Sancerre Les Culs de Beaujeu 1999 de François Cotat

Después de iniciarnos con los vinos de su primo, le toca turno a François. Trabajando sus viñedos mediante cultivo orgánico, las 1.7 hectáreas de Les Culs de Beaujeu presentan una edad media de 25 años. El término “Culs” aunque parece tener connotaciones muy sensuales en realidad describe las escarpadas laderas dónde están ubicadas las viñas de Sauvignon Blanc, dentro de la comuna de Chavignol.

En total François posee 4.5 hectáreas, situadas en la mejores laderas de la región, ricas en suelos blancos calizos, tan escarpadas que los Cotat decidieron emplear un sistema de recogida, mediante una cesta que desciende con la fruta recolectada a mano, siguiendo el trazado de un cable de acero. La fruta se recoge con el máximo punto de madurez posible y se vinifica de forma poco intervencionista en las instalaciones de la familia en Chavignol. El toque de modernidad lo aporta el prensado, que se realiza mediante una la prensa neumática, prosiguiendo el proceso fermentando en barricas neutras, debido sobretodo a que sus paredes están recubiertas de capas y capas de bitartratos formadas por el uso, en dónde se criará el vino y finalmente se embotellará sin filtrar.

La muestra. En frente nos encontramos con un blanco brillante, de coloración nada cansada, casi pajiza y con muy ligeras partículas en suspensión. Cuando lo servimos en copa, sus primeras trazas aromáticas son muy varietales, destacando los aromas de hierba mojada, cítricos (entre el limón y el kiwi) y algún matiz de palo de regaliz. Con la evolución por oxigenación se agranda la paleta de complejidad, ganando en profundidad aromática, apareciendo un delicioso fondo mineral de talco, que redondea un conjunto salpicado por los herbáceos, flores de acacia y notas de melón maduro y pera blanca. Preciosista y complejo, pero con una intensidad acorde a las condiciones de la añada. Buena densidad en boca, con esqueleto y recorrido, dejando muy buenas sensaciones en el paladar, aún fresco y casi primario. Gran trabajo, que inicialmente se mostró como un buen Sauvignon Blanc y acabó siendo un gran Sancerre, 92 PF.

Otra muestra de que ambos primos son de los más consistentes y puristas elaboradores de Sancerre. Desconozco dónde poder comprar los vinos de François en España, ya que esta botella fue la última que quedaba en una tienda de Barcelona, comprada por 24 euros. Los vinos de Pascal Cotat los trae Paco Berciano.

VDT Les Rouliers 2003 de Henri Bonneau

A sus 70 años Henri Bonneau es el vigneron, junto a los Reynaud (Château Rayas) y los Perrin (Château de Beaucastel), de referencia en la zona de Châteauneuf du Pape, al norte de Avignon, en la ribera del Ródano.

Un productor de culto cuyos inicios vinificadores se remontan a 1956, casi virtual, con tan corta producción que se hace muy difícil de localizar y cuando nos encontramos ante uno de sus Châteauneuf, seguramente nos pidan por él un elevado precio. Y es que la filosofía ultratradicionalista de sus elaboraciones han tenido el beneplácito de la crítica internacional, especialmente de Robert Parker, quién visita anualmente su rústica bodega, situada en pleno centro del pueblo, definiéndolo como una de las personalidades más convincente dentro del mundo del vino, de buen ego, con un peculiar sentido del humor, representando el anticristo para los modernos enólogos (licencias poéticas de Bob, interpretadas literalmente).

Henri Bonneau, defensor a ultranza de la grandeza de la Garnacha, trabaja unas 6 hectáreas de viñedos centenarios en La Crau, dejando que su fruto madure en la planta hasta octubre, con el mayor grado de madurez posible. En la bodega, de instalaciones imposibles, se realizan maceraciones largas, con el uso de foudres y barricas de madera usada, realizando largos periodos de crianza, con pocos trasiegos y embotellándose sólo cuando Henri cree que deben comercializarse, sin filtrar (tranquilamente pueden pasar cinco años o más desde la vendimia para comercializar su cuvée más buscada, la Réserve des Célestins).

Pero como a un servidor aún no le ha dado por jugar a la lotería y tiene de ajustarse a un presupuesto, no dudé al enterarme de que Vila Viniteca traería su vino más básico, un Vin de Table, en agenciarme una botella, aunque su contenido no proceda de los viñedos de La Crau. En realidad su procedencia hay que situarla en Laval-Saint-Roman (departamento de Gard), dónde Marcel (el hijo de Henri) controla el viñedo de 2,5 hectáreas adquirido en el año 2000. Aunque mayoritariamente jaspeado por la Garnacha, el viñedo es ligeramente completado con un poco de Cinsault.

Su filosofía de vinificación es la misma que se emplea para los otros vinos del Domaine, aunque su condición de vino sin añada se pueda explicar por ser un ensamblaje de las vendimias 2001 y 2002 (extremo que no he podido certificar, ver nota a pie de artículo).

Visualmente se muestra como lo que es, granatosamente brillante y vivo, pero con un toque ligero en el movimiento, sin presentar excesiva capa. Su nariz es fragante y floral, con la fruta acomodada por la crianza, dando notas de ciruelas negras. Se trata de una nariz sólida, directa y franca, con muy buena armonía y sin estridencias. En boca es más ligero de lo que me esperaba, con una sensación sápida que invita a comer con él. Paso en boca satinado y sin aristas. Se nota ya pulido y listo para disfrutar, con una más que correcta acidez, 88 PF.

Sin dudarlo se trata de un magnífico trabajo, un vino hecho, pero entiendo que si no fuera de quién es y no existiese una demanda tan alta por sus vinos, su precio, 24 euros parecerían excesivos, ya que se pueden encontrar garnachas en el sur de Francia, Italia y aquí mismo con mejores ratios de calidad por menores cantidades de euros pagados. Supongo que son las cosas de ser un enochalado.

Fe de erratas: En una reciente cata de los vinos de Henri Bonneau con el importador en España de sus vinos nos comentó que la producción de esta VDT se inició con la añada 2003, tratándose la botella aquí explicada de un vino de ese año (se puede apreciar el número de lote en la etiqueta, resultando los 2 dígitos finales la añada).

Albariño Do Ferreiro 2001

Recordaba con cariño que en la pasada Vitis Vinífera, tras degustar unos cuantos vinos del Levante español, un duro ejercicio de cata por la carga tánica y lo crudos que estaban los vinos, ya que catamos 2004 y 2005, me pasé por el stand de Gerardo Méndez, dónde servía su básico del 2006. Su acidez y estructura alivió mis cansadas encías, pero a la vez me recordó el buen hacer de este productor pontevedrés.

Su albariño, año tras año, se sitúa entre los mejores y más consistes vinos de las Rías Baixas gallegas. Pues bien, gracias a la inestimable bodega que tienen los chicos de Malvasia Vins, en el centro de Palma, pude disfrutar de este vino, con cierta evolución en botella. Y es que no se estila guardar estos vinos.

Más de cinco hectáreas cultivadas en altas pérgolas, con casi dos metros de altura, de suelos de buen drenaje, dónde las tierras oscuras de las laderas del valle de Salnés, a orillas del Umia, son profundizadas por las raíces, aportando al vino su carácter. El proceso de vinificación es preciso, posterior a una selección en el mismo viñedo. Los racimos recogidos según su estado de maduración se despalillan y se aplica al mosto resultante del prensado una maceración pelicular de entre 24 y 48 horas, se desfanga y fermenta sobre sus propias lías, en depósitos de acero inoxidable, a temperatura controlada y de forma prolongada. Tras este proceso se cría en los mismos depósitos durante cuatro meses. La fecha de embotellado, junto a la añada, se indica en la contraetiqueta y la botella en cuestión se embotelló un magnífico 23 de mayo del 2002.

En visual se muestra algo subido, pero sigue brillante y limpio, dando sensación vital. Denso en el balanceo, su nariz se muestra maduramente frutal, dónde las sensaciones de albaricoque brillan en un aromático conjunto, dónde también sobresalen ligeros toques especiados y algunas notas estivales de paja seca y heno. En boca se muestra algo más fatigado, con una sensación ligeramente amargante. Buena acidez, su estructura se ha mantenido y ha sabido ganar en profundidad. Sin duda, un ejemplo a seguir, 90 PF.

Se pueden encontrar los vinos de Gerardo Méndez en bastantes tiendas de Barcelona, ya que Cuvee3000 es su distribuidora, pero para encontrar el Cepas Vellas, la cuvée más prestigiosa de la bodega, la tarea se convierte en algo más complicado. Si os cruzáis con una botella, sin duda, comprad.