Vigna del Volta 2006 de Elena Pantaleoni

Durante la pasada edición de los "12 vinos y sus autores" en la fenomenal masía de los Esteva pude conocer el trabajo de Elena Pantaleoni. He de reconocer que me creo cierta controversia, ya que pese a que en su Azienda Vitivinicola La Stoppa naciera cómo un punto de ruptura frente a la anterior etapa de la Azienda, altamente afrancesada, alguno de sus tintos, sobretodo su Stoppa, me parecían algo internacionalistas en su conjunto. Pero he de reconocer que leves escarceos con su Macchiona y una reciente cata frente alguno de los vinos de la propiedad me han hecho cambiar radicalmente mi concepción sobre sus vinos (es de suponer que la ignorancia siempre es valiente), y apreciar la vertiente más personal y característica de sus vinos. ¡Ojo con su Ageno! Un blanco único, de interesante juego entre amargos y densidad, ventana abierta a las laderas de Piacenza.

Pero si hay un vino en la propiedad que no genera debate ese es su Vigna del Volta, un Colli Piacentini Malvasía Passito D.O.C. que año tras año, desde su inicial 1995 ha surgido cómo uno de los vinos dulces más placenteros de la Emilia Romagna. Procedente mayoritariamente de viñedos de Malvasía con una pequeña proporción de Moscato, situados a unos 250 metros de altura, de suelos de composición arcillo-calcáreos. Elena Pantaleoni inicia su vinificación por separado, dejando secar las uvas durante 15 días al sol, prensado la uva con prensa hidráulica vertical, dejándose criar durante 10 meses en barricas de roble galo.

Una visual de densidad e intensidad, con un precioso color dorado, da lugar a una carretilla de fruta madura amarilla, sobretodo un delicioso recuerdo olfativo de melocotones y albaricoques, fresco y maduro, con los aromas de profundidad aún por aparecer, pero mostrándose atractivamente abierto. En boca es deliciosamente fresco, untuoso, con la ambrosía mesurada por una fenomenal acidez. Es adictivo, de esos vinos que acompañan deliciosamente una sobremesa. Una Malvasía de gran factura, 93 PF.

Los vinos de la Stoppa se pueden encontrar en la Enoteca d'Italia, tanto sus tintos como sus blancos, pudiendo comprar este vino por unos 36 euros la botella de 50 cl.

Petrus 1995

Una reflexión en voz alta. El que escribe estas palabras (perdón por el uso de la tercera persona) se tiene por un enochalado, pero hay veces que piensa que su pasión le lleva a cometer locuras, aunque estén justificadas. Hace relativamente poco recibí una llamada de un amigo comentándome la disponibilidad de poder sentarnos junto unos cuantos enochalados más y poder abrir uno de los mitos mundiales de los vinos tintos. Se trataba de Petrus, Pomerol por antonomasia, Burdeos de la ribera derecha, cuya fama es equiparable a su precio. El punto de encuentro era el Monvínic, dónde disponían de unas cuantas botellas de dicho vino, compradas en subasta de Sotheby's NY por el propio Sergi Ferrer-Salat a un precio atractivo.

Pese a que podría comentaros las interioridades de la propiedad, perteneciente al imperio Moueix, las grandezas de los suelos arcillosos con margas azules de las 11,4 hectáreas que gestionan, las 6 hectáreas originales más las 5,4 hectáreas compradas en los 60's al Château Gazin, mayoritariamente plantadas con variedad Merlot y algo de Cabernet Franc, prefiero centrarme en la experiencia de la copa y remitiros a dos artículos, ya clásicos, dónde se nos da luz frente el mito. El primero de Ignacio Carrión aparecido en el País Semanal y el segundo un completo artículo de Luis Gutiérrez y Alberto García, aparecida en la sección de enológica de El Mundo.

Volvamos a la copa. Se exhibe con un impactante rojo cereza oscuro presentando con un ligero ribete atejado, mostrando una buena capa. Estamos ante un monstruo de concentración en nariz, muy apretado, compacto, mostrando un perfil algo estático, dejando de lado los aromas florales y presentándose en primer plano más vegetal y terroso. Robusto, con su sutileza, pero también contundente. La fruta negra está enmascarada por la tinta china, aunque se presenta ligeramente licorosa, ¿verdores de madurez laxa?, grafito, brea y regaliz de fondo. En boca tiene tolo lo que nos haría pensar una añada como la de 1995, siendo redondo y corpulento, con una estructura tánica pavorosa, pero no hiriente, más bien satinada. Paso de mano de hierro pero con evocaciones por la retro muy especiadas, con un poquito de canela, pimienta negra y clavo, algo balsámico. Su final es lo que marca y tras su paso se siente que dura, dura y dura, 93 PF.

Mi conclusión frente a este vino es que quién esté dispuesto a gastarse sus doblones en él esté bien informado y sepa que parece encontrarse aún lejos en una ventana de consumo óptima, dónde encontrarlo pleno y exquisito, aunque su poderosa estructura ya muestra su grandeza. Para interesados, Primeras Marcas es su importador.