Dos versiones de la misma interpretación de la Aligoté

En la Borgoña blanca no todo se acaba en la Chardonnay. Existen peculiaridades geográficas cómo los Sauvignon Blanc de la septentrional zona de Saint-Bris, muy cerca de Chablis, o mutaciones ampeológicas de la Pinot Blanc en las laderas de Nuits, cómo los ejemplos de Henri Gouges, o la reintroducción de la Melon de Bourgogne en Vézelay, que nos muestran mayor variedad tipológica de lo que a primera vista parece. A remolque de la Chardonnay siempre se ha situado la Aligoté, una variedad bastante denostada, no precisamente sin motivo, ya que la ley siempre ha permitido altos rendimientos para esta uva, exceptuando Bouzeron, el único pueblo que produce un Aligoté con derecho a distinción geográfica propia. Al resto se le encarpeta en la denominación geográfica Bourgogne Aligoté.

¿Está en peligro esta variedad? Seguramente no, por su carácter histórico dentro de la región, dónde su uso no es precisamente residual, con algo más de 1600 hectáreas cultivadas, aunque que quede muy por detrás de la omnipresente Chardonnay, cuyo uso va ganando más y más terreno. Además, un buen amigo, muy introducido en el comercio del vino borgoñón me comentaba que se está dando un fenómeno curioso. El auge de la demanda de Champagne a nivel mundial ha traído consigo un efecto arrastre respecto a los demás espumosos y con ello, a la demanda del Crémant de Bourgogne, el espumoso típico de la región, en cuya vinificación interviene, en parte, esta variedad. Con ello, mucha uva que iba destinada a vinificarse como blanco seco, se está empleando para este vino mousseux.

Pero no seamos negativos. Sin duda, un buen número de productores de la Côte d'Or no están por la labor y mantienen excelente elaboraciones, de un vino que pese a considerarse cómo de una no muy prolongada vida, mantiene unas envidiable y refrescantes sensaciones cítricas. Es curioso, hay años en las que la Aligoté logra envejecer bien. El mítico Pierre Ramonet observó que el fruto de la vendimia del 1978 presentaba unas geniales características para una evolución positiva en botella y decidió embotellar unas cuantas mágnums con la idea de seguir viendo su vida durante un buen número de años y fuentes bien informadas me confirmaban hace poco que aún siguen en plena forma. Pero bien, esa debe ser una de las excepciones, ya que se suele categorizar la edad perfecta de consumo de un buen Aligoté entre el año y los tres años después de la cosecha. Pues bien, hoy me gustaría hablar de dos de los Aligoté que se situarían en la cima cualitativa de esta variedad. Dos interpretaciones de la misma uva de la mano de Lalou Bize-Leroy:



Bourgogne Aligoté Sous Chatelet 2001 de Domaine d'Auvenay:

De las poco menos de 4 hectáreas que posee la pequeña bodega privada de Marcelle Bize-Leroy (aunque toda la vida la hemos conocido cómo Lalou) en Saint-Romain, al lado de Meursault, la gran mayoría de ellas viñas de Chardonnay y dos parcelas en Mazis-Chambertin G.C. (0,26 ha.) y Bonnes Mares G.C. (0,26 ha.), posee una pequeña parcela (31 áreas) de esta variedad en el municipio de Auxey-Duresses, trabajada basándose en su ya conocida mezcla de viticultura biodinámica, selección masal y búsqueda de bajísimos rendimientos (17 hectolitros por hectáreas para el año 2001) que tuvieron cómo fruto tan sólo 878 botellas para esta cuvée.

En cata su visual denota un trabajo con lías, dónde las proteínas en suspensión dejan sus trazas y muestran una densidad casi aceitosa, brillante y con viveza. En intensa nariz se entremezclan las notas de alpiste y pepitas de girasol tostadas con las de limón, mostrando una buena profundidad aromática, con la concentración marcadamente mineral. Su boca se muestra madura, seca y secante, estructurada y aún con buen nervio. Seguramente de los mejores Aligotés que haya probado, 91 PF.




Bourgogne Aligoté 2006 de Domaine Leroy:

El domaine histórico de la familia Leroy posee en propiedad algo menos de 22 hectáreas de viñedos en la Côte d'Or, de las cuales 2,57 hectáreas son de esta variedad, que desde la vendimia 2005 ha decido comercializar, y junto a su Corton Charlemagne (con sus 43 áreas de este Grand Cru), ser sus únicos blancos dentro de su cartera de pagos (Maison Leroy comercializa en négoce más Borgoñas blancos de diferentes pagos). Viticultura biodinámica desde 1988 y vinificaciones similares para ambos domains, que tuvieron cómo fruto 7600 botellas para esta añada.

Caracterizándose por su visual amarilla en copa, con destellos verdosos, denso en el bamboleo. Su nariz también denota un buen trabajo con lías, sustancioso y denso, con los aromas cítricos en primer plano, pero la pera madura detrás. Gran intensidad aromática, aunque se muestra algo menos abierto y complejo en comparativa. En boca se muestra seco, vibrante, con un ataque refrescante, aunque le penaliza algo su final, algo corto, pese a mostrar muy buenas maneras. Otro gran Aligoté, con vestido de lujo, incluido botella con lacre, 90 PF.

Ambas bodegas son importadas por Cuvée 3000, y su precio está acorde con los precios que estilan estas bodegas, entorno los 40 euros. Cómo alternativa, pese a estar alejados del perfil de estos vinos, otros Aligotés a mi parecer interesantes son los de Goisot y de Moor en el distrito de Chablis, Bruno Clavelier, Bernard Moreau o Michel Lafarge en la Côte d'Or, en Bouzeron De Villaine y Paul Jacqueson, por mentar algunos y a precios comedidos, entre los 8 y los 15 euros.

Visitando Álvaro Palacios

Es impresionante conocer de dónde nacen los grandes vinos, el paisaje que los influye, la climatología que los moldea y la mano del hombre que los interpreta. Muy recientemente pude apreciar la magnitud de esta ecuación visitando Gratallops junto a unos amigos, acompañados por Oriol Castells (el tercer hombre de la bodega) y saludar a Joan Asens y al propio Álvaro.

Habíamos quedado a las tres de la tarde frente a la nueva bodega, obra de Jesús Manzanares, coqueta, aséptica y práctica, con casi todos los sistemas de conducción empleados por gravedad, vamos, la envidia de cualquier técnico, aunque antes de profundizar en las instalaciones debíamos descubrir el paisaje, el viñedo, las raíces.

25 hectáreas de viticultura sensata (más un indeterminado número de hectáreas controladas destinadas a Les Terrasses) abocadas a la biodinámica, con un equipo de trabajo en viña extensísimo, incluyendo unos cuantos caballos y mulas que aran los empinados costers. Una primera parada en la ladera dedicada al que será el nuevo vino de la bodega, un vino comunal llamado Gratallops. De allí se saca un mayoritario porcentaje de Garnacha, Cariñena y el resto, Cabernet, Syrah y algo de Merlot de edad relativamente joven para este nuevo concepto de vino que las bodegas de la zona han decidido vinificar, a imagen de los villages borgoñones. Una orientación entre sureste y este, dónde la garbinada golpea con fuerza su parte superior y permite una óptima ventilación.

Cogemos el 4x4, por un camino abrupto y nos adentramos en la Finca Dofí, dónde vuelve la Garnacha, la Cariñena y la Cabernet. Hermosas hileras de viña crecen rompiendo los terrenos calcáreos bañados en la licorella, con una soleada orientación sureste. Entre los viñedos aparecen olivos, almendros y pinares.

Volvemos dirección Gratallops, atravesando el pueblo, y tras dejar a la izquierda la moderna e impactante bodega de Mas Igneus, nos asomamos a una carretera imposible, dónde la pendiente gana inclinación. Estamos yendo hacia la Ermita de Nostra Senyora de la Consolació. El coche frena y nos deja en una curva. Tras ella se adivina un impresionante paisaje.

Aquí la licorella se muestra más abrupta, más salvaje, más fragmentada, con la perspectiva del Montsant en frente, sierra de noble belleza. La viña, mayoritariamente empapada de vieja Garnacha, hasta el punto de que a partir del año 2006 L'Ermita se vinificará en exclusiva con esta garnacha, dejando la vieja Cariñena y la Cabernet de la parte inferior para otros menesteres. La viña se muestra dura, de pendiente imposible, difícil, extremadamente bella. Un paisaje que engancharía incluso al mayor de los abstemios. Arrendada a Álvaro Palacios por su anterior propietario, esta fue adquirida en el año 1994.

Después del espectáculo, más. Volvemos a la bodega, dónde en el lagar se está acogiendo la tumultuosa de la cosecha 2008; por lo que nos explican, una añada muy prometedora, con perfiles muy estimulantes. Aquí las tinas de fermentación de acero inoxidable y madera, se combinan con 8 depósitos de cemento de diferentes tamaños. Oriol nos comenta que cada vez está ganando mayor relevancia este tipo de sistema de fermentación, empleado de forma masiva antaño y que perdió su uso en favor del inox. Una bodega en plenas faenas, dónde los sistemas de conducción aprovechan el CO2 resultante para emplearlos en otros menesteres necesarios. Tras varias explicaciones técnicas bajamos a la preciosa sala de barricas, bóveda creada a imagen del interior de media barrica. Nobles maderas, con un punto de tostado ajustado para no marcar en exceso, intentando emplear según se requiera maderas de segundo y tercer año. Aquí se está criando la cosecha 2007. Un detalle, algunas barricas presentan una inclinación que hace que su tapón esté a unos 45º de su vértice horizontal. El motivo, emplean tapones de madera, por lo que necesitan el contacto del vino con su superficie para mantenerse húmedo y hermético. Pese a que emplean la silicona, consideran que la madera es un elemento más natural con el que trabajar.


Tras ascender a la sala de catas, disfrutando de una elocuente imagen de Gratallops, con el sol yéndose a nuestra espalda e iluminando con una maravillosa luz las montañas, nos dieron a probar los vinos del 2006:

Finca Dofí 2006:

Algo marcado por la barrica, con los tostados y los balsámicos mostrándose en primer plano, la fruta resulta algo enmascarada y la mineralidad aún no se percibe integrada. Falta reposo en botella para ensamblar, pero en boca muestra una estructura y una redondez deliciosa, no percibiéndose precisamente deslazado, todo lo contrario, equilibrado y largo. Le penaliza su juventud en nariz, pero su boca le presagia muy buena vida.

L'Ermita 2006:

El ensamblaje final resultó ser en exclusiva de la vieja Garnacha de la finca, y pese a mostrar una tonalidad jovial, parece que su carácter nos remite a las más perfumadas y florales Garnachas. La crianza se nota lógicamente presente, con miras a una larga guarda, mostrando la fruta roja algo por debajo, pero el sello de la casa se aprecia en boca, dónde su seña es la sedosidad y elegancia del tanino, de lo más logrado de la zona. Un tinto monumental, al que la botella hará ganar en profundidad.

Gratallops 2007:

El nuevo vino de pueblo, con la idea de vinificar un reflejo del carácter del pueblo, a mi parecer se logra, dejando de lado el estilo más elegante de la bodega, y percibiendo un carácter más salvaje y rústico, abrupto cómo los paisajes de la comarca, pero no mancado de calidad y bondades. Una muy buena línea intermedia entre Les Terrasses y el Finca Dofí.

Llegados hasta aquí, habiéndose hecho tarde y la noche ganando terreno, nos despedimos y tras agradecer el esfuerzo por parte de la bodega, cogimos el camino de regreso hacia Barcelona, con la luna como única compañía. Espero que el año 2009 traiga consigo tan buenas experiencias cómo acabamos el 2008. A la espera de que haya sido de vuestro agrado este relato, no dejéis de disfrutar en cada momento de este apasionante mundo del vino (y nos lo contéis).

Anexo fotográfico: Álvaro Palacios.

Postdata: Os dejo con un ilustrativo reportaje sobre la segunda edición del Tast amb Llops que tuvo lugar en mayo del 2008 en el mismo Gratallops y dónde se adivina el ambiente de la comarca, vital y abierta: