10 junio 2006
González Byass Oloroso 1963
Vamos con las grandezas de Jerez, zona mítica productora de vino, que en los últimos años ha pasado y pasa por claroscuros más o menos intensos, ya sea en lo comercial, con éxitos de venta como los vinos de vejez reconocida (VOS y VORS), o en lo social, con cierre de bodegas en los cascos antiguos de las ciudades. Muy recomendable leer el artículo de Paco del Castillo sobre la Paradoja del Jerez, en Elmundovino, y complementarlo con las lecturas de artículos especializados, como los de Jesús Barquín y Álvaro Girón, en el mismo medio.
Entre las grandezas, se encuentra la colección de Añadas de González-Byass. Don Mauricio González-Gordón y Diez, Marqués de Bonanza y ex-presidente de González Byass, bodega jerezana fundada en 1835 por su bisabuelo Manuel Maria González, firmó la salida de esta línea comercial de vinos de Jerez. El motivo, su fino Tío Pepe, el fino más vendido, fue el primer vino de Jerez que se exportó a Gran Bretaña, documentado desde 1844. Para conmemorar el 150 aniversario, la bodega decidió ofrecer un número limitado de vinos de Jerez de Añadas, que la bodega elaboraba desde su fundación.
Aunque el vino de Jerez ha sido y continua siendo envejecido por el sistema de criaderas y Soleras, mediante el cual los vinos más viejos se rocían con los vinos más jóvenes del mismo palo que van gradualmente asimilando las características de los vinos más viejos, cada año la bodega seleccionaba 200 botas de unas 20000, separándolas para envejecerlas como vinos de añada. De allí salía una milésima parte que se mantenía intacta en botas de roble desde su nacimiento.
En abril de 1994 se embotelló esta primera añada, sin clarificar ni filtrar, embotellando a mano, directamente desde la bota, las 993 botellas. Posteriormente se seleccionaron los años 1964, 1966, 1967, 1969 y 1970 para ser comercializados. Tras ellos, los vinos de añada salieron como Palo Cortados. Una curiosidad, los olorosos se crían generalmente a 18º alcohólicos, aumentando su graduación con el paso de los años hasta 22. Pero volvamos a ese 1963.
En cata es diferente, personal, grande, presentando un color caoba con destellos de oro viejo brillante. Nariz fragante y armoniosa, con gran complejidad, y una potencia bien medida. La complejidad de los descriptivos abruma, pero no satura, con aromas de sacristía, madera de cedro, y delicioso praliné, salpicado por algunas notas de incienso, turba, piel de almendra y barnices. En boca es poderoso, pero a la vez elegante, con un paso algo amargo y una textura secante. Persistencia caudalosa en boca, dejando un postgusto eterno, de sensaciones tostadas.
Si tuviese de calibrar la perfección en este tipo de vino (Jereces viejísimos), supongo que este vino supondría mi punto de referencia, por lo que no me dolerían prendas al calificarlo como un 100PF. Es un vino para beber en solitario, sin más armonías que la de una buena banda sonora.
Sinceramente, es casi imposible de localizar en España, ya que ha pasado ya más de una década desde su comercialización, y junto a su escasez, lo convierten en un verdadero vino virtual. Yo tuve la suerte de toparme con él en una tienda maravillosa (físicamente, no así su web) en Palma de Mallorca, pero me temo que ya nunca me cruce con una botella de este 1963. Si fuese así, volvería a pagar los 100 euros que pagué por él.
Un consejo, los vinos viejos suelen generar posos y más si no han sido filtrados, como es el caso de este vino. Es recomendable dejar la botella al menos durante 24 horas en posición vertical, ya que corréis el riesgo de enturbiar el vino y que el poso os estropee la cata, ya que suele dejar un regusto amargo.









