectos se intentan mitigar con el uso de una capa de paja seca, junto a compost propio, que les permite una mayor retención de la pizarra. El riesgo es que al tratarse de viñedos trabajados mediante tratamientos fitosanitarios biológicos, el uso de este tipo de sistemas puede provocar la aparición de plagas de polillas y en el justo uso de los mismos se encuentra la virtud. Aquí la Riesling ya empezaba a mostrarse madura, aunque aún le quedaba un mínimo de un mes de maduración para llegar a su cénit.

De allí, para Felsenberg, pasando por Kupfergrube. Un paseo apreciando la roca madre, que se muestra salvaje sobre el viñedo sin que la mano del hombre la haya domado y la pronunciada pendiente de alguno de los puntos de este alargado pago, hasta llegar al torreón dónde pudimos apreciar la visión del Nahe y Oberhäusen desde una perspectiva un tanto diferente. Una excursión que alcanzó su mayor grado de dificultad cuando iniciamos el descenso hacia las vías del tren que circulan paralelas al río, cruzando los viñedos repletos de afilada y resbaladiza pizarra, dirección al túnel que nos llevaría a Brücke.

Tres parcelas, a casi el nivel del Nahe, las dos primeras con las hileras de Riesling plantadas paralelas al río y la última, perpendicular al mismo. Curiosamente aquí la erosión está teniendo un efecto beneficioso, ya que las lluvias hacen que se aposente partes de pizarra de los pagos superiores y se vaya incrementando su proporción frente a los lodos arcillosos, más típicos de una ribera fluvial. De allí, vuelta al coche y hacia Oberhäusen.

Una jornada memorable que tendría su cierre con una cena en el restaurante que hay a los pies de Hermannshöhle, pero eso ya queda en el ámbito privado. De allí a coger las sábanas para soñar en la experiencia vivida sin sospechar que al día siguiente vivirímos otra jornada memorable.

Anexo fotográfico: Weingut Hermann Dönnhoff

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Escrito por Víctor Franco a las 23:57 | Enlace | Comentarios: 14
26 septiembre 2009
Rüdesheim por tierra, río y aire
Al día siguiente el punto de encuentro se situaba en el carillón del Rüdesheimer Schloss dónde nos encontraríamos con Heinrich Breuer quién, juntamente con su sobrina Theresa, han cogido las riendas del negocio familiar, en todas sus vertientes, tanto en la bodega cómo con la gerencia de los hoteles y restaurantes que poseen en Rüdesheim.

De allí nos fuimos a visitar una parte de la bodega subterránea, dónde reposan los toneles y depósitos de acero inoxidable para los Rieslings, junto al botellero donde los Breuer guardan parte de su bodega privada. Ambiente húmedo, muy húmedo, excesivamente húmedo, dónde los vinos reposan tras la fermentación y dónde uno no puede acabarse de imaginar trabajando con esas condiciones en pleno invierno, cuando más aprieta el frío. Breves explicaciones sobre la vinificación y realizamos otro salto a otra de las instalaciones, recientemente acondicionadas, dónde se vinifican los Pinots, tanto tintos cómo blancos. Sorprende al más profano en la materia encontrarse en uno de los corazones de la Riesling barricas de roble que rezan nombres como Radoux o François Frères, pero son las cosas que tienen la cada vez mejor salida comercial que reciben los Spätburgunders, Grauburgunders y Weissburgunders.

En las mismas instalaciones, aprovechamos la sala de catas acondicionada para probar sus 2007, algo que nos sorprendió ya que parece que el tirón comercial de esta gran añada no ha ido acorde con la calidad de la añada. Sus secos 2007 son vibrantes y delineados, destacando un Berg Rottland salvaje, aunque su cata ahora mismo se convierte más en un ejercicio técnico que placentero. Algo más críticos fuimos con un dulce que vinificaron en una barrica de roble el año 2003, y se embotelló bajo el nombre de Elysum BA 2003. Un Beerenauslese de año complicado sin sentido.

Sosegadas nuestras ansias, nos dirigimos al telesilla que nos llevara al Niederlwald, monumento histórico germánico, situada en la cima de la ladera de Rüdesheim. El trayecto nos permite observar una preciosa panorámica, dónde se aprecian Berg Rottland, Berg Roseneck y Berg Schlossberg al Oeste y la preciosa Abadía de St. Hildegard al Este, atravesando los viñedos de Rosengarten, Bischofsberg y Drachenstein, dejando atrás Rüdesheim. La idea es llegar a este punto más elevado y atravesar caminando los viñedos hasta llegar al castillo de Ehrenfels, castillo que da nombre a la montaña del castillo de la montaña (es lo que tiene de enrevesado el alemán, que para traducir Berg Schlossberg hay que hacerlo en modo bucle). Bajamos por Drachenstein dónde podemos disfrutar del trabajo en viña mediante tractor, dirección a Berg Roseneck siguiendo una pista que nos llevara a Berg Schlossberg, en dónde las pendientes van ganando en inclinación y los suelos se componen de mayor proporción de pizarra desmoronada, junto a cuarcita. Y es que en su formación el Rin encontró entre Wiesbaden y Bingen una pared de cuarzo que no le permitió avanzar hasta encontrar aquí la pizarra que le llevara por el Mittelrhein.

Estábamos en pleno día soleado de agosto y eso se notaba, ya que andamos un par de kilómetros por algunas de las 30 hectáreas que posee la bodega, 23 aquí, en Rüdesheim y 7 hectáreas en Rauenthal y necesitábamos un refrigerio que nos aliviara el paseo bajo el sol. En la parte más occidental del viñedo, mirando a Bingen, había preparada una mesa y aprovechamos para almorzar allí. Buenas vista, buen vino, mejor compañía y un buen tazón de sopa caliente de verduras. ¿Qué más se puede pedir?

Descansados, proseguimos nuestra marcha atravesando antiguos bancales y terrazas, dónde antaño habían plantados viñedos, abandonados por su alto coste y dificultad de trabajo y cada vez más escondidos por el bosque. Íbamos dirección a Assmannhausen, pueblo dónde se concentran los mejores viñedos de Spätburgunder de la región, con el pago Höllenberg a la cabeza. Allí cogeríamos un ferry de vuelta hacia Rüdesheim, para poder contemplar la ladera con una magnífica luz de atardecer.

Un paseo por el Rin, cuyo tráfico fluvial nos sorprendió por lo denso, pasando por la desembocadura del Nahe en Bingen, dejando el Hesse Renano a nuestro estribor. Este trayecto nos llevaría de vuelta a la ciudad, recargando nuestras pilas, agradeciendo a los Breuer el trato que nos habían dispensando, con las maletas preparadas para dirigirnos al día siguiente al Nahe.

Anexo fotográfico: Weingut Georg Breuer.

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Escrito por Víctor Franco a las 17:53 | Enlace | Comentarios: 0
17 septiembre 2009
Comprometidos con los lodos del Rin
Tras cruzar el río mediante el ferry de Bingen, dirección a Rüdesheim y disfrutar de las panorámicas vistas de la colina, justo en el punto dónde se encuentran el Nahe, Rheingau y el Hesse Renano, llegamos a Rüdesheim. Una ciudad medieval, con cierto encanto retro, de turismo muy relacionado con el vino, pero a la vez, parece ser el paraíso de la tercera edad, con un marcado acento en el divertimento para esas edades. Paramos para tomar las instalaciones del Rüdesheimer Schloss, la que sería nuestra casa durante la visita por el Rheingau y prepararnos para ir a Oestrich a visitar a los Kühn, quienes ya habíamos tenido el placer de conocer durante la presentaciones de Vins Alemanys en Girona.

Pero cómo era ya la una del mediodía, lo mejor era ir a comer antes de la visita, y utilizamos el Zum Krug de Josef Laufer en Hattenheim cómo punto de encuentro con Angela y Peter Jakob Kühn. Allí descubriríamos un manjar que nos acompañaría durante todo el viaje, el wildschwein (vamos, jabalí), tanto en su versión ahumada cómo en sus diversas formas de cocinarlo. Además, de paso, con los vinos servidos descubriríamos que a los Kühn les gusta usar el término vollmundig (algo así cómo grandioso u ostentoso) para referirse a sus rieslings más dulces. Una buena comida, con un marcado acento local.

De allí, para bajar la comida, un paseo por las viñas, con los loess arcillosos y los guijarros de cuarcita del G.G. Doosberg cómo primera parada, dónde Peter Jakob relató la influencia del Rin en este viñedo, dónde la colina no muestra una excesiva pendiente y la exposición permite una óptima madurez. De allí provienen también las uvas del Quarzit, su segundo vino. La conversación derivó hacia los tratamientos de protección del viñedo, ya que la bodega posee el sello de calidad bio, cada vez más extendido por el viñedo germánico.

Y ya que estábamos en esa tesitura, subimos a Hallgarten, hasta la parte superior de la ladera, para poder apreciar toda la extensión de la colina y además, justo en el linde con el bosque, descubrir una parcela dónde Peter Jakob tiene su zona de compostaje, dónde procesa su propio abono orgánico, formado por compuestos del propio viñedo, forrajes especialmente seleccionados y estiércol de una explotación ganadera ecológica muy cercana, controlando en todo momento su procesamiento y descomposición.

Tras la lección, bajando paralelos al G.G. Lenchen (el otro nombre a recordar de la bodega), nos dirigimos hacia las pequeñas instalaciones de la bodega, que se sitúan justo a los píes del G.G., dónde realizaríamos la cata de sus riesling, tanto de sus rieslings secos básicos, cómo el nuevo básico de la bodega, el Jacobus Riesling trocken 2008, cómo sus dulces, destacando su St. Nikolaus Auslese 2008, un viñedo que se sitúa muy cercano al río, entre los pueblos de Oestrich y Mittelheim, perteneciendo a este último y especialmente favorecido para poder realizar vendimias tardías, siempre destacando por su frutosidad. De la cata, a modo de resumen se podría extrapolar un correcto nivel cualitativo para la añada 2008 pero algo descompensado en su rango de precios. En dulces, una añada clásica y fresca.

De allí, acompañados por los Kühn, visitamos la histórica propiedad benedictina de Schloss Johannisberg. Está escrito que en esta propiedad, desde 1718 el Obispo-Principe de Fulda, Heinrich von Bibra, mandaba por escrito el permiso para iniciarse la vendimia mediante un jinete. Por algún motivo el año 1775 el jinete llegó muy tarde a su acometido y las uvas se habían visto afectadas por la muy noble botrytis cinerea, iniciándose así la magnífica historia de las vendimias tardías alemanas con la Riesling. Propiedad histórica, productora de vinos que actualmente no reflejan su histórico origen y en cuyos viñedos pasa el paralelo 50º, extremo límite norte histórico de la supervivencia de la vid.

Finalizada la visita nos despedimos de Angela y Peter Jakob para dirigirnos a Rüdesheim dónde encontrarnos con Theresa Breuer para cenar con ella, en lo que sería uno de los mayores ágapes pantagruélicos que he tenido ¿el placer? de asistir, no apto para espíritus frugalistas, en el Rüdesheim Schloss, al más puro estilo Oktoberfest, repasando todo el cancionero popular alemán, parte del estadounidense y algún que otro ¡Y viva España!, magna obra de los maestros Caerts y Rozenstraten. Pero quede este recuerdo en el limbo y sigamos con la visita al día siguiente, junto a Heinrich Breuer.

Anexo fotográfico: Weingut Peter Jakob Kühn.

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Escrito por Víctor Franco a las 19:06 | Enlace | Comentarios: 7