Tres días en Sanlúcar de Barrameda

Ya me perdonareis, pero el intentar comprimir lo vivido durante el pasado fin de semana en unas breves líneas se me hace algo difícil, por lo que me tomo la licencia de intentar resumirlo con unas pinceladas mal trazadas.

La tarea de descubrir los entresijos de una ciudad como Sanlúcar de Barrameda en tres días se hace prácticamente imposible, pero gracias a Álvaro Girón y su contagioso amor por la villa ribereña, pudimos absorber el máximo de información posible en tan breve intervalo de tiempo.

Ya fuera descubrir lo que realmente significa el cambio de clima que se produce cuando deja de soplar el Levante y surge esa turbina natural que es el Poniente, u observar la puesta de sol mirando hacia el Coto de Doñana desde las terrazas de los restaurantes de Bajo de Guía, produciéndose una maravillosa paleta de colores, o la sensacional vida social que tiene la Plaza del Cabildo, dónde los niños juegan junto a la fuente, mientras los padres se relajan con unas papas aliñás en Barbiana, o unas huevas en la Gitana o una tortilla de camarones o un platillo de caña de lomo en Casa Balbino. Disfrutar de la manzanilla de garaje que te sirven en La Sacristía, mientras comes su fantástico bacalao confitado, o pescar frente las playas del coto, viendo un festival de saltos en aguas turbias de color esmeralda.

Pero no todo ha sido positivo en esta visita. Resulta entristecedora la pérdida cada vez mayor de un conjunto urbanístico histórico tan rico, con la transformación de edificios históricos en verdaderos ejemplos de mala planificación urbanística o movidos por la crisis constante en la que viven las bodegas del marco, que se ven obligadas a vender sus bodegas situados en el interior de los cascos antiguos de las ciudades.

De vinos de crianza biológica y bodegas visitadas, en próximas entradas, intentaré exponeros las sensaciones vividas, ya que pudimos observar las diferencias entre las bodegas del barrio bajo, como Sánchez Ayala, las del barrio alto, como la que tiene Hijos de Rainera Pérez Marín (La Guita) en la calle Misericordia, o en el Sanlúcar Viejo, con la otra bodega que posee la Guita, finalizando por una grandiosa visita a las instalaciones del grupo Estévez (Real Tesoro y Valdespino) en Jerez. Y la suerte de poder compartir un rato de charla con los capataces y enólogos de la bodega. Eso no tiene precio.

Y de paso, ver las viñas, aunque fuese desde la carretera le hace conciliar a uno con la idea que en el Marco también existe un concepto terruñista, dónde la clasificación de pagos, como Macharnudo, Miraflores, Balbaína, Telégrafo, etc. influyen también en el proceso de elaboración, pese a que exista una cierta desconexión mental, desde el punto de vista del consumidor.

Un consejo, si no tenéis a mano un Girón de guardia y tenéis intención de visitar la ciudad, se hace obligatoria la lectura del magnífico artículo aparecido en ElMundoVino.

Más reportes en próximos días.

IEC #2 Jurançon Sec Cuvée Marie 2001 de Charles Hours

Aquí va mi pequeña aportación para la blogosfera iberoamericana con un vino elaborado en un país que no forma parte de la influencia hispánica para la segunda edición de la IEC.

En el corazón del Jurançon, en plena región de la Aquitania francesa, pero de descendiente histórica navarra, se sitúa la villa de Monein, dónde Charles Hours y su hija Marie trabajan desde 1983 sus viñedos, con una superficie actual ede 14 hectáreas de viñas.

Las hermosas terrazas de Monein, orientadas hacia el Este son ricas en suelos calcáreos, alternando con rocas de tipo arcillosas y cantos rodados y gracias a su pendiente media, los viñedos presentan un buen drenaje y su sistema de conducción, levantando la viña hasta los 3 metros, les permite evitar las heladas. Aunque mayoritariamente en el viñedo hay Petit Manseng, esta se emplea para el Uroulat Jurançon, un vino dulce delicioso. La Cuvée Marie se compone mayoritariamente por la Gros Manseng (entorno al 90%), jaspeada por un pequeño porcentaje de Petit Courbu.

Vendimias manuales a partir de mediados de octubre, se inicia la vinificación del cuvée Marie pasando el racimo entero (con raspón) por la prensa neumática horizontal, de forma lenta, y por gravedad, se pasan a barricas usadas (sólo se usa un 10% de barricas de roble nuevas) para que realicen la fermentación y crianza, que durará entorno a los 11 meses.

Pero vamos a su descripción. De visual se muestra amarillo dorado, brillante y vivo. Nariz menos frutal que en anteriores añadas, pero con los aromas de albaricoques mostrándose en plena intensidad, con algo de piel de mandarina y citronela, con un fondo de paja seca. En boca se muestra muy seco, con un conjunto ácido, casi hiriente, con reminiscencias de pomelo y piña natural. Es este conjunto tan contundentemente ácido el que puede echar a hacia atrás al consumidor acostumbrado a los vinos planos. Se presenta menos amielado en conjunto otras vendimias antes probadas, pero sigue mostrando una gran persistencia y carácter propio, siendo una gran referencia como blanco seco, 89 PF.

En Barcelona, para comprar los vinos de Charles Hours, los encostrareis tanto en Lavinia, dónde compré este 2001 por 11 euros, como Lafuente.

Y ahora tres días de relajación por Sanlúcar de Barrameda, así que, nos leemos a la vuelta.

Piedras de toque para con Philippe Pacalet

El pasado jueves la tienda Lavinia de Barcelona ofreció a sus socios la oportunidad de probar los vinos y charlar con Philippe Pacalet, pequeño productor borgoñón con una interesante filosofía de trabajo.

Conocido por su anterior labor como enólogo, formó parte durante diez años del Domaine Prieuré Roch, hasta el año 2001 cuando decidió iniciar su propia empresa motivado por la posibilidad de sacar adelante el vino de la forma más natural posible, tal como le transmitiera su mentor Jules Chauvet.

Para ello trabaja 8 hectáreas de viñedos en régimen de alquiler, llegando a producir hasta 20 etiquetas diferentes, salpicando toda la Côte d’Or. El 80% de su producción es de vinos tintos (Pinot Noir) y el resto, blancos (Chardonnay y Aligoté). Su trabajo se definiría como la de un terruñista, intentando coger lo más sensato de los biodinámicos en el trabajo del viñedo y a la vez manteniendo los parámetros expuestos por la escuela clásica borgoñona. Recuperación biológica de los viñedos, aplicando productos orgánicos e intentando dejar de lado los productos de síntesis y bajos rendimientos podrían ser sus señas de identidad en la viticultura.

Se aplica un tratamiento individual de cada parcela, con una selección en el mismo viñedo durante la vendimia manual e implementando las levaduras indígenas propias que aportan las plantas. En el trabajo de bodega, lo menos intervencionista posible (define su vinificación como la del vago), se aplican maceraciones de 3 semanas para los tintos, sin controles de temperaturas y realizando fermentaciones largas. El proceso de crianza se realiza en barricas de roble con sus propias lías durante un periodo entorno a los 14-16 meses. Sólo se añade azufre pasado el trasiego previo al embotellado, sin filtrado final y esperando que las condiciones atmosféricas sean propicias. Para los blancos, las fermentaciones, tanto alcohólica y como maloláctica, son producidas de forma natural en barricas de roble de primer y segundo año, durante 10 meses.

Para ver el reflejo de su tarea, se dieron a catar cuatros vinos:



Saint Aubin 1er Cru En Remilly 2005 de Philippe Pacalet:

Esta es una de mis parcelas favoritas, ya que suele presentar unos vinos muy delineados y minerales a precios mantenidos, y en esta ocasión, la interpretación de Pacalet no defrauda. De visual amarillo pajizo, con destellos verdosos, de buen movimiento. Inicialmente muy primario, con aromas nítidamente frutales, predominando la manzana verde, ligeros toques de levadura, con los anisados algo marcados y con la madera discretamente presente. Buen carácter en nariz, pero que la botella debe hacer ganar en complejidad. En boca es seco, denso, presentando un estructurado paso en boca, dejando un final austero, pero punzantemente anisado.

Chambolle-Musigny 2004 de Philippe Pacalet:

Procede de un ensamblaje de parcelas en este noble pueblo de la Côte de Nuits. De visual algo turbia, con una ligera capa, presenta una nariz fragantemente abierta, dónde los aromas de fruta roja se muestran delicadamente envueltos por los florales, con un carácter típicamente Chambolle, pero ligeramente afectado por la presencia tenue de volátil y un carácter que se puede observar en el resto de la gama de tintos que podría definirse como balsámico. En boca muestra un conjunto ya muy hecho, ligero, con una textura sápida, con un postgusto de bacon ahumado agradable. Las condiciones de la añada parecen mostrarnos un vino en el que no será necesario esperar mucho para disfrutar de su esplendor.

Pommard 2004 de Philippe Pacalet:

De 1 hectárea en este pueblo de la Côte de Beaune se refleja en una visual también algo difusa y misma capa que el Chambolle. En nariz presenta más rusticidad, con aromas animales más presentes, y alguna extraña nota de concentración, como similitudes a la salsa Lea & Perrins. No acaba de convencerme lo que me ofrece este vino. En boca muestra una mayor sensación áspera, mayor cuerpo pero menor estructura. Carácter más amargoso en el final.

Gevrey-Chambertin 1er Cru Lavaux Saint Jacques 2005 de Philippe Pacalet:

Nada que ver la visual de este vino con los anteriores 2004. Más subida y con colores más violáceos. En nariz muestra el predominio frutal, con notas de balsámicos entrelazados con notas de etanal. Predomina un carácter más concentrado, supongo que se hace notar que sólo lleva embotellado entorno los 5-6 meses y las bondades de la añada, pero se muestra algo desequilibrado por los aromas primarios. Boca secante y con carácter áspero, cuerpo medio y mayor densidad en tacto. Un vino que necesita ser pulido por la botella, pese a que su crianza no se muestra excesivamente presente.

Estos cuatros vinos no permiten sacar excesivas conclusiones sobre el trabajo de Philippe, pero sin duda es un buen punto de apoyo. Particularmente, me gustó su En Remilly, pero el carácter que imprime a sus tintos no me acaba de convencer, pese a sin duda presentar un carácter diferente y personal.

De continente a continente interpretando la riesling

Siempre es divertido experimentar, y si es en casa, nadie sale herido. Pues bien, disfrutando cada día más con las experiencias en las que interviene la diva (para los profanos en la materia, riesling, la variedad de uva originaria de la alemana región de Rheingau) intenté hacer una aproximación a las interpretaciones que realizan dos interesantes bodegas, sobretodo en sus gamas básicas, de ambos lados del Pacífico (siendo vasta esta diferenciación, ya que no se encuentra exactamente en las costas del más grande de los océanos y como veréis, con la implicación de uva literalmente germánica). Por un lado, de la península de Fleurie cercana al valle McLaren en Australia, el The Dry Dam Riesling 2004 D'Arenberg y del estado de Washington (sic) en Estados Unidos, el Pacific Rim Dry Riesling 2004 de Bonny Doon Vineyard. Todo sea por el sentido didáctico del asunto.

The Dry Dam Riesling 2004 D'Arenberg

Nacida de la compra de la antigua propiedad Milton Vineyards por parte de Joseph Osborn en 1912, es la cuarta generación familiar la que lleva las riendas del negocio, con Chester d'Arenberg Osborn como enólogo principal, se ha convertido en una de las bodegas de referencia del sur de Australia.

60 hectáreas de viñedos situados en las colinas al norte de la ciudad de McLaren Vale, en la región de South Australia son las que trabaja esta bodega. Este Riesling procede de un viñedo cercano a una presa que suele secarse en veranos calurosos y le da nombre. A parte, se mezcla con la fruta de otro viñedo situado al sur de la península de Fleurieu, bañada por las aguas del Índico, y cuyo fruto pasó por una estrujadora Demoisy y a bajas temperaturas controladas realizó su fermentación en tanques de acero inoxidable, añadiéndoles levaduras neutras.

La vendimia del 2004 se realizó el 17 y el 25 de febrero, precedidas de un invierno lluvioso, y una primavera calurosa, que parecían augurar una buena añada, pero un mes de enero muy frío, seguido por un acusado cambio térmico en febrero de elevadas temperaturas, redujo a la mitad la producción de riesling.

Y en cata se muestra de visual amarillo pajizo, con buena densidad en el movimiento, en nariz presenta un carácter prieto, poco expresivo, dónde predominan los aromas florales y anisados, con la evolución, estos aromas se tornan similares a los de coco natural y paja seca. En boca se muestra seco, equilibrado, con un ligero golpe de acidez, algo sobreactuado, pero siendo franco y sin estridencias, 86 PF.

Pacific Rim Dry Riesling 2004 de Bonny Doon Vineyard

Randall Grahm, así de fácil. Cuando hablamos de esta bodega de las montañas de Santa Cruz, debemos conocer a su alma máter, polémico y creativo, diferente personaje, que creara esta bodega tan histriónica en 1983. Para ello, nada mejor para ilustrarse en la obra de Randall que leerse el magnífico artículo de Luís Gutierrez.

La filosofía del Pacific Rim se podría calificar como un intento de aunar lo mejor que le aporta los suelos y el clima del estado de Washington, con las características que le aporta el riesling del Mittel Mosel alemán, complementando hasta con un 25 % del ensamblaje final del vino con uvas traídas en barco, procedentes de la bodega de su amigo Johannes Selbach (Selbach-Oster).

Muestra también un color pajizo, pero con ligera presencia de carbónico. En boca es extremadamente frutal, con muy buenos cítricos, y notas herbáceas pero también presenta aromas curiosos de perejil y jengibre. No se si me he dejado influenciar por su interesante contraetiqueta (ya no aparecen los raciones de sushi), pero esos aromas se muestran muy francos. Nariz directa y fresca, siendo realmente una interpretación de la riesling muy diferente. En boca se muestra glicérico, maduro, directo, pero sin mucha profundidad. Un buen ejercicio, pero que no se acomodará al gusto de puristas. Es cuestión de abrir la mente y pensar en un vino epatante, pero sin los matices que debería aportarle esta variedad. En boca no se muestra tan exagerado en matices florales, pero si fresco, seco y con un toque frutal de piña algo artificioso. Postgusto frutal, con un ligero matiz amargo en el final, 88 PF.

Ambos vinos se pueden encontrar en Lavinia, dónde nos pedirán unos 11 euros por el australiano y 15 por el estadounidense. Buenas compras para estas calurosas fechas.

Il Giro d'Italia versión Milesim

El pasado martes tuvo lugar en el restaurante VinyaRoel la cata presentación de una nueva empresa con base en Barcelona, especializada en vinos italianos, Milesim. En un ambiente relajado y con las estimables explicaciones del sommelier Toni Giuliodori, iniciamos la cata. Y que mejor que con un spumanti de la Franciacorta de Mirabella.

- Franciacorta Brut DOCG S/A de Mirabella
- Franciacorta Satèn DOCG S/A de Mirabella
- Franciacorta Non Dosato DOCG 1998 de Mirabella

Empezamos con el Brut y el Satèn, interesantes toques de piedra con los spumanti, de buena autólisis ambos y con un toque metálico que parece ser un denominador común de esta cantina, porque el Non Dosato 1998, un millésimé más austero, pero con mayor profundidad y denotando ese carácter común con las otras cuvées. De los espumosos pasamos a los blancos tranquilos.

- Vermentino di Gallura DOCG “Sienda” 2004 de Mura
- Verdicchio dei Castelli di Jesi DOC “Podium” 2004 de Garofoli
- Riviera Ligure di Ponente Pigato DOC 2005 de C. delle Terre Rosse
- Soave Classico DOC “Monte Carbonare” 2005 de Suavia
- Sicilia IGT “Edèlmio” 2004 de Benanti

Una primera tanda de blancos tranquilos, algo anárquica, dónde dimos debida cuenta a una pequeña selección geográfica, empezando con el Sienda, un correcto vino del norte de la isla de Cerdeña; el Podium de Garofoli, un Verdicchio frutal de Las Marcas; un Pigato de Liguria que particularmente no entendí, seguido de un destacado Monte Carbonare 2005, una garganega deliciosa de Soave. Y por último, el Edèlmio, mitad Carricante y mitad Chardonnay procedente de las laderas del Etna, en Sicilia que también se mostró muy personal.

- Terlaner Classico DOC 2006 de Cantina Terlan
- Terlano Pinot Bianco Classico DOC 2006 de Cantina Terlan
- Terlano Pinot Bianco DOC “Vorberg” 2004 de Cantina Terlan
- Terlano Sauvignon Blanc DOC “Winkl” 2006 de Cantina Terlan
- Terlano Chardonnay DOC “Kreuth” 2005 de Cantina Terlan
- Terlaner DOC “NovaDomus” 2003 de Cantina Terlan
- Terlano Sauvignon DOC “Quarz” 2005 de Cantina Terlan

En esta segunda tanda probamos una serie de blancos de la cantina Terlan, una de las mayores del Alto Adigie, dónde Sebastian Stocker desarrollara una filosofía de envejecimiento de vinos blancos en depósitos que le llevó al reconocimiento internacional. A destacar el gran trabajo con la Sauvignon Blanc con dos muy buenas muestras, las cuvées Winkl y Quarz.

- Friuli Isonzo Pinot Grigio DOC 2005 de Ronco del Gelso
- Friuli Isonzo Tocai friulano DOC “Rive Alte” 2005 de Ronco del Gelso
- Fiano di Avellino DOCG 2006 de Villa Raiano
- Greco di Tufo DOCG 2006 de Villa Raiano
- Costa d’Amalfi Ravello Bianco DOC 2005 de Marisa Cuomo

Esta tercera tanda empezó con los Isonzo en Friuli de Ronco del Gelso, que resultaron vinos muy personales, diferentes, pero que no acabé de entender. De la Campania, buen trabajo de Villa Raiano, sobretodo con el Fiano y por último el Ravello, un interesante blanco de falanghina y la biancolella cuyo cultivo se realiza en pérgolas. De lo mejor que he probado de la Campania. Y pasamos a los dulces.

- Piemonte Brachetto DOC 2006 de Cascina Fonda
- Moscato d’Asti DOCG 2006 de La Morandina
- Moscato di Pantelleria Yanir 2005 de Miceli
- Recioto di Soave DOCG “Col Foscarin” 2004 de Gini
- Vin Santo 2000 de Castello di Ama
-Recioto della Valpolicella DOC “Argille Bianche” 2003 de Sant'Antonio di Castagnedi

Los dos primeros vinos, espumosos ambos, se mostraron excesivamente francos, algo bastos y dulzones, no son vinos que suela frecuentar. En cambio el Yanir, un Moscato de la isla Pantelleria, entre Sicilia y Túnez, se mostraba sabroso y con buen juego entre acidez y dulzor. Col Foscarin era el nombre del Recioto di Soave, un vino pasificado de magnífica profundidad. Del Véneto a la Toscana, con el Vin Santo de Castello di Ama que nos traía recuerdo de oloroso dulce. Y por último volvimos al Véneto con el Argille Bianche, un Recioto duro, tánico, pero sin excesivos visos de estar muy marcado por el año de la canícula.

Un auténtico paseo por Italia de la mano del equipo de Milesim.