González Byass Oloroso 1963

Vamos con las grandezas de Jerez, zona mítica productora de vino, que en los últimos años ha pasado y pasa por claroscuros más o menos intensos, ya sea en lo comercial, con éxitos de venta como los vinos de vejez reconocida (VOS y VORS), o en lo social, con cierre de bodegas en los cascos antiguos de las ciudades. Muy recomendable leer el artículo de Paco del Castillo sobre la Paradoja del Jerez, en Elmundovino, y complementarlo con las lecturas de artículos especializados, como los de Jesús Barquín y Álvaro Girón, en el mismo medio.




Entre las grandezas, se encuentra la colección de Añadas de González-Byass. Don Mauricio González-Gordón y Diez, Marqués de Bonanza y ex-presidente de González Byass, bodega jerezana fundada en 1835 por su bisabuelo Manuel Maria González, firmó la salida de esta línea comercial de vinos de Jerez. El motivo, su fino Tío Pepe, el fino más vendido, fue el primer vino de Jerez que se exportó a Gran Bretaña, documentado desde 1844. Para conmemorar el 150 aniversario, la bodega decidió ofrecer un número limitado de vinos de Jerez de Añadas, que la bodega elaboraba desde su fundación.

Aunque el vino de Jerez ha sido y continua siendo envejecido por el sistema de criaderas y Soleras, mediante el cual los vinos más viejos se rocían con los vinos más jóvenes del mismo palo que van gradualmente asimilando las caracte rísticas de los vinos más viejos, cada año la bodega seleccionaba 200 botas de unas 20000, separándolas para envejecerlas como vinos de añada. De allí salía una milésima parte que se mantenía intacta en botas de roble desde su nacimiento.

En abril de 1994 se embotelló esta primera añada, sin clarificar ni filtrar, embotellando a mano, directamente desde la bota, las 993 botellas. Posteriormente se seleccionaron los años 1964, 1966, 1967, 1969 y 1970 para ser comercializados. Tras ellos, los vinos de añada salieron como Palo Cortados. Una curiosidad, los olorosos se crían generalmente a 18º alcohólicos, aumentando su graduación con el paso de los años hasta 22. Pero volvamos a ese 1963.

En cata es diferente, personal, grande, presentando un color caoba con destellos de oro viejo brillante. Nariz fragante y armoniosa, con gran complejidad, y una potencia bien medida. La complejidad de los descriptivos abruma, pero no satura, con aromas de sacristía, madera de cedro, y delicioso praliné, salpicado por algunas notas de incienso, turba, piel de almendra y barnices. En boca es poderoso, pero a la vez elegante, con un paso algo amargo y una textura secante. Persistencia caudalosa en boca, dejando un postgusto eterno, de sensaciones tostadas.


Si tuviese de calibrar la perfección en este tipo de vino (Jereces viejísimos), supongo que este vino supondría mi punto de referencia, por lo que no me dolerían prendas al calificarlo como un 100PF. Es un vino para beber en solitario, sin más armonías que la de una buena banda sonora.

Sinceramente, es casi imposible de localizar en España, ya que ha pasado ya más de una década desde su comercialización, y junto a su escasez, lo convierten en un verdadero vino virtual. Yo tuve la suerte de toparme con él en una tienda maravillosa (físicamente, no así su web) en Palma de Mallorca, pero me temo que ya nunca me cruce con una botella de este 1963.

Un consejo, los vinos viejos suelen generar posos y más si no han sido filtrados, como es el caso de este vino. Es recomendable dejar la botella al menos durante 24 horas en posición vertical, ya que corréis el riesgo de enturbiar el vino y que el poso os estropee la cata, ya que suele dejar un regusto amargo.

Pago del Vicario Petit Verdot Rosado 2005

Durante los primeros años de esta década hemos estado asistiendo a la aparición de monovarietales de Petit Verdot peninsulares. Poco a poco, con emprendedores como Carlos Falcó en su finca de Valdepusa, en Toledo, Juan Manuel Vetas (enólogo de Príncipe de Hohenlohe) o Friedrich Schatz en la Serranía de Ronda, sin olvidar a Ángel Anocíbar en Abadía Retuerta, se ha ido especializando la comercialización de monovarietales de esta uva procedente de Burdeos.

La posterior salida de marcas comerciales como Casa de la Ermita, en Jumilla, o Arrayán, en Méntrida, sin olvidar los proyectos paralelos de Juan Manuel Vetas, han ido confirmando el éxito de adaptación de esta uva en nuestros suelos y climas.


El proyecto de Pago del Vicario, propiedad de Antonio e Ignacio Barco, se gestó en el año 2000 con la construcción de la bodega, situada a 9 kilómetros de Ciudad Real, aunque su funcionamiento no se inició hasta el año 2005.

La Petit Verdot para este vino procedía del pago El Sedano, de 3,5 hectáreas, plantado el año 2000 y se vinificó con una breve maceración pelicular, prensado posterior, fermentando en depósitos de acero inoxidable, a temperatura controlada (14º). Permaneció en depósito, sobre las lías de fermentación durante un periodo de 2 meses, embotellándose en la última decena de diciembre 2005, estabilizado por frío y filtrado. La encargada del proceso fue la enóloga Susana López Mendiondo, conocida por su trabajo en la bodega gironina de Mas Gil (Clos d’Agon).

En cata se muestra un rosado sorprendente, más subido en visual, con un precioso rojo cereza, casi picota, brillante y limpio, con una capa media y buena densidad. En nariz destaca por su frescura sobretodo denotado por aromas de menta fresca y balsámicos, con la fruta roja muy madura, casi alcohólica, similar al cassís y ligeras notas de anisados. No se hace pesada, ni es excesivamente golosa. En boca buena densidad, algo goloso, pero equilibrado, con bastante frescura, gracias a una correcta acidez. Un rosado singular y diferente. 85 PF

Creo que es fácil de encontrar, pese a “sólo” producirse 15000 botellas en el 2005, pero mi botella salió del Celler de la Ribera, cerca del Mercado de la Llibertad, en Gràcia (Barcelona), a unos 6,40 euros. Buena compra para acompañar a un buen plato de pasta o incluso, carne de ave.