VDT Alcatraz 2005 de Les Cailloux du Paradis

En la línea más alternativa y a la vez más comprometida con la ecología de la industria agrícola, incluyendo al sector vinícola, podríamos situar a la familia Courtois, que seguramente no tenga la fuerza mediática que otros elaboradores han alcanzado, aunque parece que esta situación se haya invertido y que el interés mediático por el trabajo de Claude Courtois ha ascendido de manera notable. Una buena muestra de ello es el apartado aparecido en el libro de Jean-Claude Ray, Vignerons Rebelles, dónde destaca la interacción del cultivo de 6 hectáreas de vid dentro de una propiedad de unas 25 hectáreas de terrenos de bosques, huertos y árboles frutales, dentro de una rica biodiversidad, no sólo de flora, si no también de fauna. Pero este Les Cailloux du Paradis, no fue siempre un Edén de vida. Cuando los Courtois se establecieron en la finca, en 1992, dentro del bosque de Sologne, observaron que a nivel microbiano del suelo parecía más un desierto que una granja. Entonces entendieron que para hacer renacer la vida en su propiedad deberían eliminar todos los productos de síntesis y elaborar sus vinos de la forma más natural. Nature et progrès es su lema.

De esta filosofía, y motivado por el antiguo uso de la casta Syrah en la zona, Claude Courtois, intentó elaborar un tinto rico en tanicidad, aunque teóricamente no estaba autorizado a comercializarlo, debido a que el INAO no le permite etiquetarlo como vino procedente de una zona amparada bajo una AOC tan mastodóntica como la de Turena. Una crianza en barricas de roble usado durante 18 meses (embotellado en marzo del 2006), dónde no se le aporta SO2 en ninguna de las fases de su vinificación, ni siquiera filtrado en el momento del embotellado. Cómo dice la bodega, todo para elaborar un Apellation Courtois Controlée.


De perfil más bien claro en lo visual, su nariz muestra un carácter algo rústico, con aromas de fruta roja, como la grosella, entrelazada con los especiados, sobretodo la pimienta negra y algo de paja seca y tierra. Un vino de perfil diferente, sin estridencias y unos 12,4º de alcohol que lo hacen muy digestivo, perfecto para comer con él. La boca se muestra algo secante, de cuerpo medio, pero refrescante gracias a su acidez. Persistente y agradable final que rememora las buenas sensaciones percibidas en su nariz, 88 PF. La botella en cuestión no presentaba excesiva posificación ni una visual turbia, aunque la naturaleza de su vinificación anunciara todo lo contrario.

Comprado en L'ànima del Vi por unos 18 euros, aunque por las características del vino y lo limitado de su producción desconozco si a Benoit le quedan botellas. Eso sí, también trae otros vinos del domaine, como el Quartz o el Rasines, perfectamente guardados en la cava a unos 14ºC.