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Anjou Pur Breton 2004 de Oliver Cousin

De ese oasis de vinos sin artificios a precios moderados que es el Loire surge la figura de Oliver Cousin, un comprometido vigneron situado en Martigne-Briand, un pueblecito cercano a Angers, en la región de Anjou.

Su compromiso es sencillo. La búsqueda de la autenticidad del vino a través de un cultivo biológico concienzudo y un proceso de vinificación basado en la menor intervención posible. Gracias a Vins-etonnants.com podéis observar gráficamente tanto el cultivo de la viña, la vendimia y el proceso de vinificación, con ese regusto tan rústico, pero a la vez tan auténtico.

De un viñedo de viejas plantas de Cabernet Franc surge este vino de precioso rojo cereza, con no mucha capa. Brillante, pero presentando ligueras partículas en suspensión. En boca se muestra con la frutalidad de la grosella, fresca y ácida, con matices de flores secas y tierra mojada. De buena fragancia, una nariz algo deslazada, pero mostrando vivacidad. En boca denota esa chispa de acidez, tan clásica en los Anjou jóvenes, mordaz pero a la vez fresca. De estructura correcta, muestra ligereza en el tacto, volviendo a dejar esas agradables notas de fruta roja y herbáceos, con alguna sensación balsámica, y dejando un carácter algo austero. Un final bastante prolongado nos indica que puede ir mejorando en botella durante un prolongado espacio de tiempo, 85 PF.

Sirva esta pequeña nota de cata, en tiempos de tan poco sosiego, para dar a conocer la pequeña tienda que ha abierto Benoît Valée en pleno barrio barcelonés de Gràcia, con el nombre L'ànima del vi y donde pude comprar este Anjou por 9 euros. Se trata de una muy buena selección de vinos “naturales” (clasificación que me saco de la manga, englobando tanto los vinos de cultivo biológico, como los ecológicos, los de 0 sulfuroso, biodinámicos, etc.), tanto españoles como franceses, a precios muy competitivos. Un consejo, si os atrevéis, probad el Morgon de Marcel Lapierre, tanto en su versión con S02 y como en la sin S02. Se trata de un interesante ejercicio de cata, aunque si no apreciáis diferencia, al menos estaréis disfrutando de un delicioso vino.

Anjou Effusion 2002 de Patrick Baudouin

Ya estamos de vuelta y para iniciar esta nueva singladura, hablaré de uno de esos blancos secos de Loira que tanto apetecen. Pese a tener unos orígenes que datan de 1920, este domaine (y su filosofía) nació realmente en 1990, cuando Patrick Baudouin cogió las riendas del negocio familiar y lo convirtió en uno de los mejores productores de vinos licorosos del mundo. Actualmente poseen 10 hectáreas de viñas en producción, 7 de Chenín Blanc, 3 de Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon, en los municipios de Chaudefonds sur Layon, Saint Aubin de Luigné, Rochefort sur Loire y Saint Germain des Prés, en pleno Anjur.

Desde el 2002 sus cultivos son merecedores del certificado de agricultura biológica. En 1997 se inició el trabajo de recuperación del suelo, abandonando el uso de herbicidas químicos, y a partir del 2001, los tratamientos con productos de síntesis. Su filosofía se puede resumir, a grandes rasgos, en una vinificación poco intervencionista, siguiendo los dictámenes que marcan las pautas de la naturaleza, pero sin olvidar el factor humano que pueda aporta el enólogo. Para ello, debe de servirse una uva en perfecto estado, obtenida de unos viñedos cultivados siguiendo parámetros respetuosos con el medio que conforma el viñedo.

Effusion se elabora ensamblando el fruto de dos parcelas de Chenín (también conocida en la zona como Pineau de la Loire), una situada en las laderas de Ardenay (Chaudefonds sur Layon), con suelos de composición argilo-arenosos sobre pizarras micáceas, rhyolite y roca volcánica ácida; y la otra parcela en las laderas de Bruandières (Saint Aubin de Luigné), de suelos arenosos, micas, cuarzos silíceos y pizarras carboníferas. No, tranquilos, no me he apuntado a un curso de verano de geología, el porque de esta lista sin sentido de estratos se explica por la composición geológica que forma el suelo de los viñedos, fruto de una erupción volcánica, y de la que Baudouin extrajo la marca comercial de Effusion. Cosas de los terruñistas.

Respeto a la vinificación, sin chaptalización, Patrick Baudouin realizó fermentaciones lentas en barricas de 2º y 3er año, terminando la fermentación maloláctica en junio del 2003 y embotellando en febrero del 2004, con unos niveles de azúcar residual de 2,6g/l.

En cata es de esos Chenín subidos, con un precioso color dorado viejo, brillante y denso en el movimiento. Nariz joven, diferente, con personalidad pero marcada por ese carácter maduro y austero de los buenos Chenín. Recuerdos de caramelo de miel, hierbas secas y pipas de girasol pincelan una nariz de intensidad media, con buen fondo floral. En boca se muestra aún muy austero, secante, algo agresivo y con una acidez muy viva, que le confiere una sensación refrescante. Buen final largo, dejando un carácter amargo, entre cítrico (pomelo) y madera. Se trata de un blanco bastante placentero, pero si tuviese una botella de él esperaría para volver a probar, ya que parece mostrar buenas maneras para evolucionar positivamente. 89 PF

Los vinos de Patrick Baudouin son importados a España por Lavinia y este Effusion lo compré en tienda por poco menos de 12 euros.