El enochalado suele ser un sujeto atento, inconformista y curioso, dónde el conocimiento de la cultura enológica se transmite de boca a boca, empleando todos los medios posibles, ya sean virtuales o reales. Particularmente intento estar al día usando los medios que me aportan las nuevas tecnologías, ya sea empleando la información obtenidas de webs especializadas, newsletters de crítica internacional o consultando blogs (Podéis encontrar los enlaces a la mayoría de ellos en la columna de la derecha). Ahora bien, la grandeza de la interrelación humana te permite, a veces, obtener fuentes de enriquecimiento en el conocimiento que nunca habrías refrendado con sólo los medios virtuales.
Esto viene a colación de dos experiencias que he vivido desde el septiembre con un productor del que apenas tenía información, sólo de oídas (muy buenas, por cierto), y que han supuesto un descubrimiento tardío por mi parte. La primera vez, durante una vorágine de comida y vino, en El Celler de Can Roca, dónde nos dejamos orientar por Pitu Roca. Entre tantos vinos, el bueno de Josep nos sacó un Sancerre que algunos de los comensales ya habían probado en una anterior visita. Se trataba del Clos de la Noiré 2005 del maestro Vatan. Etiqueta austera, botella borgoñona, corcho de guarda y un contenido gloriosamente equilibrado, que resultó una verdadera revelación para mí.
Pues bien, motivado por la experiencia, busque toda la información posible sobre Edmond Vatan y su Clos de la Noiré, y me tope con un magnífico artículo de John Gilman, de título bastante premonitorio "Edmond Vatan, The Henri Jayer of Sancerre", dónde John nos explicaba que el maestro Vatan lleva jubilado desde el año 2002, y dado que sus dos hijas no han podido seguir ejerciendo la maestría del vigneron de Sancerre, el domaine se vendió gran parte de sus viñedos situados en la comuna de Chavignol a un comerciante local de vinos. Por suerte, una hectárea de la Clos la Néore permaneció en manos de Edmond, y la ley francesa permite a los vignerons jubilados seguir produciendo un número limitado de botellas, lo que convierte a esas microproducciones en verdaderos vinos de culto (que poco me gusta el palabro).
Pero empecemos desde el principio. En el año 1959 Edmond cogió las riendas del negocio familiar e inició una reestructuración en los viñedos de Sauvignon en la Clos la Néore. Este pago situado en la parte inferior de Les Monts Damnés, los dos nombres a recordar en Sancerre, se ve ricamente influenciado por la misma capa caliza Kimmeridgian que afecta a Chablis y eso se percibe en los vinos. Trabajo en viña buscando bajos rendimientos y una composición geológica envidiable, son rematadas con vendimias tardías, según las condiciones de la añada, intentando seguir el ciclo lunar de mediados de octubre, consiguiendo unos niveles de azúcares y acideces ideales.
Vinificación tradicional, similar al estilo de los primos Cotat, empleando viejas barricas (demi-muid) de madera de una edad considerable que les ha permitido recubrir sus paredes con capas y capas de cristales de bitartratos potásicos, creando recipientes neutros, ideales para la maduración de la Sauvignon. También el maestro Vatan emplea tanques de inoxidable para la crianza, pero tienen un considerable uso, y están a la par con las barricas. Dos remontados durante el envejecimiento y embotellado con la luna de mayo. No, no se trata de un viticultor biodinámico al uso. Su trabajo se basa en la experiencia transmitida generacionalmente y por la observación del medio. Vamos, un viticultor de los de antes.
Pero volvamos al comentario inicial, ya que me falta relatar la segunda experiencia de encuentro con el Clos La Néore. Estábamos el domingo pasado "educándonos" con el docto Carles Orta, en su ineludible y totalmente recomendable Villa Más, junto a unos amigos y nos sacó un vino blanco a ciegas. Visual pajiza, casi pálida, jovial y preciosa. Su nariz netamente mineral, con los trazos vegetales que cabrían esperar en un Sancerre joven deliciosamente entrelazados con los cítricos de la bergamota y la lima. Su boca, plena y sabrosa, entraba deliciosa, provocando una sensación de salivación, adictivo y de querer más, prolongando su final por una gloriosa estructura de acidez. A vuela pluma íbamos cantando lo que creíamos que era, algunos con menos fortuna (mi caso) y la gloria de la cata a ciegas nos mostró su etiqueta. ¡Muy grande! (Traducible al uso con unos 95 PF.)
Por desgracia, toparse con una botella de Edmond Vatan (no confundir con André Vatan), tanto de su Clos la Noiré cómo de su Sancerre Rouge es tarea harto difícil, por lo que si os encontráis en esa tesitura, no lo dudéis. A por ella.