
Las circunstancias que nos rodean dan motivos para pensar que la vida es un pañuelo. Hace poco asistía a una cata dónde el objetivo de la misma era
la Chenín Blanc, y uno de los vinos secos que marcaron la velada fue uno de los más apasionantes viticultores de Anjou, Mark Angeli. Se trataba de Les Vieilles Vignes des Blanderies 2002, un vino contundente por boca, pero preciosistas en nariz. Los vinos blancos de la granja (Ferme) de
la Sansonniere son ya unos viejos conocidos por estos lares, primero de la mano de
Lavinia, y ahora gracias a la labor de Coalla Gourmet.
Una paleta de pagos de gran densidad de plantación, con viñas, algunas de ellas en pie franco (pese a que hace poco, según un amigo que visita la zona tuvo de replantar la viña “en foulé”, ya que se vio afectada por la filoxera). El espíritu librepensante de Mark no para y ahora está experimentando con la reproducción sexual de la planta (vía semilla) dejando algo de lado la vía asexual (injerto). El asunto va en relación al tipo de raíz que genera la semilla, menos propensa a verse afectada por el parásito. Mi falta de conocimientos en viticultura hace prudente aquí dar un paso hacia atrás y esperar a ver dónde queda esta experimentación.
Pero volvamos al pañuelo. En Directo al Paladar nuestro amigo Calamar, nos hacía llegar un curioso video dónde Mark Angeli nos explicaba como afectaba la botrytis cinerea a su Groilleau Gris y podía así elaborar este rosado abocado.
El amigo Pisto, apasionado también por los vinos de la Sansonnière, fue el primero que levantó la liebre con la existencia de este Vin de Table. En una visita a la bodega lo probó y nos contó las bondades de esta hectárea, dónde abunda la Groilleau (o Groslot) Gris, cultivada con métodos biodinámicos, certificado con el sello Demeter, y cuya recolección para esta añada tuvo lugar el 4 y 5 de octubre del 2006, vinificado en dulce y sin añadido de SO2.
Una visual preciosa, subida y brillante, con un rojo que recuerda al Bitter Kas (perdón por la publicidad). Su nariz ya deja claro sus orígenes, fruta muy madura, casi licorosa, como si flambearan unas moras con coñac, azúcar moreno y algunos matices herbáceos, sin percibirse descompensado por dulzor. En boca es goloso, con nervio, denso pero sin una viscosidad excesiva. Paso jovial y fresco, al que podemos acompañar con comida estilo Thai o muy especiada, o con una buena tabla de quesos (Pisto dixit). Un rosado diferente, atípico y escaso. Sin duda, un fetiche para los enochalados, 89 PF.
Como decía antes, su importador Coalla Gourmet trae una buena selección de sus vinos blancos, muy recomendables por cierto, pero por desgracia no traen este rosé y mi botella salió de L’Ànima del Vi por unos 15 euros. Para finalizar, una frase de Aristófanes que aparece por la parte interna de la etiqueta: Eduquer, ce n’est pas remplir un vase, c’est allumer un feu.