Odysseus Pedro Ximénez 2006

Los vinos del Priorat de Joseph Puig (conocido por su trabajo exportador por todo el globo con Torres, y por sus Avgvstvs y Forvm con Cellers Puig & Roca) y su hija Silvia se han lavado la cara, presentando una joven y fresca imagen. Pese a la renovación marketiniana, la influencia griega en su filosofía se mantiene patente, y surge la figura del Caballo de Troya en primer plano. Cosas de Odiseo y las argucias que se saco de la manga para volver a su tierra, la isla de Íthaca.

Pero dejemos la mitología y volvamos al siglo XXI. Bueno, en realidad el siglo XX, porque en 1999 los Puig se compraron una ladera de montaña dónde se reconstruyeron las terrazas y se plantaron con variedades tanto autóctonas como foráneas, creando Viñedos de Íthaca. Actualmente poseen 18 hectáreas propias, pero a la vez, supervisan viejos viñedos en los municipios de Poboleda, Vilella Baixa, Porrera y Bellmunt. Tantos los viñedos propios como la bodega están situados en la ladera, cercana al río Siurana, en el término de Gratallops, a 300 metros de altitud, con esa abruptas terrazas de suelos de llicorella del periodo paleozoico, tan típicas de la zona. La primera vendimia vinificada fue la de 1999, pero a partir de la del 2.003 se vinifica en la nueva bodega, más funcional.

De Pedro Ximénez, una variedad de uva que según el Consell regulador del Priorat sólo hay 6,46 hectáreas dentro de la DOQ, se vinifican el fruto de entorno a una superficie de viñedo de entre 4 a 5 hectáreas, a través de una maceración en frío durante 15 horas, fermentando en pequeñas cubas de inox y de la que produjeron en esta vendimia unas 3800 botellas.

En cata muestra un precioso amarillo dorado y algo cobrizo, denso en el movimiento y glicérico. Su nariz muestra una intensidad frutal interesante, con aromas entrelazadas de frutas blancas maduras, peras y manzanas, y albaricoques, con un carácter ligeramente goloso. Aparecen trazas herbáceas de juventud. Nariz singular, pero bien realizada. Untuoso y ligeramente abocado, en boca, aunque no se muestra pesado, con una retronasal frutal y un final prolongado, de carácter amargoso, 88 PF.

Se puede encontrar toda la gama de viñedos de Íthaca en la tienda Celler Can Dani, incluido este vino en formato 50 cl. por 11 euros y los dulces Penélope, tanto de garnacha peluda como blanca.

El alma de los vinos únicos

La distribuidora Alma Vinos Únicos ha sido siempre una empresa muy cuidadosa con el trato al vino, con un sesgo seleccionador de referencias muy ajustado y se hace de justicia comentaros que el próximo 29 de mayo tendrá lugar en el Monasterio de San Juan de Burgos, de 11 a 19 horas, la presentación para profesionales y aficionados del mundo del vino de su gran cartera de referencias a las que llevan en distribución. Y es que no se tiene cada día la oportunidad de catar y charlar con elaboradores y propietarios de tan extensa variedad geográfica. Aquí podréis ver el listado completo de asistentes a la presentación. Desgraciadamente, por motivos de trabajo no podré desplazarme hasta Burgos, pero no me gustaría que si existiese un buen aficionado que no conociera la existencia de este acto y se lo perdiera. Si sois más afortunados que yo y queréis/podéis asistir al acto, debéis confirmar vuestra asistencia en contacta@almavinosunicos.com.

Y de paso, comentarlo aquí.

Puligny-Montrachet 2004 de Domaine Jean Boillot

¡Magnífico ejemplo de pureza, si señor! Henri Boillot (Kiki para los amigos) elabora uno de los villages más consistentes de esta comuna borgoñona, cuna de una de las mejores expresiones que da la Chardonnay.

Henri, personaje singular, de porte elegante, y a veces acusado de tener un carácter arrogante, trabajaba desde 1985 las 15 hectáreas del domaine de su padre, Jean Boillot en Volnay, pero en el año 2004 Jean decidió repartir el domaine entre sus tres hijos, Jean-Marc Boillot (Domaine Jean Marc Boillot) con quién mantiene un enfrentamiento Henri, Jeanine Boudot (casada con Gérard Boudot de Domaine Sauzet) y el propio Henri. Orgulloso de su obra anterior, Henri decidió comprar la parte de sus hermanos, por lo que a partir de la cosecha 2005 los vinos se etiquetarán con el nombre de Domaine Henri Boillot. A parte del negocio familiar, Henri tiene una magnífica línea de negociant llamada Maison Henri Boillot.

Lógicamente este cambio de propiedad no supone ningún cambio técnico en la vinificación de los vinos, aunque Henri está cada vez más decidido a ir reduciendo la técnica del de bâtonnage y para sus 2004, salvo el Bourgogne y los vinos comunales, decidió no aplicarlos en el resto de la gama (1er Cru y Grand Cru). Maceraciones en frío y crianza en pièces algo más grandes de lo habitual, con una capacidad de 350 litros, aplicando un 50% de roble nuevo son sus señas de identidad en lo que incumbe la vinificación. Y para los 2004 tras una estabilización, sin filtrado previo, en febrero del 2005 se embotellaron.

Este vino comunal procede de un ensamblaje de parcelas en los pagos Charmes, Enseignères y Houlières en pleno Puligny, y que juntas tendrían una extensión de 1 hectárea. Se trata de un gran reflejo del buen hacer con los blancos en esta vendimia, afectada por las granizadas a principios del mes de septiembre, que por suerte sólo tuvieron un efecto reductor en la producción pero que permitieron una magnifica maduración de la Chardonnay durante el resto del mes.

Un Puligny-Montrachet de visual pajiza con algún destello verde aceituna y una densidad en el movimiento tremenda. En nariz da una expresión aromática elegante, cambiante, con la crianza aún presente, pero sin ser contundente, con buenos aromas frutales, recordando a melocotones y albaricoques. Los florales y la tiza blanca se insinúan tenuemente. En boca se muestra increíblemente delineado, con un gran balance entre la textura densa y su magnífica acidez. Estructurado y de prolongado final, parece mostrar maneras para evolucionar de forma muy positiva en botella, y aunque muestra carácter de 1er Cru, también se sitúa en un rango de precio entorno a los 40 euros, 91 PF.

Se pueden encontrar los vinos de Henri Boillot, tanto del domaine como de la maison, en la Part dels Àngels de Barcelona.

Le terroir et le vigneron

Un libro para variar, que el hombre no sólo de vino vive, y la palabra también alimenta. El concepto de terroir, tan en uso entre bodegueros y aficionados, tiene el peligro de perder su fuerza conceptual y difuminarse, utilizándose en demasía como una herramienta de marketing. En este interesante libro, escrito por Jacky Rigaux, solícito escritor y profesor de la Universidad de Borgoña, se plantea el debate sobre este concepto, no desde un punto de vista unidimensional, sino a través de la aportación personal de más de cincuenta personajes que viven el mundo del vino de forma directa.

Terroir and the winegrower es su título para la versión en inglés, pero no jugaría yo a traductor de textos para el castellano. La estructura del libro se fragmenta en tres partes, una inicial, dónde se intenta hacer la introducción histórica sobre el concepto de terroir y extrapolarse a una visión más general dentro de la enología europea. Dos disyuntivas surgen aquí: ¿Quién garantiza el terroir y qué lo garantiza?

En la segunda parte del libro se da rienda suelta a las palabras de diferentes bodegueros y enólogos, dónde nos transmiten sus percepciones sobre este concepto, tan europeo; y cómo choca con las ideas que nos llegan de mercados dónde se impone el concepto del varietal como signo distintivo. Hay que destacar que las aportaciones son mayoritariamente borgoñonas, en dónde el contexto histórico del viñedo da mayor fuerza al empleo de este concepto, pero también se da parte de las opiniones de gentes tan dispares como Léonard Humbrecht (Alsacia), Stéphane Dérénoncourt (Bordeaux), Anselme Selosse (Champagne), Lionel Cousin (Montalcino) o Ted Lemon (California), entre otros.

La última parte se podría definir como un compendio de opiniones de diferentes ámbitos ante la disyuntiva del contexto globalizante que está sufriendo el mundo del vino, incluyéndose una interesante entrevista al microbiólogo del suelo Claude Bourguignon, e introduciendo un alegato favorable a la necesidad de la aplicación de la biodinámica en la enología, realizada por Nicolas Joly.

En definitiva, una interesante lectura sobre reflexiones en voz alta, dónde cada capítulo genera unas cuantas incógnitas y, a la vez activa las ganas de probar los vinos de los interpelados y observar si tanto discurso filosófico se refleja verdaderamente en sus vinos.

Terroir and the Winegrower
Editorial: Terre en vues (2006)
ISBN: 9782952301657
Páginas: 350
Precio: 28 euros.

Ahora, una duda: observando que Jacky Rigaux se ha basado en vignerons de su ámbito de conocimiento, si alguien se atreviese a realizar un ejercicio igual en el panorama vinícola español ¿a qué personajes os gustaría preguntar? Personalmente no me importaría conocer las reflexiones de gentes como Gerardo Méndez o Emilio Rojo,. ¿Y a vosotros?

Spiegel Grüner Veltliner 2002 de Fred Loimer

Los grandes ríos europeos, cuna e influencia de las mejores viñas, siempre han sido lugares de acogida para civilizaciones. El Ebro y el Duero en la península ibérica, o el Rin cruzando el centro de Europa, junto a sus afluentes (sobretodo el Mosela), o el Loira y el Ródano en Francia, entre otros, son muestra de esa influencia en alguno de los más interesantes vinos que se elaboran en el planeta. Lógicamente en el Danubio, río que transita de occidente a oriente del continente, se vuelven a dar excelentes circunstancias para elaborar magníficos vinos, como los elaborados en los valles de Wachau y Kremstal, en Austria. Del vecino valle del Kamptal nace este vino, de la mano de weingut Loimer, influenciado sin duda por el clima y la composición geológica de la zona, por dónde discurre el Kamp, afluente del Danubio.

En el centro de Kamptal se encuentra la ciudad de Langenlois, dónde en 1998 Fred Loimer se estableció, acondicionando su moderna bodega, diseñada por Andreas Burghardt, quién ideo la utilización de la antigua bodega del castillo Haindorf, cuyos pasadizos se excavaran en el siglo XVIII, a unos 10 metros de profundidad, construyendo un minimalista edificio.

30 hectáreas es la superficie que cultiva este joven enólogo en los alrededores de la ciudad, cuyos suelos son ricos en gneis (roca silícica), con alguno de los mejores pagos de la zona, como Rieds Käferberg o Spiegel, y cuya densidad de plantación está en una media de 5.000 vides por hectárea. Concretamente la ladera Spiegel, de exposición sur, a una altura de 250 metros sobre el nivel del mar, con una composición rica en suelos de loess, que permiten un gran drenaje y una mejor profundización de la raíces de las plantas de entre 25-45 años de edad, dando una gran expresión de la Grüner Veltliner, la variedad austriaca por excelencia.

Pese a ser de la añada 2002, el año de la inundaciones en Centroeuropa, Fred Loimer pudo lograr una muy buena selección, ya que vendimió en noviembre, realizando su vinificación en tinas de roble de gran capacidad (2,500 litros), dónde se fermento con las propias levaduras, se estabilizó en frío y se remonto al cabo de 3 meses, dejando sobre sus propias lías hasta casi un año después de la vendimia.

El resultado muestra una visual amarilla subida, con algunos destellos verde oliva, de viscosidad densa y oleosa en el movimiento. Es en nariz dónde la Grüner brilla con más expresión, predominando una muy buena intensidad de aromas especiados, sobretodo pimienta blanca, eneldo, pan de higos, con florales similares a las notas que generan las acacias en floración, mostrando una frutosidad muy ligera, con recuerdos de manzana golden y pomelo, y dejando entrever una nariz de carácter serio, sin estridencias, pero si muy perfumado. En boca es sumamente estructurado, percibiéndose ese carácter especiado, tanto en el paladar con por vía retronasal, mostrándose también denso, seco, con la estructura intachable y un nivel de acidez muy refrescante. Aunque se encuentra en una fase aún de juventud, presenta ya una envidiable profundidad, tanto aromática, como en caudalías bocales, 92 PF.

Lástimosamente no hay de momento importador para España de los vinos de Fred Loimer, y esta botella fue adquirida en la ya conocida tienda suiza por aproximadamente 24 euros.

Anjou Pur Breton 2004 de Oliver Cousin

De ese oasis de vinos sin artificios a precios moderados que es el Loire surge la figura de Oliver Cousin, un comprometido vigneron situado en Martigne-Briand, un pueblecito cercano a Angers, en la región de Anjou.

Su compromiso es sencillo. La búsqueda de la autenticidad del vino a través de un cultivo biológico concienzudo y un proceso de vinificación basado en la menor intervención posible. Gracias a Vins-etonnants.com podéis observar gráficamente tanto el cultivo de la viña, la vendimia y el proceso de vinificación, con ese regusto tan rústico, pero a la vez tan auténtico.

De un viñedo de viejas plantas de Cabernet Franc surge este vino de precioso rojo cereza, con no mucha capa. Brillante, pero presentando ligueras partículas en suspensión. En boca se muestra con la frutalidad de la grosella, fresca y ácida, con matices de flores secas y tierra mojada. De buena fragancia, una nariz algo deslazada, pero mostrando vivacidad. En boca denota esa chispa de acidez, tan clásica en los Anjou jóvenes, mordaz pero a la vez fresca. De estructura correcta, muestra ligereza en el tacto, volviendo a dejar esas agradables notas de fruta roja y herbáceos, con alguna sensación balsámica, y dejando un carácter algo austero. Un final bastante prolongado nos indica que puede ir mejorando en botella durante un prolongado espacio de tiempo, 85 PF.

Sirva esta pequeña nota de cata, en tiempos de tan poco sosiego, para dar a conocer la pequeña tienda que ha abierto Benoît Valée en pleno barrio barcelonés de Gràcia, con el nombre L'ànima del vi y donde pude comprar este Anjou por 9 euros. Se trata de una muy buena selección de vinos “naturales” (clasificación que me saco de la manga, englobando tanto los vinos de cultivo biológico, como los ecológicos, los de 0 sulfuroso, biodinámicos, etc.), tanto españoles como franceses, a precios muy competitivos. Un consejo, si os atrevéis, probad el Morgon de Marcel Lapierre, tanto en su versión con S02 y como en la sin S02. Se trata de un interesante ejercicio de cata, aunque si no apreciáis diferencia, al menos estaréis disfrutando de un delicioso vino.